HOJA PARROQUIAL
18 y 19 de Julio de 2026
Domingo XVI del Tiempo Ordinario. Ciclo A
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“Déjalos crecer juntos hasta la siega”
LECTURAS
Primera lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19
Salmo 85, 5-6. 9-10. 15-16a R/. Tú, Señor, eres bueno y clemente.
Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27
Evangelio según san Mateo 13, 24-30
Los textos son cogidos de la página de
ver
Desde hace tiempo estamos escuchando noticias sobre procesos judiciales abiertos a personas que ocupan lugares destacados en la sociedad, en la política, y en otros ámbitos. Otras veces, las noticias hacen referencia a delitos o crímenes que han causado un gran impacto. Deseamos que sobre estas personas caiga todo el peso de la ley y, cuando se dicta alguna sentencia, el sentimiento general es de satisfacción, y esperamos que quienes han sido juzgados cumplan su condena.
juzgar
Desde antiguo, las sociedades han visto la necesidad de impartir justicia para asegurar la convivencia, y por eso hoy la Palabra de Dios nos invita a que, como cristianos, no caigamos en una mentalidad estrictamente judicial, tal como la entendemos en la sociedad, sino que vayamos más allá, en el sentido de la justicia tal como Dios nos lo ha revelado.
En la 1ª lectura hemos escuchado: “Tu fuerza es el principio de la justicia. Despliegas tu fuerza ante el que no cree en tu poder perfecto…”. Desde nuestra mentalidad, entenderíamos, y desearíamos, que Dios hiciese justicia utilizando su fuerza todopoderosa, para acabar de una vez con los malvados.
Pero seguía diciendo: “Tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia”. Y así ya nos muestra algunas características de la justicia divina.
Moderación: En este aspecto hay relación con la justicia tal como nosotros la entendemos, es el principio de proporcionalidad de las penas: no se trata de hacer caer todo el peso de la ley, sino de que la sanción impuesta guarde estricta relación con la gravedad del delito cometido.
Indulgencia: Aquí ya empiezan las diferencias: nosotros podemos interpretar la indulgencia como ‘aquí no ha pasado nada’. Pero, como vimos durante el Jubileo, la indulgencia no niega ni oculta el pecado cometido: lo que hace es ofrecer una nueva oportunidad al pecador, como señaló el Papa Francisco en la Bula de convocación del Jubileo de la Esperanza: «La indulgencia permite descubrir cuán ilimitada es la misericordia de Dios. No sin razón en la antigüedad el término ‘misericordia’ era intercambiable con el de ‘indulgencia’, precisamente porque pretende expresar la plenitud del perdón de Dios que no conoce límites». (23)
Por eso continúa la lectura: “Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos una buena esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores”. Dios no está diciendo que no haya que hacer justicia, sino que forma parte de la justicia ofrecer la posibilidad de arrepentimiento.
Así lo ha expresado Jesús en el Evangelio, en la parábola del trigo y la cizaña: “Dejadlos crecer juntos hasta la siega”. Jesús no está pidiendo que no se haga nada, sino que, como cristianos, recordemos que en la vida de cada persona se entremezclan trigo y cizaña. Y que en cualquiera de nosotros, en cualquier momento, también puede triunfar la cizaña. Por eso hemos de ser indulgentes, en el sentido de Dios, con quienes han cometido algún pecado o delito.
Hoy es un día para que tengamos presente y valoremos la pastoral penitenciaria, que descubre en las personas encarceladas la realidad del trigo y la cizaña, y tratan de practicar la justicia divina, porque «las personas encarceladas son uno de los ámbitos privilegiados para toparnos con el Dios del Evangelio, ya que en su fragilidad se manifiesta y encarna más ampliamente la misericordia de Dios, posibilitando el perdón. La comunidad eclesial, alimentándose de la misericordia divina, ha de hacer suyas las miserias y carencias de estas personas para pasarlas por el corazón de Dios y llenarlas de libertad. Ojalá que cuantos nos sentimos Iglesia descabalguemos nuestra comodidad y prejuicios, implicándonos en el dolor de las víctimas y agresores, hasta llegar a transformar el lento tiempo de la cárcel en tiempo de Dios, en tiempo de gracia y misericordia». (Secretariado de Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Valencia).
actuar
Recordando que todos tenemos trigo y cizaña, oremos hoy por las personas encarceladas y por sus víctimas, y por quienes desarrollan la pastoral penitenciaria, teniendo presentes las palabras que el Papa León ofreció en su visita al centro penitenciario en Barcelona: «No existe ninguna situación que haga al Señor apartar de nosotros su mirada. Su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho. Los errores de la vida no determinan la identidad de una persona. Si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones. ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar». (10 junio 2026)





