miércoles, 4 de febrero de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

                                                      

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

7 y 8 de Febrero de 2026

Domingo V del Tiempo Ordinario. Ciclo A








ENLACE A TODOS LOS PORTALES DE LA PARROQUIA


Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana















“Bienaventurados los pobres en el Espíritu


LECTURAS

 




 


Primera lectura del libro de Isaías 58, 7-10


Esto dice el Señor:

«Parte tu pan con el hambriento,
hospeda a los pobres sin techo,
cubre a quien ves desnudo
y no te desentiendas de los tuyos.

Entonces surgirá tu luz como la aurora,
enseguida se curarán tus heridas,
ante ti marchará la justicia,
detrás de ti la gloria del Señor.

Entonces clamarás al Señor y te responderá;
pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”.

Cuando alejes de ti la opresión,
el dedo acusador y la calumnia,
cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo
y sacies al alma afligida,
brillará tu luz en las tinieblas,
tu oscuridad como el mediodía».



Salmo 111 1, 4-5. 6-7. 8a, y 9 R/. El justo brilla en las tinieblas como una luz


En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos. R/.

Porque jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor. R/.

Su corazón está seguro, sin temor.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad. R/.


Segunda lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5


Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.

También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.


Evangelio según san Mateo 5, 13-16


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».




Los textos son cogidos de la página de 







ver



Desde hace unos años estamos comprobando cómo nuestro mundo está dejando de ser un lugar pacífico. Según el Instituto para la Economía y la Paz, además de las guerras que centran la información (Ucrania, Palestina…), hay 59 conflictos armados activos en el mundo, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Hay un incremento de enfrentamientos, guerras o amenazas de guerras, y se constata un debilitamiento de los mecanismos diplomáticos para la resolución de conflictos: tan solo el 4% de las guerras termina en acuerdos negociados.



juzgar


Por eso, hoy que celebramos la Jornada de Manos Unidas contra el Hambre, sorprende que el lema para este año sea: «Declara la guerra al hambre». Para entender su significado, debemos recordar que en 1955, la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC) hacía público un manifiesto en el que anunciaba su compromiso de poner su capacidad de movilización y de sensibilización al servicio de una causa que no podía esperar: la lucha activa contra el hambre en el mundo. Este manifiesto terminaba con esta frase: «Declaramos la guerra al hambre». En España, las Mujeres de la Acción Católica tomaron el testigo, propusieron un día de ayuno voluntario, e hicieron un llamamiento para combatir tres tipos de hambre: de pan, de cultura y de Dios. Así nació en 1959 la primera Campaña Contra el Hambre. 

Desde entonces, Manos Unidas, la Asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo de los países más empobrecidos, sigue manteniendo la misma esperanza de que el mundo pueda verse libre, por fin, de la lacra del hambre. Su misión es luchar contra la pobreza, el hambre, la enfermedad… y también erradicar las causas estructurales que las producen. Lo hace a través de proyectos de desarrollo y también mediante campañas de sensibilización. 

Manos Unidas nos recuerda que, como dijo el Papa Benedicto XVI, ‘combatir la pobreza es construir la paz’ (Mensaje Jornada Paz 2009). Y el Papa Francisco, en ‘Fratelli tutti’ 235, recordó: «Quienes pretenden pacificar a una sociedad no deben olvidar que la falta de un desarrollo humano integral no permite generar paz. Sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión». La paz y el desarrollo integral de las personas se complementan y por eso hay que ‘declarar la guerra al hambre’. La justicia social lleva a la construcción de la fraternidad universal, y la Palabra de Dios que hemos escuchado es una llamada a comprometernos en el desarrollo humano integral para generar la deseada paz. 

En la 1ª lectura hemos escuchado: “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, cubre a quien ves desnudo”. Es una llamada a atender las necesidades básicas de toda persona, y añade: “y no te desentiendas de los tuyos”. Cualquier ser humano es ‘de los tuyos’, de los nuestros, un hermano, porque todos somos imagen de Dios y tenemos derecho a una vida digna. Y la lectura también indicaba las consecuencias de atender a los necesitados: “Entonces surgirá tu luz… ante ti marchará la justicia…” Trabajar por el desarrollo humano integral es el camino para alcanzar la paz que deseamos. 

Y no hacen falta capacidades especiales, como nos recordaba la 2ª lectura: “Cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría… sino en la manifestación y el poder del Espíritu”. Ese Espíritu que hemos recibido en nuestro Bautismo y que impulsa nuestra vocación cristiana y que hace realidad lo que Jesús nos ha dicho en el Evangelio: “Vosotros sois la sal de la tierra, sois la luz del mundo…” Ya somos la ‘sal y luz’ que se necesita para luchar contra el hambre; no nos volvamos ‘sosos’ por la indiferencia, ni ‘apaguemos’ la luz por el miedo. Y el Señor también nos ha dicho: “Brille así vuestra luz, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos”. Manos Unidas es uno de los brazos del candelero que es la Iglesia entera: ‘colguémonos’ de Manos Unidas para que la Luz de Cristo alumbre a todos los que viven en nuestra casa común.


actuar




Hoy el Señor, por medio de Manos Unidas, nos dice a cada uno: «Declara la guerra al hambre», porque es uno de los caminos para alcanzar la verdadera paz. Unámonos al manifiesto de las mujeres de la UMOFC: «todas unidas y en conexión con todos aquéllos que se consagran a la misma tarea, podemos mucho más de lo que creemos. No se necesita más para acometer la empresa. Declaramos la guerra al hambre».









La fase de implementación comenzó poco antes del Jubileo de la esperanza. Esta coincidencia nos ha impulsado a situar en los próximos meses un acontecimiento importante: el Jubileo de los equipos sinodales y de los organismos de participación, previsto del 24 al 26 de octubre de 2025, cuya organización ha sido confiada a la Secretaría General del Sínodo. Será una gracia poder vivir juntos un momento profundo de espiritualidad, en unión con todo el Pueblo de Dios; y será también una ocasión para tejer vínculos, intercambiar experiencias y sintonizarnos mejor de cara a las próximas etapas.


2. ¿Quiénes participan en la fase de aplicación? ¿Qué tareas y responsabilidades les corresponden?


La fase de implementación es un proceso eclesial en sentido pleno, que implica a todas las Iglesias como sujetos de la recepción del DF y, por tanto, a todo el Pueblo de Dios, mujeres y hombres, en la variedad de carismas, vocaciones y ministerios con los que se enriquece y en las distintas articulaciones en las que se desarrolla su vida concretamente (pequeñas comunidades cristianas o comunidades eclesiales de base, parroquias, asociaciones y movimientos, comunidades de consagrados y consagradas, etc.). Puesto que la sinodalidad es una «dimensión constitutiva de la Iglesia» (DF, n. 28), no puede tratarse de un camino limitado a un núcleo de “entusiastas”. Por el contrario, es importante que este nuevo proceso contribuya concretamente «a ampliar las posibilidades de participación y el ejercicio de la corresponsabilidad diferenciada de todos losbautizados, hombres y mujeres» (DF, n. 36), en un espíritu de reciprocidad. Además, es fundamental que busque involucrar a quienes hasta ahora han permanecido al margen del camino de renovación eclesial que representa el Sínodo, como son «personas y grupos con distintas identidades culturales y condiciones sociales, en particular los pobres y los excluidos» (ibid.). Numerosas Iglesias han iniciado itinerarios orientados a hacer ordinario en su vida el compromiso de ser una Iglesia en escucha, del mismo modo que muchas señalan que la escucha de los jóvenes es una prioridad. Además, se requiere una atención particular hacia quienes han manifestado dudas o resistencias frente al proceso sinodal: para caminar verdaderamente juntos, no podemos prescindir de la aportación de su punto de vista.


Por ello, todas las Iglesias están invitadas a seguir buscando instrumentos de escucha adecuados a la gran diversidad de contextos en los que vive y actúa la comunidad cristiana, evitando limitarse únicamente al ámbito parroquial, como sucedió en algunos casos durante la fase de escucha, e implicando también a escuelas y universidades, centros de escucha y acogida, hospitales y cárceles, el entorno digital, etc. Al mismo tiempo, la fase de implementación representa una oportunidad propicia para reforzar las relaciones entre los distintos componentes de la comunidad cristiana, «de modo que se genere un intercambio de dones al servicio de la misión común» (DF, n. 65), que involucre a las comunidades y realidades apostólicas vinculadas a Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica, así como a Asociaciones, Movimientos y Nuevas Comunidades. «A menudo, son sus acciones, junto con las de muchas personas y grupos informales, las que llevan el Evangelio a los lugares más diversos» (DF, n. 118), y el camino de una Iglesia sinodal necesita de ese dinamismo.


2.1. La responsabilidad del Obispo diocesano o eparquial


Precisamente porque se trata de un proceso eclesial en el sentido más pleno del término, el primer responsable de la fase de implementación en cada Iglesia local es el Obispo diocesano o eparquial: le corresponde a él iniciarla, indicar oficialmente sus tiempos, métodos y objetivos, acompañar su desarrollo y concluirla validando sus resultados. Será una ocasión propicia para ejercitar la autoridad en estilo sinodal, en la línea lo que afirma el DF: «Quien es ordenado Obispo no recibe prerrogativas y tareas que deba desempeñar en solitario. Más bien, recibe la gracia y la misión de reconocer, discernir y componer en unidad los dones que el Espíritu derrama sobre las personas y las comunidades, actuando dentro del vínculo sacramental con los Presbíteros y los Diáconos, corresponsables con él del servicio ministerial en la Iglesia local» (DF, n. 69). Quien recibe este don y asume esta misión puede reconocer y confirmar con autoridad la calidad sinodal del camino recorrido por la comunidad eclesial y los frutos que ha generado, promoviendo así la unidad de la Iglesia que – como ya decía San Juan Pablo II – «no es uniformidad, sino la integración orgánica de las diversidades legítimas» (Novo millennio ineunte, n. 46, cit. En DF, n. 39), manifestando así la acción del Espíritu, maestro de armonía. El Espíritu Santo actúa con libertad, suscitando iniciativas en el Pueblo de Dios allí donde lo considera más oportuno: la tarea de la autoridad es también reconocer estos dones, acoger la invitación a ampliar la mirada que siempre llevan consigo, favorecer su fecundidad y promover la diversidad, enriqueciendo así las posibilidades de intercambio de dones que alimenta la comunión eclesial.

sábado, 31 de enero de 2026

RELACIÓN DE INGRESOS Y GASTOS EN LAS DE LA CONCEPCIÓN Y EL CARMEN EN REALEJO BAJO EN EL MES DE ENERO DE 2026

      PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN










En este informe están recogidas los movimientos de la cuenta principal y no los de la Venerable Hermandad-Cofradía del Carmen

 PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CONCEPCIÓN












En este informe quedan recogidos los movimientos de la cuenta principal de la Concepción, no quedan registradas las cuentas de cáritas, las ermitas ni tampoco las cofradías 










miércoles, 28 de enero de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

                                                     

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

31 de Enero y 1 de Febrero de 2026

Domingo IV del Tiempo Ordinario. Ciclo A








ENLACE A TODOS LOS PORTALES DE LA PARROQUIA


Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana















“Bienaventurados los pobres en el Espíritu


LECTURAS

 




 


Primera lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13


Buscad al Señor los humildes de la tierra,
los que practican su derecho,
buscad la justicia, buscad la humildad,
quizá podáis resguardaros
el día de la ira del Señor.

Dejaré en ti un resto,
un pueblo humilde y pobre
que buscará refugio en el nombre del Señor.

El resto de Israel no hará más el mal,
no mentirá ni habrá engaño en su boca.
Pastarán y descansarán,
y no habrá quien los inquiete.



Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10 R/. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.


El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sion, de edad en edad. R/.


Segunda lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 26-31


Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.

Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.

Y así —como está escrito—: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».


Evangelio según san Mateo 5, 1-12a


En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».



Los textos son cogidos de la página de 







ver



Es verdad que somos pocos, y que entre nosotros, como decía san Pablo, “no hay muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos…”. Somos gente normal, “débil, que no cuenta…”. Pero, precisamente por ello, y por lo mal que está todo, el Señor cuenta con nosotros para que, viviendo las Bienaventuranzas, sembremos las semillas del Reino que ya poseemos, y un día “nuestra recompensa será grande en el cielo”.


juzgar


Sin embargo, hoy la Palabra de Dios nos vuelve a hacer una llamada a vivir pensando en los demás. Lo hemos escuchado en la 1ª lectura: “Buscad la justicia, buscad la humildad…” y ya advierte que los que se comporten así van a ser pocos: “Dejaré en ti un resto… el resto de Israel no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca”.


Y Jesús, en el Evangelio, recoge esta llamada y expone el programa de vida de quien quiera ser verdadero discípulo suyo: ser pobre en el espíritu frente a la prepotencia, ser manso frente a la agresividad, saber llorar frente a la dureza y frialdad, tener hambre y sed de justicia frente a la corrupción, ser misericordiosos frente a la indiferencia, ser limpios de corazón frente a la falsedad, trabajar por la paz frente a tanta violencia, aceptar ser perseguidos por ser justos frente a la falta de compromiso por cobardía. Y, sobre todo, no vivir la fe en Él de un modo intimista, oculto, porque nos da vergüenza que otros nos cuestionen o rechacen.


Jesús llama ‘bienaventurados’ a quienes se comporten de este modo, pero sabe muy bien que, aunque al proclamar las Bienaventuranzas tiene delante un gentío impresionante, a la hora de la verdad serán pocos los que quieran vivir el estilo de vida que Él propone, como recoge el evangelista san Juan: “Muchos de sus discípulos, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?» Y muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él”. (Jn 6, 60.66)


Si pensamos sólo en el plano humano, y más aún en estos tiempos que vivimos, la experiencia nos demuestra que el esfuerzo que tantos cristianos han hecho por vivir de acuerdo con las Bienaventuranzas no ha producido efectos realmente transformadores; más bien la impresión que se tiene es que todo va cada vez peor, y los cristianos cada vez somos menos y más mayores.


Pero, si decimos que somos cristianos, no debemos ver sólo el plano humano, sino también hemos de aprender a ‘ver’ desde la fe, y por eso Jesús, en los respectivos ‘porque…’, nos ha ofrecido la razón última por la que hemos de vivir de acuerdo con las Bienaventuranzas, aunque seamos pocos el conjunto de la sociedad. Algunos de estos ‘porque…’ están en futuro: “heredarán la tierra, serán consolados, quedarán saciados, alcanzarán misericordia, verán a Dios, serán llamados hijos de Dios…” pero esto no es un modo de ofrecer vanas ilusiones en un hipotético más allá, sino una llamada a la esperanza, como hemos visto en el Jubileo. Aunque aquí todavía no veamos los frutos de nuestros esfuerzos por vivir las Bienaventuranzas, Dios nos garantiza el cumplimiento final en plenitud.


Y, para que no quede todo en un futuro incierto, la primera y octava Bienaventuranzas, que por así decir ‘encierran’ a las demás, nos ofrecen en presente la razón para vivirlas, y la misma en las dos: “porque de ellos es el reino de los cielos”. Aunque seamos pocos, aunque no veamos avances significativos, el hecho de vivir así ya nos hace disfrutar desde ahora lo que es y significa el reino de los cielos.


actuar




Es muy comprensible que estemos saturados de palabras ‘humanas’, pero sólo el Señor “tiene palabras de vida eterna” (cf. Jn 6, 68). El Domingo de la Palabra de Dios «no ha de ser ‘una vez al año’, sino una vez para todo el año, porque nos urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura».









1. ¿En qué consiste la fase de implementación y cuáles son sus objetivos?


Se trata de la última de las tres fases del Sínodo, prevista en los arts. 19-21 de la Constitución Apostólica Episcopalis communio (EC, 15 de septiembre de 2018); es posterior a la fase de consulta y escucha del Pueblo de Dios (celebrada entre 2021-2023), y a la fase celebrativa, en la que tuvieron lugar las dos Sesiones de la Asamblea del Sínodo de los Obispos (octubre de 2023 y octubre de 2024), que completó el discernimiento realizado a partir de la escucha del Pueblo de Dios. Como se explica en EC: “el proceso sinodal tiene su punto de partida y también su punto de llegada en el Pueblo de Dios, sobre el que deben derramarse los dones de gracia derramados por el Espíritu Santo a través de la reunión en asamblea de los Pastores” (n. 7).


La fase de implementación fue inaugurada por el Papa Francisco con la Nota de Acompañamiento del 24 de noviembre de 2024, mediante la cual se entregó el Documento Final a toda la Iglesia. En un acto sin precedentes en la historia de la institución sinodal, declara que el DF “participa del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro (cf. EC 18 § 1; CCC 892)” y pide que sea recibido como tal. Por tanto, es el DF, en su totalidad, el punto de referencia para la fase de implementación. Al mismo tiempo, la Nota recuerda que su aplicación requiere diferentes mediaciones: “Las Iglesias locales y las agrupaciones de Iglesias están llamadas ahora a implementar, en los diversos contextos, las indicaciones autorizadas contenidas en el Documento, a través de los procesos de discernimiento y de toma de decisiones previstos por el derecho y por el Documento mismo” (ibid.).


La fase de implementación tiene como objetivo experimentar prácticas y estructuras renovadas, que hagan que la vida de la Iglesia sea cada vez más sinodal, partiendo de la perspectiva integral trazada en el DF, con vistas a una realización más eficaz de la misión de evangelización. Este trabajo implica una profundización teológica y canónica necesarias, así como un compromiso a discernir lo que es más apropiado y potencialmente fecundo en los diferentes contextos locales. Concretamente, la prioridad es ofrecer al Pueblo de Dios nuevas oportunidades para caminar juntos y reflexionar sobre estas experiencias, a fin de acoger sus frutos en relación con la misión y compartirlos.


El énfasis en la importancia de la experiencia no implica que la fase de implementación consista en una especie de ejercicio o en una tarea adicional pedida por Roma: más bien, forma parte de la vida ordinaria de las Iglesias e inspira sus prácticas cotidianas. Cada Iglesia local, cada comunidad parroquial podrá practicar la sinodalidad en el marco de su propia pastoral ordinaria, mejorando la forma en que lleva a cabo su misión mediante el discernimiento eclesial que el Espíritu Santo nos pide hoy. El DF invita a las Iglesias locales también a identificar “caminos concretos e itinerarios formativos para realizar una conversión sinodal tangible en las diversas realidades eclesiales” (DF, n. 9). Por tanto, la fase de implementación tiene como objetivo generar un impacto perceptible en la vida de la Iglesia y en el funcionamiento de sus estructuras e instituciones. Si se restringiera únicamente a la formulación de hipótesis abstractas, no alcanzaría su propósito y, sobre todo, malgastaría el capital de entusiasmo y energía que el proceso sinodal ha generado hasta ahora.


Asimismo, la fase de implementación representa una oportunidad para mantener vivo ese intercambio de dones que hace crecer la comunión de las Iglesias locales dentro de la única Iglesia, manifestando su catolicidad y respetando al mismo tiempo sus legítimas diversidades. De él brota esa creatividad que inspira nuevas formas de practicar la sinodalidad y potencia la fecundidad en la misión. Para ello es necesario que los frutos de las experiencias llevadas a cabo en los diferentes contextos se difundan y compartan, alimentando así el diálogo entre las Iglesias. En la fase de implementación, por tanto, cobra vida un nuevo proceso de diálogo en cada Iglesia y entre las Iglesias, basado en el DF.


También es importante destacar que la fase de implementación no representa un regreso al pasado, ni propone una mera repetición de lo ya vivido: los pasos y los objetivos son muy diferentes. El punto de referencia es el DF, que expresa el consenso alcanzado al final del discernimiento de los Pastores provenientes de todas las Iglesias y que, como parte del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro, compromete a todo el Pueblo de Dios, indicando la dirección en la que se debe proceder. Más bien, la experiencia de diversas Iglesias a lo largo de estos últimos meses muestra cuán fecundo es reconectarse con el camino recorrido en las fases anteriores y con lo que se ha aprendido a través de él, con el fin de devolver a la Iglesia local los frutos del proceso que ha involucrado a las demás Iglesias y a la Iglesia toda.


Crecer como Iglesia sinodal requiere un saber que sólo se adquiere a través de la experiencia y que nos abre un camino al encuentro con el Señor. Esto es precisamente lo que vivieron en primera persona los participantes en la Asamblea sinodal; no en vano, el DF comienza dando testimonio de cómo «viviendo la conversación en el Espíritu, escuchándonos unos a otros, hemos percibido su presencia en medio de nosotros: la presencia de Aquel que, donando el Espíritu Santo, sigue suscitando en su Pueblo una unidad que es armonía de las diferencias» (DF, n. 1). Esta es también la experiencia que ya se ha vivido —y se sigue viviendo— en las Iglesias locales y en las distintas agrupaciones de Iglesias.