HOJA PARROQUIAL
28 de Febrero y 1 de Marzo de 2026
Domingo II de Cuaresma. Ciclo A
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“Su rostro resplandecía como el sol”
LECTURAS
Primera lectura del libro del Génesis 12, 1-4a
Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22 R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
Segunda lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 8b-10
Evangelio según san Mateo 17, 1-9
Los textos son cogidos de la página de
ver
El Miércoles de Ceniza dijimos que el deseo y la pasión son dos fuerzas, psicológicas y físicas, muy fuertes y constitutivas del ser humano pero que, lamentablemente, las hemos reducido sólo al aspecto sexual y por eso las rodeamos de connotaciones negativas y sospechosas de pecado. Pero el deseo y la pasión son dos fuerzas que deberían movernos, sobre todo, en los aspectos más importantes de nuestra vida: el deseo es el movimiento afectivo hacia algo que se apetece, y la pasión es una inclinación muy viva hacia alguien o hacia algo. Y cuando algo lo deseamos de verdad, o nos apasionamos por ello, no nos duele tiempo y esfuerzo para alcanzarlo y disfrutarlo. Pero sabemos por experiencia que, con el paso del tiempo, el deseo y la pasión por algo o alguien suelen ir apagándose y, en ocasiones, acaban desapareciendo.
juzgar
Pero, como vimos el domingo pasado, al igual que nos ocurre en nuestra vida con cosas y personas, también en la vida de fe tenemos la tentación de que se nos enfríe ese deseo y pasión por vivir la Cuaresma, por convertirnos.
Es lo que ocurrió a los Discípulos. El pasaje que hemos escuchado hoy en el Evangelio es el comienzo del capítulo 17 de Mateo; inmediatamente antes, en el final del capítulo 16, Jesús había comenzado “a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo”. Y Jesús, después de reprender a Pedro, “dijo a los discípulos: «El que quiera venir en pos de mí que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga»”. Jesús se da cuenta de que la pasión y el deseo de los Discípulos corren el peligro de enfriarse, y por eso, “tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos”. Jesús se transfigura para reavivar el deseo y la pasión de los Discípulos, haciéndoles vivir una experiencia de lo que será la manifestación plena de su gloria, y consigue que Pedro exclame: “Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí!” Una experiencia que, tras la Resurrección de Jesús, les servirá para impulsar su deseo y pasión por anunciar el Evangelio.
También a nosotros el Señor nos ofrece ‘experiencias de transfiguración’ para reavivar el deseo y la pasión por vivir la Cuaresma, por convertirnos; son momentos muy personales y especiales de encuentro con Dios, a veces muy sencillos: una celebración, un tiempo de oración, una lectura, una conversación con alguien… que nos hacen sentir, como a Pedro: “Señor, ¡qué bueno…!”
Estos momentos de transfiguración no eliminan las dificultades de la vida guiada por la fe, ni los otros problemas de la vida, pero nos dan fuerzas para afrontarlos con nuevo ánimo, porque reavivan nuestro deseo y pasión por seguir a Jesús.
Y, para que no se quede sólo en una experiencia puntual, los Discípulos también reciben un mandato, “una voz desde la nube decía: Éste es mi Hijo, en quien me complazco. Escuchadlo”. Para reavivar el deseo y la pasión por seguir a Jesús es necesario escucharlo, prestar atención a su Palabra, leyendo y reflexionando al menos las lecturas de la Eucaristía diaria y las dominicales, porque en ellas el Señor nos está hablando de Él y de su mensaje de salvación para cada uno de nosotros.
actuar
Para reavivar nuestro deseo y pasión por vivir la Cuaresma, por convertirnos, el Señor nos regala experiencias de transfiguración: aprovechémoslas, porque hacen que, como Abrán en la 1ª lectura, nos decidamos a ‘salir de nuestra tierra’, de lo conocido, de la rutina y la comodidad. Y, como decía san Pablo en la 2ª lectura, tomaremos parte con verdadero deseo y pasión en los duros trabajos del Evangelio, según las fuerzas que Dios nos dé, para seguir viviendo y anunciando su salvación.
Posteriormente, se incorpora una tercera tarea: el DF reconoce en las Conferencias Episcopales un instrumento para expresar y realizar la colegialidad episcopal, y para favorecer la comunión entre las Iglesias. Por ello, la sinodalidad también plantea preguntas sobre los modos concretos de funcionamiento de estas estructuras. El número 125 del DF ofrece algunas indicaciones específicas al respecto, que, evidentemente, no pueden ser asumidas por cada Iglesia local de manera aislada. Por lo tanto, será fundamental que las agrupaciones de Iglesias inicien una reflexión y una experimentación de modos de proceder sinodales a su propio nivel, cuyos resultados contribuirán a la fase de evaluación.
2.4. El servicio de la Secretaría General del Sínodo
La Secretaría General del Sínodo ha recibido del Papa Francisco, primero, y luego de León XIV, el encargo de desempeñar un papel de animación y coordinación a través de un camino de acompañamiento durante el cuatrienio 2025-2028.
En este marco, una primera tarea de la Secretaría General es alimentar la comunión en el espíritu del intercambio de dones y en la perspectiva de la “conversión de los vínculos” (DF, Parte IV) entre las Iglesias. Instrumentos importantes con este fin son la escucha de las experiencias desarrolladas en los diversos contextos eclesiales y la promoción de una reflexión conjunta sobre ellas, para que juntos podamos reconocer la voz del Espíritu y orientar nuestros pasos en la dirección que el Espíritu nos indique. La Secretaría está llamada a favorecer un diálogo continuo entre las Iglesias, facilitando la comunicación y el intercambio recíproco, principalmente a través de las agrupaciones de Iglesias, especialmente a nivel continental. Para ello, escuchará a las Iglesias locales y recogerá sus reacciones (feedback), a partir de las cuales preparará notas y subsidios, facilitará informaciones y sugerencias. Asimismo, propondrá momentos de encuentro para favorecer la escucha mutua, poner en común el camino y sus frutos, y la expresión compartida de gratitud al Señor.
La primera de estas citas será el Jubileo de los equipos sinodales y de los organismos de participación, previsto del 24 al 26 de octubre de 2025. A medida que el camino avance, se enviarán indicaciones más detalladas sobre la organización de otros eventos y sobre cómo recoger las reacciones (feedback) correspondientes. Por el momento, con el fin de garantizar un flujo de comunicación ordenado y una coordinación eficaz, es esencial que cada diócesis o eparquía registre su equipo sinodal en la base de datos de la Secretaría General del Sínodo. Se solicita a cada Obispo que verifique que este proceso se haya realizado de manera adecuada.
Una segunda tarea de la Secretaría General es el acompañamiento de los Obispos diocesanos y eparquiales, así como de los equipos sinodales, principalmente mediante el diálogo con las estructuras habilitadas por las agrupaciones de Iglesias, especialmente a nivel continental. Sin embargo, en la medida de lo posible, la Secretaría General también está disponible para acompañar a Iglesias locales individuales, así como a Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, Asociaciones, Movimientos y Nuevas Comunidades, u otras instituciones eclesiales que lo soliciten, con especial atención a las Iglesias con menos recursos. La Secretaría se compromete a mantener “la puerta abierta”, a escuchar necesidades, intuiciones y propuestas que puedan surgir desde las Iglesias, y a facilitar su labor respondiendo, en la medida de lo posible, a las solicitudes que llegarán sobre los contenidos y metodologías de la fase de implementación. Un punto de interés particular es animar a las Iglesias para que su camino se desarrolle con un estilo sinodal. La experiencia de quienes ya han iniciado la fase de aplicación confirma que los contenidos y las decisiones son importantes, pero también lo son las modalidades en que se abordan. Si bien es indispensable contar con estructuras y normas adecuadas, esto por sí solo no basta. La perspectiva y la belleza de ser Iglesia sinodal han sido plenamente reconocidas por aquellas comunidades que han hecho la experiencia directa de la escucha y la participación en procesos de discernimiento y toma de decisiones. Es precisamente a este tipo de experiencia concreta y compartida, bajo la guía de los pastores, con frecuencia marcada por la alegría del Evangelio, a la que la Secretaría se compromete a continuar ofreciendo su servicio atento y puntual.
Una tercera tarea consiste en seguir coordinando los Grupos de Estudio, en colaboración con los Dicasterios competentes de la Curia Romana, en los que participan también pastores y expertos provenientes de todos los continentes. El Papa León XIV confirmó esta tarea, así como la creación de dos nuevos Grupos de Estudio: uno sobre “La liturgia en perspectiva sinodal” y otro sobre “El estatuto de las Conferencias Episcopales, Asambleas Eclesiales y Concilios Particulares”. Además, corresponde a la Secretaría asegurar que las decisiones del Papa, maduradas también a partir de los resultados de estos grupos, sean integradas armónicamente en el camino sinodal en curso. Con el fin de profundizar en los temas surgidos durante el proceso sinodal, la Secretaría también promoverá la realización de congresos y seminarios de estudio, fomentando momentos de reflexión compartida y de elaboración teológica y pastoral.





