miércoles, 4 de marzo de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO III DE CUARESMA. CICLO A

                                                         

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

7 y 8 de Marzo de 2026

Domingo III de Cuaresma. Ciclo A












Cuaresma 2026



PROGRAMA DE CUARESMA



ENLACE A TODOS LOS PORTALES DE LA PARROQUIA


Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana














“Su rostro resplandecía como el sol


LECTURAS

 



“UN SURTIDOR DE AGUA QUE SALTA HASTA LA VIDA ETERNA” 


Primera lectura del libro del Éxodo 17, 3-7


En aquellos días, el pueblo, sediento, murmuró contra Moisés, diciendo:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?».

Clamó Moisés al Señor y dijo:
«¿Qué puedo hacer con este pueblo? Por poco me apedrean».

Respondió el Señor a Moisés:
«Pasa al frente del pueblo y toma contigo algunos de los ancianos de Israel; empuña el bastón con el que golpeaste el Nilo y marcha. Yo estaré allí ante ti, junto a la roca de Horeb. Golpea la roca, y saldrá agua para que beba el pueblo».

Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y llamó a aquel lugar Masá y Meribá, a causa de la querella de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo:
«¿Está el Señor entre nosotros o no?».



Salmo 94, 1-2. 6-7c. 7d-9 R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».


Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R/.


Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 1-2. 5-8


Hermanos:
Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.

En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros.


Evangelio según san Juan 4, 5-42


En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
«Dame de beber».

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

Jesús le contestó:
«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».

La mujer le dice:
«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».

Jesús le contestó:
«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».

La mujer le dice:
«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».

Él le dice:
«Anda, llama a tu marido y vuelve».

La mujer le contesta:
«No tengo marido».

Jesús le dice:
«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».

La mujer le dice:
«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».

Jesús le dice:
«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».

La mujer le dice:
«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».

Jesús le dice:
«Soy yo, el que habla contigo».

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
«Maestro, come».

Él les dijo:
«Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».

Los discípulos comentaban entre ellos:
«¿Le habrá traído alguien de comer?».

Jesús les dice:
«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.

Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».

Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».


o bien más breve




En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.

Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice:

«Dame de beber».

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.

La samaritana le dice:

«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

Jesús le contestó:

«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice «dame de beber», le pedirías tú, y él te daría agua viva».

La mujer le dice:

«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».

Jesús le contestó:

«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».

La mujer le dice:

«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».

Jesús le dice:

«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».

La mujer le dice:

«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».

Jesús le dice:

«Soy yo, el que habla contigo».

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:

«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».





Los textos son cogidos de la página de 







ver



El Miércoles de Ceniza dijimos que el deseo y la pasión son dos impulsos constitutivos del ser humano. Y también experimentamos otras sensaciones que a veces se manifiestan con mucha fuerza; una de ellas es la sed, la necesidad de ingerir líquidos para regular el contenido de agua en nuestro cuerpo y que éste funcione correctamente.


juzgar


El Miércoles de Ceniza el Señor nos invitó a vivir la Cuaresma con verdadero deseo y pasión. El primer domingo de Cuaresma nos enseñó que debemos alimentarnos del Pan de la Palabra de Dios, para vencer la tentación y que mantenga bien encendidos nuestro deseo y pasión por convertirnos más al Señor. Y el domingo pasado se transfiguró para reavivar el deseo y la pasión de los discípulos, haciéndoles vivir una experiencia de lo que será la manifestación plena de su gloria. Y dijimos que también a nosotros nos regala experiencias de transfiguración, momentos muy personales y especiales de encuentro con Dios, a veces muy sencillos: una celebración, un tiempo de oración, una lectura, una conversación con alguien… que no eliminan las dificultades de la vida guiada por la fe, ni los otros problemas de la vida, pero nos dan fuerzas para afrontarlos con nuevo ánimo, porque reavivan nuestro deseo y pasión por seguir a Jesús. 

En este tercer domingo de Cuaresma el Señor nos invita a que, a ese deseo y pasión, unamos la sed; nos invita a que, desde la experiencia de la sed física, reflexionemos sobre la sed espiritual, sed de Él, porque, además de la «necesidad de beber», es también el «apetito o deseo ardiente de algo». Y tenemos la experiencia de esos otros tipos de ‘sed’ que a menudo nos afectan: sed de amor, de felicidad, de verdad, de seguridad... y cómo nos afecta no poder saciar esa sed. 

Unas veces experimentamos la sed por la dureza de las circunstancias que debemos vivir. En la 1ª lectura hemos escuchado que el pueblo de Israel, en su peregrinar por el desierto, “sediento, murmuró contra Moisés”, y se preguntaron: “¿Esté el Señor con nosotros o no?” Más allá de la necesidad de beber agua, las dificultades del camino hacen que el pueblo se cuestione la presencia de Dios. Y esto también nos ocurre a nosotros cuando atravesamos situaciones difíciles, que hacen que cuestionemos la fe: ‘¿Está Dios con nosotros? Y, si está, ¿por qué no me ayuda?’ Y nos quedamos ‘sedientos’. 

Otras veces es simplemente el discurrir de los días, en su rutina y monotonía, lo que nos hace experimentar la sed de plenitud, de sentido a nuestra vida. En el Evangelio hemos escuchado el encuentro de Jesús con la mujer samaritana, que fue a sacar agua al pozo de Jacob. Para ella, ésa era la rutina diaria, trabajosa y sin mayor aliciente, pero Jesús sabe que, en el fondo, ella está ‘sedienta’ de algo más, que ha buscado saciar erróneamente (“no tienes marido: has tenido ya cinco…”) 

Por eso, aunque en un primer momento ella sigue hablando de la necesidad de beber (“Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla”), Jesús la ayuda a pasar al plano espiritual y a descubrir cuál es su verdadera sed: “el que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”. Y ella entonces ve por fin saciada su sed: “dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste el Mesías?»” 

También a nosotros nos afecta la rutina y la monotonía, sentimos ‘sed’ de algo que nos llene, y lo buscamos saciar por caminos equivocados, con actividades, distracciones… que nos siguen dejando sedientos porque, en el fondo, es sed de Dios, y sólo Él puede saciarnos.


actuar




En la segunda estrofa del conocido canto ‘Hambre de Dios’, cantamos: «Señor, yo tengo sed de Ti, sediento estoy de Dios…» Y este tercer domingo de Cuaresma nos llama a preguntarnos si, del mismo modo que necesitamos beber para que nuestro cuerpo funcione correctamente, también sentimos verdadera sed de Dios y si buscamos saciarla con deseo y pasión para que nuestra alma ‘funcione’. 

“Si conocieras el don de Dios…” La Cuaresma es el tiempo de gracia; aprovechémoslo para encontrarnos con Jesús de un modo tranquilo, como la samaritana, para ‘conocerle’ y dejar que Él nos dé su agua viva, la única que puede saciar de verdad nuestra sed de plenitud y felicidad eternas.









Finalmente, será de particular importancia la tarea de acompañar la organización de las Asambleas Continentales de Evaluación (primer trimestre de 2028) y la organización de la Asamblea Eclesial de octubre del 2028. En vista de esto, es oportuno recordar que la evaluación no es un juicio ni un control, sino una oportunidad para reflexionar donde nos encontramos en el estado del camino de implementación y conversión, iluminando los avances logrados e identificando las áreas que requieren mayor crecimiento (cf. DF, n. 100). Las Asambleas eclesiales previstas para 2027-2028 a distintos niveles deben entederse en esta línea y serán oportunidades para celebrar los dones recibidos y seguir creciendo juntos como Iglesia sinodal, comprometida con la misión confiada por Cristo en las circunstancias concretas de nuestro tiempo. Además, estas asambleas serán, también, una oportunidad para poner en práctica modalidades concretas de articulación entre sinodalidad, colegialidad y primado, de modo fiel y creativo a la luz de la corresponsabilidad diferenciada.


Las indicaciones más precisas sobre las modalidades de desarrollo de estas asambleas y los temas que se tratarán surgirán del proceso de diálogo que las precede, así como de los resultados del nuevo Grupo de Estudio que tiene entre sus funciones reflexionar sobre estos asuntos. Lo que es posible anticipar, es que estas reuniones servirán para compartir experiencias de renovación de prácticas y estructuras en clave sinodal, que cada Iglesia considere suficientemente consolidadas como para presentarlas al Santo Padre para su validación definitiva. Asimismo, permitirán la oportunidad para comenzar a abordar juntos las cuestiones que puedan surgir durante el proceso.


3. ¿Cómo utilizar el DF en la fase de implementación?


El DF es el punto de referencia de la fase de implementación: por esta razón, se cita aquí tan abundantemente. En consecuencia, es esencial promover su conocimiento, en particular por parte de los miembros de los equipos sinodales y de quienes, a diferentes niveles, están llamados a animar el proceso de implementación. Dado que el DF es un texto rico y orgánico, será oportuno prever (a nivel local, nacional o regional) momentos y/o instrumentos de formación, acompañamiento y guía para su lectura, que permitan captar la inspiración que lo anima y no solo hacerse una idea de las cuestiones tratadas. Ante todo, la lectura del DF debe ser sostenida y alimentada por la oración, tanto comunitaria como personal, centrada en Cristo, maestro de la escucha y del diálogo (cf. DF, n. 51) y abierta a la acción del Espíritu: no bastará con un análisis abstracto del texto. El DF propone, en efecto, a la Iglesia toda y a cada bautizado, la perspectiva de un camino de conversión: «la llamada a la misión es, al mismo tiempo, la llamada a la conversión de cada Iglesia local y de la Iglesia toda» (DF, n. 11). Como todo camino de conversión, implica un proceso de profundización y purificación interior, al que, en el plano personal, seguirá un cambio de elecciones, comportamientos y estilos de vida.


En el plano comunitario, la renovación de las categorías de pensamiento y de la cultura en clave sinodal será el terreno donde puedan germinar nuevas prácticas y estructuras renovadas.


El DF es un texto orgánico, animado por un dinamismo interno propio, como consecuencia del largo proceso de escucha, confrontación y discernimiento del que es fruto.


Por tanto, no puede considerarse una recopilación de indicaciones sobre temas diversos que puedan tomarse en cuenta de forma aislada del contexto en el que fueron formuladas. Esto impediría captar su sentido y, por tanto, orientar correctamente su aplicación. Así lo evidencia su propia estructura.


La Parte I, de hecho, expresa la comprensión compartida de la sinodalidad, fruto del camino recorrido, y traza sus fundamentos teológicos y espirituales, arraigados en el Concilio Vaticano II. En el extremo opuesto, la Parte V retoma la perspectiva global y recuerda que crecer como Iglesia sinodal misionera requiere cuidar la formación de todos los miembros del Pueblo de Dios; la Conclusión, por su parte, evoca una perspectiva escatológica que orienta la misión común a la que están llamados a colaborar todos los miembros del Pueblo de Dios. Dentro de este marco de sentido, las Partes II, III y IV se centran en algunos aspectos concretos de la vida de la Iglesia, formulando propuestas para su renovación. En particular: la Parte II «está dedicada a la conversión de las relaciones que edifican la comunidad cristiana y dan forma a la misión en la interrelación de vocaciones, carismas y ministerios» (DF, n. 11); la Parte III identifica tres prácticas cruciales para iniciar procesos de “transformación misionera” (discernimiento eclesial, procesos decisionales, cultura de la transparencia, rendición de cuentas y evaluación) y subraya la urgencia de una renovación de los organismos de participación; la Parte IV «traza el modo en que es posible cultivar en formas nuevas el intercambio de dones y la red de vínculos que nos unen en la Iglesia, en un tiempo en que la experiencia del arraigo en un lugar está cambiando profundamente» (ibid.), reflexionando sobre el papel de las conferencias episcopales y las asambleas eclesiales, así como sobre el servicio del Obispo de Roma.

 

martes, 3 de marzo de 2026

PROGRAMA DE SEMANA SANTA 2026

 


Salgamos a la calle

Carta pastoral con motivo de la Semana Santa 2026

 

 

Querida familia diocesana:

 

Se acerca la Semana Santa y, con ella, los días del sagrado Triduo Pascual –culmen del año litúrgico–, los días en que los cristianos contemplamos y celebramos –actualizando al tiempo que hacemos memoria– los misterios centrales de nuestra fe: la pasión, muerte y resurrección del Señor, que dan sentido a nuestra fe, pues –como nos recuerda el apóstol san Pablo– «si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe» (1Cor 15, 14).

 

Por eso celebrar como creyentes estos días santos es una invitación a renovar y fortalecer la fe en Aquel que nos amó y se entregó por nosotros, muriendo en la cruz para redimirnos y mostrarnos la misericordia del Padre; en Aquel que vive y está presente en su Iglesia por la acción del Espíritu Santo; en Aquel que, como hace veintiún siglos con los apóstoles, sigue invitándonos a seguirle para estar con Él y ser enviados, para ser discípulos misioneros y, de esta manera, llevar a cabo la misión que nos dejó de ser sus testigos hasta los confines del mundo, anunciando y haciendo presente el Reino de Dios.

 

En efecto, Cristo resucitado –el que por nosotros murió y, al tercer día, resucitó–, no sólo es el centro y la razón de nuestra fe, sino también el contenido de nuestra predicación, como lo fue de san Pablo. Una predicación que va más allá del anuncio en las celebraciones litúrgicas y en la catequesis, dentro de nuestros templos, para salir a la calle y llegar así a toda la sociedad. Una predicación que va más allá de las palabras a la vida; la vida de cada día, a la manera en la que estamos en la sociedad, al modo en que participamos de la vida pública, donde estamos llamados a ser «sal de la tierra y luz del mundo» (cf. Mt 5, 13-16).

 

Las intensas celebraciones litúrgicas de estos días santos vividos en comunidad, así como las hermosas manifestaciones públicas de fe en las calles de nuestros pueblos y ciudades, son una invitación a vivir la fe, sin complejos, en nuestra sociedad multicultural como una propuesta de vida –la que nace de Jesucristo– que puede dar sentido a la vida de tantas personas que están en búsqueda. Una propuesta también para nuestra sociedad desde los principios que nacen del Evangelio y que están recogidos en la rica doctrina social de la Iglesia capaz de iluminar la política, la economía, la cultura, los medios de comunicación social, en definitiva, todos los ámbitos de la sociedad y de la vida pública.

 

Este es el objetivo que nuestra diócesis nivariense se ha fijado en su plan pastoral para este curso: valorar y fomentar la «presencia misionera en la vida pública», especialmente de los laicos, quienes –como probablemente tú– forman la inmensa mayoría del Pueblo de Dios y que, de forma reduccionista, pueden pensar que vivir la fe es solo una cuestión de la vida privada de cada uno o que sólo se vive dentro de las cuatro paredes del templo. Nada más lejos de la realidad, como nos hace ver el testimonio de los apóstoles que vivieron la Pascua, quienes pasaron de estar encerrados por miedo a salir a las plazas a anunciar que Jesucristo había resucitado, del desánimo y la desesperanza a la alegría e ilusión renovada.

A este respecto, siguen siendo actual y acertado el análisis y las palabras de los obispos españoles hace unas décadas: «La participación de todos los laicos en la misión evangelizadora de la Iglesia es hoy especialmente urgente. Es, incluso, más necesaria que nunca. La autonomía de nuestra sociedad crecientemente secularizada; la separación, pretendidamente justificada, entre la fe y la vida diaria, pública y privada; la tentación de reducir la fe a la esfera de lo privado; la crisis de valores; pero también la búsqueda de verdad y sentido, las más nobles aspiraciones de justicia, solidaridad, paz, reconocimiento efectivo de los derechos reconocidos y conculcados, la defensa de la naturaleza, son otros tantos desafíos que urgen a los católicos a impulsar una nueva evangelización, a contribuir a promover una nueva cultura y civilización de la vida y la verdad, de la justicia y la paz, de la solidaridad y el amor» (Cristianos laicos, iglesia en el mundo, 43).

 

Queridos hermanos y amigos, si algo caracteriza la Semana Santa en casi todas las parroquias de nuestra diócesis, en cualquier punto de nuestras islas, es «el salir a la calle» en las numerosas manifestaciones públicas de nuestra fe, en las que algunos se implicarán y participarán activamente, mientras tantos otros estarán pasivamente como meros espectadores. «Salir a la calle» más que una acción concreta de este tiempo debería transformarse en una actitud constante, en una forma de vivir la fe, acogiendo las palabras del recordado Papa Francisco en Brasil en la Jornada Mundial de la Juventud cuando invitaba a los jóvenes a salir a la calle; o como diría meses después en la exhortación La alegría del Evangelio, a ser una Iglesia en salida, pero no en cualquier tipo de salida, sino en salida misionera, llevando el mensaje de Cristo, predicando en nuestra vida lo que confesamos en la fe: que Cristo ha muerto y ha resucitado por nuestra salvación. Pregúntate qué quieres ser tú: ¿mero espectador pasivo que te quedas fuera o te animas a implicarte y vivir tu fe –tu condición de bautizado– de forma corresponsable participando en la misión de la iglesia, de la comunidad de los bautizados que caminamos juntos?

 

Que estos días de Semana Santa, además de ser días de interrupción del ritmo cotidiano de trabajo y estudio, sean realmente días santos, vividos con fe y con pasión experimentando el amor de Jesús que se entrega por nuestra salvación y el gozo del Cristo resucitado que llena de sentido nuestra vida y nos impulsa, sin miedo ni complejos, a la misión de evangelizar, de compartir el gozo que nos da la fe y que nos impulsa a la caridad, especialmente con los más pobres y vulnerables, los preferidos del Señor.

 

Al tiempo que deseo a todos y cada uno de ustedes que puedan vivir con intensidad los días santos de la Pascua, hago mía las palabras pronunciadas por nuestro querido Papa León XIV tras ser elegido en la tarde del 8 de mayo y dirigida a su diócesis de Roma: «Debemos buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes dialogando, siempre abierta —como esta plaza— a recibir con los brazos abiertos a todos, a todos aquellos que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, diálogo y amor». Una forma de ser iglesia misionera es a través de nuestra presencia y aportación a la vida pública, a nuestra sociedad, a nuestra humanidad. ¿Te animas a unirte a nosotros para vivir así y salir a la calle a manifestar y vivir la fe no solo en Semana Santa?

 

Que el Señor nos bendiga con una fructuosa Cuaresma para que vivamos una gozosa Pascua, acompañados de María, la madre del pueblo fiel.

 

 Eloy A. Santiago Santiago

Obispo de San Cristóbal de La Laguna


VIERNES DE DOLORES 27 DE MARZO

PARROQUIA  DE LA CONCEPCIÓN

19:00 horas. MISA EN HONOR DE NTRA. SRA. DE LOS DOLORES. Incorporación de los nuevos cofrades e imposición de insignias. Al finalizar, procesión de Ntra. Sra. de los Dolores por el recorrido de costumbre.

SÁBADO DE RAMOS 28 DE MARZO

PARROQUIA DE LA CONCEPCIÓN

10:30 horas. Confesiones de los niños de comunión.

SANTUARIO- PARROQUIA DEL CARMEN

17:00 horas. Confesiones. 

18:00 horas: Celebración de la MISA del Domingo de Ramos.

*DOMINGO DE RAMOS 29 DE MARZO

SANTUARIO- PARROQUIA DEL CARMEN

10:00 horas. CONMEMORACIÓN DE LA ENTRADA DE JESÚS EN JERUSALÉN. Bendición de las Palmas y Olivos. A continuación, procesión con la imagen del Señor hasta la Parroquia Matriz. 

PARROQUIA DE LA CONCEPCIÓN

11:00 horas. A la llegada de la procesión, SOLEMNE CELEBRACIÓN DE LA MISA EN LA PASIÓN DEL SEÑOR.

LUNES SANTO 30 DE MARZO

SANTUARIO- PARROQUIA DEL CARMEN

19:00 horas. Celebración de la MISA EN HONOR DEL SEÑOR DEL HUERTO. Procesión del Señor del Huerto acompañado por la Vble. Hdad.- Cofradía de Ntra. Sra. del Carmen

MARTES SANTO 31 DE MARZO

PARROQUIA DE LA CONCEPCIÓN

19:00 horas. MISA en honor del SEÑOR PRESO Y SAN PEDRO en su arrepentimiento. Recepción de los SANTOS ÓLEOS Y EL SAGRADO CRISMA. Procesión del Señor Preso y Las Lágrimas de San Pedro

MIÉRCOLES SANTO 1 DE ABRIL

PARROQUIA DE LA CONCEPCIÓN

19:00 horas. MISA EN HONOR DEL “ECCE HOMO”. CEREMONIA DEL RELEVO DEL HERMANO MAYOR e incorporación e imposición de insignias a los NUEVOS MIEMBROS DE LA VBLE. HERMANDAD DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO. Procesión del Señor de la Cañita, San Juan Evangelista y Ntra. Sra. de los Dolores.

JUEVES SANTO 2 DE ABRIL

PARROQUIA DE LA CONCEPCIÓN

18:00 horas. MISA DE LA CENA DEL SEÑOR, Ceremonia del Lavatorio y traslado del Santísimo al Monumento. Procesión del Señor Jesús de la Salud y Misericordia Atado a la Columna, Ntra. Sra. de los Dolores, San Juan Evangelista y Santa María Magdalena. Frente al Santuario de Ntra. Sra. del Carmen, ESTACIÓN con reflexión y canto de malagueñas. 

23:00 horas: Hora Santa. Vigilia de Adoración durante toda la noche.

SANTUARIO- PARROQUIA  DEL CARMEN

19:00 horas. MISA DE LA CENA DEL SEÑOR, Ceremonia del Lavatorio y traslado del Santísimo al Monumento. 22:00 horas: Hora Santa. Al finalizar, el Santuario se cerrará hasta las 9 de la mañana del Viernes Santo.

VIERNES SANTO 3 DE ABRIL

PARROQUIA DE LA CONCEPCIÓN

06:30 horas. PROCESIÓN con el SANTÍSIMO CRISTO DE LA REDENCIÓN hasta El Calvario en San Vicente. 

10:00 horas. PROCESIÓN DEL ENCUENTRO: Jesús Nazareno, Ntra. Sra. de los Dolores, San Juan Evangelista, Santa María Magdalena y La Verónica. Al llegar al Calvario, ESTACIÓN con predicación y retorno hasta la Parroquia Matriz. A la llegada de la procesión: Clausura del Monumento.

17:00 horas. CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN Y MUERTE DEL SEÑOR. Ceremonia del Descendimiento desde la Cruz. A continuación procesión del Santo Entierro. A su llegada, ceremonia de la Sepultura del Señor.

Media hora después; en torno a las 21:00 horas. Procesión del Silencio con Ntra. Sra. de la Soledad.

SANTUARIO- PARROQUIA  DEL CARMEN

18:30 horas: CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN Y MUERTE DEL SEÑOR.

SÁBADO SANTO 4 DE ABRIL

SANTUARIO- PARROQUIA DEL CARMEN

22:00 horas. VIGILIA PASCUAL DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR. A su término, procesión con el Santísimo. 

*DOMINGO DE RESURRECCIÓN 5 DE ABRIL

PARROQUIA DE LA CONCEPCIÓN

11:00 horas. MISA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR.

A su término, PROCESIÓN CON EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR, acompañado por las Hermandades y Cofradías.

DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA 12 DE ABRIL

III Encuentro interparroquial de Pascua de Los Realejos. Casa del Emprendedor. (no hay misa en ninguna parroquia ni ermita)