miércoles, 28 de enero de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

                                                     

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

31 de Enero y 1 de Febrero de 2026

Domingo IV del Tiempo Ordinario. Ciclo A








ENLACE A TODOS LOS PORTALES DE LA PARROQUIA


Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana















“Bienaventurados los pobres en el Espíritu


LECTURAS

 




 


Primera lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13


Buscad al Señor los humildes de la tierra,
los que practican su derecho,
buscad la justicia, buscad la humildad,
quizá podáis resguardaros
el día de la ira del Señor.

Dejaré en ti un resto,
un pueblo humilde y pobre
que buscará refugio en el nombre del Señor.

El resto de Israel no hará más el mal,
no mentirá ni habrá engaño en su boca.
Pastarán y descansarán,
y no habrá quien los inquiete.



Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10 R/. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.


El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sion, de edad en edad. R/.


Segunda lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 26-31


Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.

Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.

Y así —como está escrito—: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».


Evangelio según san Mateo 5, 1-12a


En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».



Los textos son cogidos de la página de 







ver



Es verdad que somos pocos, y que entre nosotros, como decía san Pablo, “no hay muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos…”. Somos gente normal, “débil, que no cuenta…”. Pero, precisamente por ello, y por lo mal que está todo, el Señor cuenta con nosotros para que, viviendo las Bienaventuranzas, sembremos las semillas del Reino que ya poseemos, y un día “nuestra recompensa será grande en el cielo”.


juzgar


Sin embargo, hoy la Palabra de Dios nos vuelve a hacer una llamada a vivir pensando en los demás. Lo hemos escuchado en la 1ª lectura: “Buscad la justicia, buscad la humildad…” y ya advierte que los que se comporten así van a ser pocos: “Dejaré en ti un resto… el resto de Israel no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca”.


Y Jesús, en el Evangelio, recoge esta llamada y expone el programa de vida de quien quiera ser verdadero discípulo suyo: ser pobre en el espíritu frente a la prepotencia, ser manso frente a la agresividad, saber llorar frente a la dureza y frialdad, tener hambre y sed de justicia frente a la corrupción, ser misericordiosos frente a la indiferencia, ser limpios de corazón frente a la falsedad, trabajar por la paz frente a tanta violencia, aceptar ser perseguidos por ser justos frente a la falta de compromiso por cobardía. Y, sobre todo, no vivir la fe en Él de un modo intimista, oculto, porque nos da vergüenza que otros nos cuestionen o rechacen.


Jesús llama ‘bienaventurados’ a quienes se comporten de este modo, pero sabe muy bien que, aunque al proclamar las Bienaventuranzas tiene delante un gentío impresionante, a la hora de la verdad serán pocos los que quieran vivir el estilo de vida que Él propone, como recoge el evangelista san Juan: “Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» Y muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él”. (Jn 6, 60.66)


Si pensamos sólo en el plano humano, y más aún en estos tiempos que vivimos, la experiencia nos demuestra que el esfuerzo que tantos cristianos han hecho por vivir de acuerdo con las Bienaventuranzas no ha producido efectos realmente transformadores; más bien la impresión que se tiene es que todo va cada vez peor, y los cristianos cada vez somos menos y más mayores.


Pero, si decimos que somos cristianos, no debemos ver sólo el plano humano, sino también hemos de aprender a ‘ver’ desde la fe, y por eso Jesús, en los respectivos ‘porque…’, nos ha ofrecido la razón última por la que hemos de vivir de acuerdo con las Bienaventuranzas, aunque seamos pocos el conjunto de la sociedad. Algunos de estos ‘porque…’ están en futuro: “heredarán la tierra, serán consolados, quedarán saciados, alcanzarán misericordia, verán a Dios, serán llamados hijos de Dios…” pero esto no es un modo de ofrecer vanas ilusiones en un hipotético más allá, sino una llamada a la esperanza, como hemos visto en el Jubileo. Aunque aquí todavía no veamos los frutos de nuestros esfuerzos por vivir las Bienaventuranzas, Dios nos garantiza el cumplimiento final en plenitud.


Y, para que no quede todo en un futuro incierto, la primera y octava Bienaventuranzas, que por así decir ‘encierran’ a las demás, nos ofrecen en presente la razón para vivirlas, y la misma en las dos: “porque de ellos es el reino de los cielos”. Aunque seamos pocos, aunque no veamos avances significativos, el hecho de vivir así ya nos hace disfrutar desde ahora lo que es y significa el reino de los cielos.


actuar




Es muy comprensible que estemos saturados de palabras ‘humanas’, pero sólo el Señor “tiene palabras de vida eterna” (cf. Jn 6, 68). El Domingo de la Palabra de Dios «no ha de ser ‘una vez al año’, sino una vez para todo el año, porque nos urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura».









1. ¿En qué consiste la fase de implementación y cuáles son sus objetivos?


Se trata de la última de las tres fases del Sínodo, prevista en los arts. 19-21 de la Constitución Apostólica Episcopalis communio (EC, 15 de septiembre de 2018); es posterior a la fase de consulta y escucha del Pueblo de Dios (celebrada entre 2021-2023), y a la fase celebrativa, en la que tuvieron lugar las dos Sesiones de la Asamblea del Sínodo de los Obispos (octubre de 2023 y octubre de 2024), que completó el discernimiento realizado a partir de la escucha del Pueblo de Dios. Como se explica en EC: “el proceso sinodal tiene su punto de partida y también su punto de llegada en el Pueblo de Dios, sobre el que deben derramarse los dones de gracia derramados por el Espíritu Santo a través de la reunión en asamblea de los Pastores” (n. 7).


La fase de implementación fue inaugurada por el Papa Francisco con la Nota de Acompañamiento del 24 de noviembre de 2024, mediante la cual se entregó el Documento Final a toda la Iglesia. En un acto sin precedentes en la historia de la institución sinodal, declara que el DF “participa del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro (cf. EC 18 § 1; CCC 892)” y pide que sea recibido como tal. Por tanto, es el DF, en su totalidad, el punto de referencia para la fase de implementación. Al mismo tiempo, la Nota recuerda que su aplicación requiere diferentes mediaciones: “Las Iglesias locales y las agrupaciones de Iglesias están llamadas ahora a implementar, en los diversos contextos, las indicaciones autorizadas contenidas en el Documento, a través de los procesos de discernimiento y de toma de decisiones previstos por el derecho y por el Documento mismo” (ibid.).


La fase de implementación tiene como objetivo experimentar prácticas y estructuras renovadas, que hagan que la vida de la Iglesia sea cada vez más sinodal, partiendo de la perspectiva integral trazada en el DF, con vistas a una realización más eficaz de la misión de evangelización. Este trabajo implica una profundización teológica y canónica necesarias, así como un compromiso a discernir lo que es más apropiado y potencialmente fecundo en los diferentes contextos locales. Concretamente, la prioridad es ofrecer al Pueblo de Dios nuevas oportunidades para caminar juntos y reflexionar sobre estas experiencias, a fin de acoger sus frutos en relación con la misión y compartirlos.


El énfasis en la importancia de la experiencia no implica que la fase de implementación consista en una especie de ejercicio o en una tarea adicional pedida por Roma: más bien, forma parte de la vida ordinaria de las Iglesias e inspira sus prácticas cotidianas. Cada Iglesia local, cada comunidad parroquial podrá practicar la sinodalidad en el marco de su propia pastoral ordinaria, mejorando la forma en que lleva a cabo su misión mediante el discernimiento eclesial que el Espíritu Santo nos pide hoy. El DF invita a las Iglesias locales también a identificar “caminos concretos e itinerarios formativos para realizar una conversión sinodal tangible en las diversas realidades eclesiales” (DF, n. 9). Por tanto, la fase de implementación tiene como objetivo generar un impacto perceptible en la vida de la Iglesia y en el funcionamiento de sus estructuras e instituciones. Si se restringiera únicamente a la formulación de hipótesis abstractas, no alcanzaría su propósito y, sobre todo, malgastaría el capital de entusiasmo y energía que el proceso sinodal ha generado hasta ahora.


Asimismo, la fase de implementación representa una oportunidad para mantener vivo ese intercambio de dones que hace crecer la comunión de las Iglesias locales dentro de la única Iglesia, manifestando su catolicidad y respetando al mismo tiempo sus legítimas diversidades. De él brota esa creatividad que inspira nuevas formas de practicar la sinodalidad y potencia la fecundidad en la misión. Para ello es necesario que los frutos de las experiencias llevadas a cabo en los diferentes contextos se difundan y compartan, alimentando así el diálogo entre las Iglesias. En la fase de implementación, por tanto, cobra vida un nuevo proceso de diálogo en cada Iglesia y entre las Iglesias, basado en el DF.


También es importante destacar que la fase de implementación no representa un regreso al pasado, ni propone una mera repetición de lo ya vivido: los pasos y los objetivos son muy diferentes. El punto de referencia es el DF, que expresa el consenso alcanzado al final del discernimiento de los Pastores provenientes de todas las Iglesias y que, como parte del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro, compromete a todo el Pueblo de Dios, indicando la dirección en la que se debe proceder. Más bien, la experiencia de diversas Iglesias a lo largo de estos últimos meses muestra cuán fecundo es reconectarse con el camino recorrido en las fases anteriores y con lo que se ha aprendido a través de él, con el fin de devolver a la Iglesia local los frutos del proceso que ha involucrado a las demás Iglesias y a la Iglesia toda.


Crecer como Iglesia sinodal requiere un saber que sólo se adquiere a través de la experiencia y que nos abre un camino al encuentro con el Señor. Esto es precisamente lo que vivieron en primera persona los participantes en la Asamblea sinodal; no en vano, el DF comienza dando testimonio de cómo «viviendo la conversación en el Espíritu, escuchándonos unos a otros, hemos percibido su presencia en medio de nosotros: la presencia de Aquel que, donando el Espíritu Santo, sigue suscitando en su Pueblo una unidad que es armonía de las diferencias» (DF, n. 1). Esta es también la experiencia que ya se ha vivido —y se sigue viviendo— en las Iglesias locales y en las distintas agrupaciones de Iglesias. 

viernes, 23 de enero de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

                                                    

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

24 y 25 de Enero de 2026

Domingo III del Tiempo Ordinario. Ciclo A







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Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana















“Se estableció en Cafarnaúm para que se cumpliera lo dicho por Isaías


LECTURAS

 





Primera lectura del libro de Isaías 8, 23b – 9, 3


En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.

Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.

Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.



Salmo 26, 1. 4. 13-14 R/. El Señor es mi luz y mi salvación


El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R/.


Segunda lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 10-13. 17


Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir.

Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe de que hay discordias entre vosotros. Y os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo».

¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo?

Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.


Evangelio según san Mateo 4, 12-23


Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos,porque está cerca el reino de los cielos».

Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.

Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.

Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.



Los textos son cogidos de la página de 







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Una experiencia muy común es que estamos saturados de palabras, ya sean habladas o escritas. Cada día nos llegan multitud de mensajes, escuchamos y vemos noticias, leemos titulares… pero normalmente vamos pasando con rapidez de uno a otro, y los leemos o escuchamos por encima. Muy pocos logran captar de verdad nuestro interés y que nos detengamos a atender lo que nos están transmitiendo.


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Esto mismo nos puede ocurrir con la Palabra de Dios. La mayoría de nosotros llevamos años participando en las celebraciones, hemos recibido catequesis… por lo que hemos escuchado la Palabra de Dios muchas veces, nos suena a algo ‘ya sabido’ y ya no le prestamos mucha atención. 

Por ejemplo, en la 1ª lectura hemos escuchado: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, habitaba en tierra y sombras de muerte y una luz les brilló…” que fue la 1ª lectura que leíamos en la Misa de Medianoche de la Natividad del Señor. Y una primera reacción puede ser: ‘De esto ya nos han hablado hace poco’, y perdemos el interés porque también nos sentimos algo ‘saturados’. 

Y también en el Evangelio hemos escuchado que “comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos»”. Y al escuchar ‘convertíos’ podemos pensar: ‘Esto es lo que nos dicen todos los años en Cuaresma’, y como creemos que ya sabemos lo que nos van a decir, también desconectamos. El error es que quizá ‘sepamos’ el texto, pero en realidad no lo conocemos. 

Hoy estamos celebrando el Domingo de la Palabra de Dios, instituido por el Papa Francisco en 2019 con la carta apostólica en forma de ‘motu proprio’ Aperuit illis, “Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”. El Señor resucitado, antes de su Ascensión, se aparece a los discípulos mientras están reunidos, parte el pan con ellos y abre sus mentes para comprender la Sagrada Escritura. El Papa quiso dedicar un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios para que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado, que abre también nuestro entendimiento para que comprendamos el tesoro de su Palabra, un tesoro que nunca podemos decir que ya lo conocemos, porque es un tesoro inagotable, como indica el Papa citando a san Efrén: «Como el sediento que bebe de la fuente, mucho más es lo que dejamos que lo que tomamos. Porque la Palabra del Señor presenta muy diversos aspectos. Escondió en su Palabra variedad de tesoros, para que cada uno de nosotros pudiera enriquecerse en cualquiera de los puntos en que concentrar su reflexión» (Comentarios sobre el Diatésaron, 1, 18). 

Precisamente porque diariamente estamos saturados de tantas palabras, necesitamos prestar atención a la Palabra de Dios porque «la Biblia no es una colección de libros de historia, ni de crónicas, sino que está totalmente dirigida a la salvación integral de la persona. La Biblia, que está compuesta como historia de salvación en la que Dios habla y actúa para ir al encuentro de todos los hombres y salvarlos del mal y de la muerte.» 

Cada vez que leemos o escuchamos la Palabra de Dios se produce lo que encontramos en el libro del Apocalipsis (cf. 3, 20) «cuando dice que el Señor está a la puerta y llama, y si alguno escucha su voz y le abre, Él entra para cenar juntos. Jesucristo llama a nuestra puerta a través de la Sagrada Escritura; si escuchamos y abrimos la puerta de la mente y del corazón, entonces entra en nuestra vida y se queda con nosotros. Por tanto, la invitación que surge es la urgencia y la importancia que los creyentes tienen que dar a la escucha de la Palabra del Señor tanto en la acción litúrgica como en la oración y la reflexión personal». 

Además, hay otro motivo para prestar atención a la Palabra de Dios. Hoy también celebramos el final de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, con el lema ‘Un solo Espíritu, una sola esperanza’ y en la 2ª lectura hemos escuchado que san Pablo pedía “que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir”. Por eso el Papa instituyó el Domingo de la Palabra en el tercer domingo del Tiempo Ordinario: «Un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a rezar por la unidad de los cristianos. No se trata de una mera coincidencia: celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad».


actuar




Es muy comprensible que estemos saturados de palabras ‘humanas’, pero sólo el Señor “tiene palabras de vida eterna” (cf. Jn 6, 68). El Domingo de la Palabra de Dios «no ha de ser ‘una vez al año’, sino una vez para todo el año, porque nos urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura».









somos “una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes dialogando, siempre como esta plaza, a recibir con los brazos abiertos atodos, a todos aquellos que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, diálogo y amor” (León XIV)


Estamos viviendo un tiempo de gran intensidad espiritual. La muerte del Papa Francisco nos ha conmovido profundamente, y seguimos orando al Señor para que lo acoja en su paz y le conceda la recompensa por su servicio a la Iglesia. Al mismo tiempo, damos gracias a Dios por la elección del Santo Padre León XIV, quien desde el primer momento nos ha animado a proseguir con nuestro compromiso en el camino sinodal recordándonos que somos “una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes dialogando, siempre abierta, como esta plaza, a recibir con los brazos abiertos a todos, a todos aquellos que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, diálogo y amor” .


Se trata de la misma convicción que anima profundamente el Documento Final (DF) de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, “Por una Iglesia sinodal. Comunión, participación, misión”, aprobado al término de la Segunda Sesión de la Asamblea sinodal, el 26 de octubre de 2024. La forma sinodal de la Iglesia está al servicio de su misión, y cualquier cambio en la vida de la Iglesia tiene como finalidad hacerla más capaz de anunciar el Reino de Dios y de testimoniar el Evangelio del Señor a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Esta es la clave para interpretar fielmente el DF y, sobre todo, para ponerlo en práctica. Vivimos en un mundo que se enrosca en una espiral de violencia y de guerra sin fin, que encuentra cada vez más dificultades para construir espacios de encuentro y de diálogo, en vistas del bien común y de la paz. Más que nunca, este mundo necesita una Iglesia que sepa ser «en Cristo como el sacramento, es decir, signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Lumen gentium, n. 1; cf. DF, n. 56). En la variedad de contextos de este mundo, el Sínodo «constituye un acto de ulterior recepción del Concilio, prolonga su inspiración y relanza para el mundo de hoy su fuerza profética» (DF, n. 5).

Es la urgencia de esta misión la que nos impulsa en el camino de implementación del Sínodo, una tarea de la que somos corresponsables todos los bautizados. Muchas Iglesias locales, en todas las partes del mundo, ya están recorriendo este camino con entusiasmo.


Deseamos agradecerles e invitarles a continuar con generosidad: están llevando adelante un compromiso precioso para toda la Iglesia. Este texto puede ofrecerles un horizonte con el cual confrontarse y, sobre todo, las invita a compartir sus iniciativas, contribuyendo así al discernimiento eclesial más amplio. Otras Iglesias aún se están preguntando cómo iniciar la fase de implementación o están dando sus primeros pasos. Las animamos a avanzar con valentía, afrontando resistencias y dificultades, prácticas o de fondo, con libertad y parresía: también ellas tienen una contribución valiosa que ofrecer, y sería una pérdida para toda la Iglesia si su voz permaneciera en silencio.


La Secretaría General del Sínodo se pone a disposición de unas y otras, para escucharlas, acompañarlas, apoyar sus esfuerzos y, sobre todo, contribuir a fomentar el diálogo y el intercambio de dones entre las Iglesias, en beneficio de toda la Iglesia y de su unidad.


Con este espíritu entendemos llevar a cabo la tarea de acompañamiento de la fase de implementación del Sínodo que nos fue confiada por el Papa Francisco el pasado 11 de marzo y que el Papa León XIV confirmó el pasado 26 de junio, con ocasión de su primer encuentro con el XVI Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo, animándonos a proseguir. La intención es asegurar que se proceda teniendo en cuenta en el corazón la unidad de la Iglesia, «armonizando la recepción en los diversos contextos eclesiales», sin menoscabo de la responsabilidad de cada Iglesia local. Situándose “en línea con las indicaciones del Documento Final, el objetivo es concretar la perspectiva del intercambio de dones entre las Iglesias y en la Iglesia toda (cf. DF, nn. 120-121)”.


Las Pistas aquí propuestas se enmarcan en la perspectiva de este servicio.  Las Pistas aquí propuestas se enmarcan en la perspectiva de este servicio. Las dirigimos a todo el Pueblo de Dios, que es el sujeto del camino sinodal y, en particular, a los Obispos y eparcas, a los miembros de los equipos sinodales y a todos los que están involucrados de distintas maneras en la fase de implementación, con el fin de hacerles sentir nuestro apoyo y proseguir el diálogo que ha caracterizado todo el proceso sinodal. Su contenido se fundamenta en los estímulos recibidos de las Iglesias a lo largo de los últimos meses y en los frutos de las experiencias que han compartido. Sobre la base de los aportes y las preguntas que reciba de las Iglesias, y de lo que resulte útil, la Secretaría ofrecerá nuevos estímulos y herramientas para acompañar y apoyar el esfuerzo común, con la esperanza de colaborar para hacer aún más fecunda la fase de implementación de Sínodo.


Encomendamos a la intercesión de María, Reina de los Apóstoles y Madre de la Iglesia, y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, cuya solemnidad celebramos hoy, este nuevo paso del camino sinodal que como Pueblo de Dios estamos recorriendo juntos.


Ciudad del Vaticano, 29 de junio de 2025 Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.

Card. Mario Grech Secretario General