miércoles, 10 de junio de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

                                                                      

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

13 y 14 de Junio de 2026

Domingo XI del Tiempo Ordinario. Ciclo A












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“Llamando a sus doce discípulos y los envió”


LECTURAS

 






Primera lectura del libro del Éxodo 19, 2-6a


En aquellos días, llegaron los hijos de Israel al desierto del Sinaí y acamparon allí, frente a la montaña.
Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde la montaña diciendo:
«Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los hijos de Israel: “Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mi. Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”».


Salmo 99, 2. 3. 5 R/. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.


Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R/.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.

El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades. R/.


Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 6-11


Hermanos:
Cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos del castigo! Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.


Evangelio según san Mateo 9, 36 – 10, 8


En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».






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Desde hace unos años estamos viviendo un cambio de época, y el ritmo de ese cambio se ha ido acelerando. Vemos que en lo familiar, laboral, social, político, educativo… los conceptos, estructuras y valores que sustentaban esos ámbitos y que creíamos firmes y estables cambian o desaparecen casi de la noche a la mañana. Y, como estamos viendo en la reflexión que se está realizando en la diócesis de Valencia sobre unas futuras orientaciones pastorales, la consecuencia es que «muchas personas se sienten desorientadas. La velocidad de los cambios, la presión de lo inmediato… crean un clima interior que favorece la confusión sobre quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos». (Tema 6 “Vocación, servicio, ministerio)





juzgar



Después de las solemnidades de la Santísima Trinidad y Corpus Christi, hoy en la liturgia retomamos el ritmo de los domingos del Tiempo Ordinario. Y en este ‘tiempo ordinario’ de nuestra vida, el Evangelio que hemos escuchado nos debe resonar de un modo especial para afrontar las consecuencias de este ‘cambio de época’ en el que estamos metidos de lleno. 

“Al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban… como ovejas que no tienen pastor”. El Señor no se queda al margen de este cambio de época, y sabe lo difícil que nos resulta. Y se compadece y actúa, aunque no del modo que nosotros esperaríamos o nos gustaría. 

“Entonces dice a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies»”. Ante esta desorientación y confusión que sufrimos, lo primero que debemos hacer es cuidar la oración, de forma confiada y perseverante, para que el Señor envíe personas que sepan descubrir esta llamada y abrir caminos de esperanza. 

“Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad… Estos son los nombres de los doce apóstoles…” El Señor actúa con y por medio de sus discípulos que ahora son también apóstoles, es decir, son llamados y enviados por Él, personalmente, a ofrecer la Buena Noticia del Evangelio a todos los que sufren. 

Pero no hemos de pensar que esta llamada y envío es ‘para otros’: junto a los nombres de los doce apóstoles, debemos poner los nuestros. Todos somos llamados, tenemos una vocación, porque «la vocación cristiana nace de una iniciativa previa: Dios llama. No llama a unos pocos privilegiados, sino a todos, sin excepción». El Señor hoy también nos llama porque cuenta con nosotros como trabajadores de su mies, y esto «tiene consecuencias reales: la vocación se convierte en un camino posible para cualquier creyente, sea cual sea su situación. No se trata de alcanzar un ideal perfecto, sino de dejar que Dios entre en la vida y la transforme desde dentro». 

Y así, «cuando alguien descubre que es llamado y que su vida tiene un sentido querido por el Señor, todo se ilumina de manera distinta. Cambia la forma de afrontar el sufrimiento, las decisiones, las relaciones, los límites, y también los deseos más profundos. La vocación ayuda a caminar con serenidad, esperanza y disponibilidad». 

Y esta llamada es para vivirla y compartirla, es un servicio porque «no existe la vocación orientada a uno mismo: toda llamada es, en última instancia, para los demás. Vivir la vocación es escuchar una palabra que da dirección, una palabra que no domina ni oprime, sino que ayuda a integrar la vida. En un mundo que propone identidades cambiantes y fugaces, la vocación invita a descubrir una identidad recibida, estable y confiable». 

El Señor nos envía como apóstoles a las “ovejas sin pastor” de este cambio de época, porque «en este contexto frágil, la vocación cristiana no pesa ni complica la vida; ofrece una luz que permite comprender la existencia con mayor hondura. La fe recuerda que la vida no es un recorrido sin dirección, sino una historia que puede leerse desde Dios».


actuar




En este cambio de época y la desorientación que nos provoca, «la cuestión de fondo es preparar el oído y el corazón para escuchar y recibir, con agradecimiento, la llamada que Dios tiene para cada uno de nosotros», para ser sus discípulos y apóstoles de hoy. La edad no es una excusa: «Solemos pensar que la llamada vocacional se da sólo en la juventud. Es verdad que esta cuestión, de forma existencial y vital, se da en los primeros años de nuestra vida de manera privilegiada, pero no exclusiva. La vocación es algo que acompaña toda nuestra vida». 

Y tampoco es una excusa nuestro estado de vida, porque «por el Bautismo, todos los bautizados son corresponsables de la misión de la Iglesia. La llamada universal se concreta en caminos diferentes. No todas las vocaciones son iguales, pero todas participan de la misma fuente. El bautismo es el fundamento de la vida cristiana. De esta común y primera vocación recibida en el Bautismo surgen las demás vocaciones: al orden sacerdotal, a la vida consagrada, al matrimonio, a la vida laical comprometida, ya sea en la atención a los pobres, en el acompañamiento, en la pastoral de la salud, en la atención de mayores …» Todos somos trabajadores de su mies, llamados y enviados para ofrecer un camino de esperanza a tantos que hoy viven “como ovejas que no tienen pastor”

jueves, 4 de junio de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO DEL CORPUS CHRISTI. CICLO A

                                                                     

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

6 y 7 de Junio de 2026

Domingo del Corpus Christi. Ciclo A




















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Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
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“Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida


LECTURAS

 







Primera lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a


Moisés habló al pueblo diciendo:
«Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para probarte y conocer lo que hay en tu corazón: si observas sus preceptos o no.
Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para hacerte reconocer que no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale de la boca de Dios.
No olvides al Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con serpientes abrasadoras y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».



Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20 R/. Glorifica al Señor, Jerusalén


Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sion.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.


Segunda lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 16-17


Hermanos:
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?
Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan.



Evangelio según san Juan 6, 51-58


En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí:
«Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».





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Durante los domingos de mayo, y hasta la Solemnidad de Corpus Christi, muchos niños reciben la Primera Comunión, que en la mayoría de los casos es también la última, aunque no vamos a profundizar en este aspecto, sino en el significado de la palabra ‘Comunión’. El sentido inmediato que damos los cristianos es la Eucaristía, pero ‘comunión’ también significa el trato familiar, entendimiento y cercanía con otras personas. Por eso, para nosotros, ‘comunión’ también se refiere a la unión que debemos tener y vivir con Dios y con el resto de miembros de la Iglesia.




juzgar



En uno de los temas de la reflexión que se está realizando en la Diócesis de Valencia sobre unas futuras orientaciones pastorales, se indica que «una experiencia muy corriente al echar un vistazo a la estructura diocesana es la gran diversidad de grupos, movimientos, asociaciones, Delegaciones, organismos… Todos forman la Iglesia pero lo que se percibe desde fuera es que, en la práctica, cada uno tiene su propia dinámica, su programación y calendario, funcionando en paralelo a los demás. Esto se repite muchas veces también a nivel parroquial: es frecuente que apenas se conozcan los integrantes de unos y otros grupos». (Tema 4) Y esto lo podemos comprobar en muchas de las celebraciones de nuestras parroquias: vemos a personas que se ‘juntan’ y reciben habitualmente la Comunión y se sienten unidas a Dios, pero individualmente; no se sienten en comunión con los demás miembros de la Iglesia. 

Hoy estamos celebrando la Solemnidad de Corpus Christi. Como hemos escuchado en la Palabra de Dios, podemos decir que es la Solemnidad de la Comunión, en un doble sentido: por una parte, la Comunión como Sacramento de la Eucaristía, del Cuerpo y la Sangre de Cristo, del Misterio de su presencia real: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. 

Y, por otra parte, esta presencia real es también un Misterio de ‘comunión’, de la unión que debemos tener y vivir con Dios. “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí”. La Eucaristía, nos hace entrar en comunión íntima con Jesús y, por Él, con la fuerza del Espíritu Santo, también entramos en comunión íntima con el Padre. Pero la comunión no acaba ahí. 

La comunión con Dios nos ha de llevar necesariamente a la comunión con los demás miembros de la Iglesia, con aquéllos por quienes el Hijo, acogiendo por amor la voluntad del Padre, entregó su Cuerpo y su Sangre, porque al recibir a Cristo en la Comunión sacramental aprendemos a verlos como Él, como hermanos nuestros, y debemos aprender a sentirnos unidos a ellos. 

Y la celebración de la Eucaristía, participada y vivida de forma consciente y activa, nos enseña y ayuda a pasar de la Comunión a la comunión. Si lo pensamos, quienes nos reunimos compartimos la fe en Cristo Resucitado; Dios nos dirige a todos la misma Palabra; todos nos dirigimos a Dios como ‘Padre nuestro’ e intercambiamos un gesto de paz entre nosotros; y todos recibimos el mismo Cuerpo y Sangre de Cristo. Cuando celebramos la Eucaristía deberíamos plantearnos las preguntas que hemos escuchado en la 2ª lectura: “El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?” Y sacar la misma conclusión que san Pablo: “Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan”. La celebración de la Eucaristía nos ayuda a pasar de la Comunión a la comunión porque, por mi Comunión con Dios, estoy también en comunión con los demás miembros de la Iglesia, con los que, por Cristo, con Él y en Él, formo un solo cuerpo.


actuar




¿He tenido o tengo experiencia de vivir una relación de comunión con alguien? ¿Qué características tenía, qué sentimientos provocaba en mí? ¿Me siento realmente en comunión con Dios? ¿Y con los demás miembros de la Iglesia, empezando por los de mi comunidad parroquial? ¿Participo en la Eucaristía sabiéndome unido a quienes están conmigo, o lo hago de forma individualista? 

Hoy damos gracias a Dios por este Misterio de Comunión que es la Eucaristía. Y le pedimos que este Misterio lo hagamos visible y verificable en el cuerpo que es la Iglesia: que la Comunión de cada uno con Cristo nos lleve a todos a vivir la verdadera comunión entre nosotros.    

lunes, 1 de junio de 2026

RELACIÓN DE INGRESOS Y GASTOS EN LA PARROQUIA DE NTRA SRA DEL CARMEN Y LA CONCEPCIÓN EN LOS REALEJOS EN EL MES DE MAYO

          PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN
















En este informe están recogidas los movimientos de la cuenta principal y no los de la Venerable Hermandad-Cofradía del Carmen

 PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN







En este informe quedan recogidos los movimientos de la cuenta principal de la Concepción, no quedan registradas las cuentas de cáritas, las ermitas ni tampoco las cofradías