jueves, 4 de junio de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO DEL CORPUS CHRISTI. CICLO A

                                                                     

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

30 y 31 de Mayo de 2026

Domingo de la Santísima Trinidad. Ciclo A




















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Materiales de la Campaña de Cáritas del Corpus


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Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana







“Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida


LECTURAS

 







Primera lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a


Moisés habló al pueblo diciendo:
«Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para probarte y conocer lo que hay en tu corazón: si observas sus preceptos o no.
Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para hacerte reconocer que no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale de la boca de Dios.
No olvides al Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con serpientes abrasadoras y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».



Salmo 147, 12-13. 14-15. 19-20 R/. Glorifica al Señor, Jerusalén


Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sion.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.


Segunda lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 16-17


Hermanos:
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?
Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan.



Evangelio según san Juan 6, 51-58


En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí:
«Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».





Los textos son cogidos de la página de 







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Durante los domingos de mayo, y hasta la Solemnidad de Corpus Christi, muchos niños reciben la Primera Comunión, que en la mayoría de los casos es también la última, aunque no vamos a profundizar en este aspecto, sino en el significado de la palabra ‘Comunión’. El sentido inmediato que damos los cristianos es la Eucaristía, pero ‘comunión’ también significa el trato familiar, entendimiento y cercanía con otras personas. Por eso, para nosotros, ‘comunión’ también se refiere a la unión que debemos tener y vivir con Dios y con el resto de miembros de la Iglesia.




juzgar



En uno de los temas de la reflexión que se está realizando en la Diócesis de Valencia sobre unas futuras orientaciones pastorales, se indica que «una experiencia muy corriente al echar un vistazo a la estructura diocesana es la gran diversidad de grupos, movimientos, asociaciones, Delegaciones, organismos… Todos forman la Iglesia pero lo que se percibe desde fuera es que, en la práctica, cada uno tiene su propia dinámica, su programación y calendario, funcionando en paralelo a los demás. Esto se repite muchas veces también a nivel parroquial: es frecuente que apenas se conozcan los integrantes de unos y otros grupos». (Tema 4) Y esto lo podemos comprobar en muchas de las celebraciones de nuestras parroquias: vemos a personas que se ‘juntan’ y reciben habitualmente la Comunión y se sienten unidas a Dios, pero individualmente; no se sienten en comunión con los demás miembros de la Iglesia. 

Hoy estamos celebrando la Solemnidad de Corpus Christi. Como hemos escuchado en la Palabra de Dios, podemos decir que es la Solemnidad de la Comunión, en un doble sentido: por una parte, la Comunión como Sacramento de la Eucaristía, del Cuerpo y la Sangre de Cristo, del Misterio de su presencia real: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. 

Y, por otra parte, esta presencia real es también un Misterio de ‘comunión’, de la unión que debemos tener y vivir con Dios. “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí”. La Eucaristía, nos hace entrar en comunión íntima con Jesús y, por Él, con la fuerza del Espíritu Santo, también entramos en comunión íntima con el Padre. Pero la comunión no acaba ahí. 

La comunión con Dios nos ha de llevar necesariamente a la comunión con los demás miembros de la Iglesia, con aquéllos por quienes el Hijo, acogiendo por amor la voluntad del Padre, entregó su Cuerpo y su Sangre, porque al recibir a Cristo en la Comunión sacramental aprendemos a verlos como Él, como hermanos nuestros, y debemos aprender a sentirnos unidos a ellos. 

Y la celebración de la Eucaristía, participada y vivida de forma consciente y activa, nos enseña y ayuda a pasar de la Comunión a la comunión. Si lo pensamos, quienes nos reunimos compartimos la fe en Cristo Resucitado; Dios nos dirige a todos la misma Palabra; todos nos dirigimos a Dios como ‘Padre nuestro’ e intercambiamos un gesto de paz entre nosotros; y todos recibimos el mismo Cuerpo y Sangre de Cristo. Cuando celebramos la Eucaristía deberíamos plantearnos las preguntas que hemos escuchado en la 2ª lectura: “El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?” Y sacar la misma conclusión que san Pablo: “Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan”. La celebración de la Eucaristía nos ayuda a pasar de la Comunión a la comunión porque, por mi Comunión con Dios, estoy también en comunión con los demás miembros de la Iglesia, con los que, por Cristo, con Él y en Él, formo un solo cuerpo.


actuar




¿He tenido o tengo experiencia de vivir una relación de comunión con alguien? ¿Qué características tenía, qué sentimientos provocaba en mí? ¿Me siento realmente en comunión con Dios? ¿Y con los demás miembros de la Iglesia, empezando por los de mi comunidad parroquial? ¿Participo en la Eucaristía sabiéndome unido a quienes están conmigo, o lo hago de forma individualista? 

Hoy damos gracias a Dios por este Misterio de Comunión que es la Eucaristía. Y le pedimos que este Misterio lo hagamos visible y verificable en el cuerpo que es la Iglesia: que la Comunión de cada uno con Cristo nos lleve a todos a vivir la verdadera comunión entre nosotros.    

lunes, 1 de junio de 2026

RELACIÓN DE INGRESOS Y GASTOS EN LA PARROQUIA DE NTRA SRA DEL CARMEN Y LA CONCEPCIÓN EN LOS REALEJOS EN EL MES DE MAYO

          PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN
















En este informe están recogidas los movimientos de la cuenta principal y no los de la Venerable Hermandad-Cofradía del Carmen

 PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN







En este informe quedan recogidos los movimientos de la cuenta principal de la Concepción, no quedan registradas las cuentas de cáritas, las ermitas ni tampoco las cofradías 


jueves, 28 de mayo de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD. CICLO A

                                                                    

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

30 y 31 de Mayo de 2026

Domingo de la Santísima Trinidad. Ciclo A


















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Materiales


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Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana







“Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por Él


LECTURAS

 






Primera lectura del libro del Éxodo 34, 4b-6. 8-9


En aquellos días, Moisés madrugó y subió a la montaña del Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra.
El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.
El Señor pasó ante él proclamando:
«Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad».
Moisés al momento se inclinó y se postró en tierra. Y le dijo:
«Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque es un pueblo de dura cerviz; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya».


Salmo

Dn 3, 52-56 R/. A ti gloria y alabanza por los siglos.


Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
bendito tu nombre santo y glorioso. R/.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria.
Bendito eres sobre el trono de tu reino. R/.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos. R/.

Bendito eres en la bóveda del cielo. R/.


Segunda lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 13, 11-13


Hermanos, alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros.
Saludaos mutuamente con el beso santo.
Os saludan todos los santos.
La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos vosotros.


Evangelio según san Juan 3, 16-18


Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.




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Una tarde, al cruzar una avenida que está orientada hacia poniente, un peatón aprovechó para sacar una fotografía de la puesta de sol, que era muy bonita: el sol estaba bajo y se veía grande, no deslumbraba, había algunas nubes y el cielo ofrecía distintos tonos de colores rojos y anaranjados. Cuando contemplamos algo así, no nos detenemos a pensar que eso se debe a la dispersión de la luz solar al atravesar con mayor inclinación la atmósfera, que deja pasar sólo los tonos cálidos porque son de onda larga… Simplemente, como ese peatón, disfrutamos el momento, porque tiene efectos beneficiosos en nuestro cuerpo, mente y espíritu, nos alegra, nos relaja y nos da paz.




juzgar


Hoy estamos celebrando la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Como indica el Catecismo: «es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina». (234) «La Trinidad es un misterio de fe en sentido estricto, uno de los misterios escondidos en Dios, que no pueden ser conocidos si no son revelados desde lo alto. Dios, ciertamente, ha dejado huellas de su ser trinitario en su obra de Creación y en su Revelación a lo largo del Antiguo Testamento. Pero la intimidad de su Ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón». (237) 


Pero, aunque no sea accesible por la sola razón, eso no significa que afirmar la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo sea ‘irracional’; la razón puede ayudar a acercarnos al Misterio, y ahí tenemos toda la reflexión teológica y filosófica que desde los comienzos del cristianismo se ha llevado a cabo, profundizando en el conceptos como naturaleza, esencia, propiedades y misiones de las Personas divinas, las relaciones entre Ellas… todo con el fin de mostrar la razonabilidad de este Misterio central de la fe y de la vida cristiana. Y es necesario hacer esta reflexión. 


Pero quedarnos en esto sería como contemplar una puesta de sol pensando sólo en las razones físicas que la provocan. Por eso, la Solemnidad de hoy nos invita a contemplar a Dios, a ‘disfrutar el momento’, como ese peatón que disfrutó contemplando la puesta de sol y sacó una foto para tenerla como recuerdo y así, al verla, sentir de nuevo su belleza. Hoy contemplamos a Dios tal como Él se nos manifiesta, porque esto tiene también efectos beneficiosos para nuestro cuerpo, mente y alma. Y la Palabra de Dios nos ofrece algunas orientaciones para esa contemplación. 


En la 1ª lectura hemos escuchado que “Moisés madrugó y subió a la montaña del Sinaí… el Señor bajó en la nube y se quedó con él allí”. Para poder contemplar a Dios y disfrutar el momento, necesitamos dedicarle un tiempo y lugar que sean ‘para Él’. Y esto nos lo ofrece la parroquia, sobre todo cuando nos reunimos el domingo para celebrar la Eucaristía. El Señor ‘baja’ a nuestro encuentro y se queda con nosotros, haciéndose especialmente cercano en su Palabra y en su Cuerpo y Sangre. 


“El Señor pasó ante Él proclamando: Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad”. Contemplamos a Dios y lo disfrutamos cuando ‘recordamos’, cuando traemos a la memoria y al corazón las veces que Él se ha mostrado compasivo y misericordioso con nosotros, las veces que nos ha ofrecido su perdón, la fidelidad con que siempre nos trata… 


En el Evangelio, Jesús ha dicho: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”. Jesús nos está revelando el Misterio de Dios, las tres Personas que forman una única divinidad: un Padre que nos ama tanto que, por obra del Espíritu Santo, envía a su Hijo único, que también por amor carga con la Cruz, para que nosotros podamos encontrar la salvación y compartir la vida eterna de Dios. Contemplamos a Dios y lo disfrutamos cuando recordamos que es un Misterio de Amor, cuando pensamos en las palabras y obras de Jesús, y cómo el Espíritu Santo nos va enseñando y recordando todo esto para guiarnos cada día.


actuar




También decía Jesús: “Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”. El Misterio de la Santísima Trinidad no se nos ha manifestado para crearnos quebraderos de cabeza, o para sentirnos mal o rechazarlo porque no lo podemos entender. 


Hagamos nuestras las palabras de san Pablo: que “la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos nosotros”, para contemplar y disfrutar este Misterio de Amor, porque sólo ese Amor infinito puede salvarnos del sinsentido y la desesperanza.