miércoles, 22 de abril de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO IV DE PASCUA. CICLO A

                                                               

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana






“Yo soy la puerta de las ovejas


LECTURAS

 





Primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14a. 36-41


El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y declaró:
«Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».

Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:
«¿Qué tenemos que hacer, hermanos?»

Pedro les contestó:
«Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».

Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo:
«Salvaos de esta generación perversa».

Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.



Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5 R/. El Señor es mi pastor, nada me falta


El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mi,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.


Segunda lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 20-25


Queridos hermanos:

Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios.

Pues para esto habéis sido llamados, porque también Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.

Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca.

Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas; sino que se entregaba al que juzga rectamente.

Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia.

Con sus heridas fuisteis curados.

Pues andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas.


Evangelio según san Juan 10, 1-10


En aquel tiempo, dijo Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».




Los textos son cogidos de la página de 







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“Como estamos teniendo presente durante este tiempo de Pascua, desde hace unos meses, en la Diócesis de Valencia estamos realizando un proceso de reflexión y sensibilización de cara a la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales diocesanas que nos permitan afrontar los retos del momento presente para desarrollar la misión evangelizadora en el contexto actual. El tema 6, ‘Vocación, servicio, ministerio’, señala: «La cultura actual ofrece muchas alternativas, pero pocas orientaciones profundas. Se nos invita constantemente a elegir, pero sin un criterio sólido para ordenar los deseos. Muchas personas se sienten desorientadas. La velocidad de los cambios, la presión de lo inmediato y la dificultad para construir vínculos estables crean un clima interior que favorece la confusión sobre quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos». ”


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El cuarto domingo de Pascua es conocido como el ‘domingo del Buen Pastor’, porque en el Evangelio de todos los ciclos litúrgicos se lee un fragmento del discurso del Buen Pastor recogido en Jn 10. Y también la 2ª lectura nos decía: “Andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas”. Jesús, el Buen Pastor, nos advierte sobre los ladrones y bandidos que nos desorientan y confunden, que no entran “sino para robar y matar y hacer estragos”, y se presenta como la Puerta que nos abre a la salvación: “Yo he venido para que tengan vida y la tenga abundante”. 

El Buen Pastor llama a entrar por la Puerta que da a la vida, y que es Él mismo, “y él va llamando por el nombre a sus ovejas… y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz”. Esto es la vocación, y hoy hemos de preguntarnos si conocemos la voz de nuestro Buen Pastor, si somos conscientes de nuestra propia vocación. Erróneamente solemos restringir la vocación a ‘curas y monjas’, pero como decía la 1ª lectura, “la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro”. La vocación es para todos los que somos y formamos la Iglesia, porque «la variedad de vocaciones, carismas y ministerios tiene una raíz: ‘todos fuimos bautizados por un solo Espíritu en un solo cuerpo’ (1Cor 12, 13). El bautismo es el fundamento de la vida cristiana. De esta común y primera vocación recibida en el Bautismo surgen las demás vocaciones: al orden sacerdotal, a la vida consagrada, al matrimonio, a la vida laical comprometida». 

Para esquivar a tantos ‘ladrones y bandidos’ que nos desorientan y confunden, «es necesario promover una auténtica espiritualidad vocacional que impulse a los miembros de las comunidades cristianas a buscar el sentido de su vida y de su misión, como respuesta al amor recibido». Y descubrir que somos vocacionados es: 

«Un camino de escucha», porque “las ovejas atienden a su voz”. ¿Estoy atento a la Palabra del Buen Pastor? 

«Un camino de acogida. No se trata de alcanzar un ideal perfecto, sino de dejar que Dios entre en la vida y la transforme desde dentro. La vocación cristiana no pesa ni complica la vida; ofrece una luz que permite comprender la existencia con mayor hondura. Cuando alguien descubre que es llamado y que su vida tiene un sentido querido por el Señor, todo se ilumina de manera distinta. Cambia la forma de afrontar el sufrimiento, las decisiones, las relaciones, los límites, y también los deseos más profundos. La vocación ayuda a caminar con serenidad, esperanza y disponibilidad. 

Y es un camino de acompañamiento y testimonio, porque nuestras comunidades parroquiales se ven cada vez más necesitadas de testimonios de vida que lo pongan todo en común, vivan en un mismo corazón y un mismo sentir. De ese acompañamiento surge la vocación concreta. 

La vocación introduce una claridad nueva: no todo vale igual, no todo conduce a la plenitud. Hay caminos que nos acercan a Dios y caminos que nos desdibujan. Vivir la vocación implica aprender a distinguir. Es escuchar una palabra que da dirección, una palabra que no domina ni oprime, sino que ayuda a integrar la vida». La Palabra del Buen Pastor.



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Ante el desconcierto y la confusión que nos afectan, nos preguntamos, como a Pedro en la 1ª lectura: “¿Qué tenemos que hacer?” Y la respuesta de Pedro sigue siendo válida para nosotros: “Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros…” Necesitamos ser conscientes de nuestra vocación bautismal, «preparar el oído y el corazón para escuchar y recibir, con agradecimiento, la llamada que Dios tiene para cada uno de nosotros. Solemos pensar que la llamada vocacional se da sólo en la juventud. Es verdad que esta cuestión, de forma existencial y vital, se da en los primeros años de nuestra vida de manera privilegiada, pero no exclusiva. La vocación es algo que acompaña toda nuestra vida». Siempre podemos descubrir y vivir la vocación. 

Ojalá «que cada miembro de nuestras comunidades parroquiales descubra que es amado incondicionalmente por Dios, que su vida tiene sentido, que la verdadera libertad es la respuesta generosa a la llamada de Dios, y que todas las vocaciones en la Iglesia (al orden sacerdotal, a la vida consagrada, al matrimonio, a la vida laical comprometida) conducen a la plenitud del amor cristiano», a esa “vida en abundancia” que el Buen Pastor ofrece a quienes lo escuchan y siguen.  


miércoles, 15 de abril de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO III DE PASCUA. CICLO A

                                                              

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana






“Lo reconocieron al partir el pan


LECTURAS

 





Primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33


El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:
«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras.

A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:

“Veía siempre al Señor delante de mí,
pues está a mi derecha para que no vacile.
Por eso se me alegró el corazón,
exultó mi lengua,
y hasta mi carne descansará esperanzada.

Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos,
ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida,
me saciarás de gozo con tu rostro”.

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».



Salmo 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11 R/. Señor, me enseñarás el sendero de la vida


Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.


Segunda lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21


Queridos hermanos:

Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.



Evangelio según san Lucas 24, 13-35


Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo:
«¿Qué?».

Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.

Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.




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En los últimos tiempos se está observando un creciente interés por la fe cristiana. Después de muchos años, vemos que cantantes, actores y actrices, películas… abordan el tema de la fe. No se trata de echar las campanas al vuelo ni caer en erróneos triunfalismos, sino de interpretar estos ‘signos de los tiempos’ y discernir a la luz del Espíritu el camino a seguir. Como vemos en el material ‘Dad el fruto que pide la conversión’, que se está reflexionando en la diócesis de Valencia para la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales diocesanas: «Nos encontramos ante un nuevo tipo de búsqueda espiritual, que se concreta en una serie de indicadores. Las personas se hacen preguntas profundas sobre el sentido de la vida, y muchos tienen interés por la meditación, el silencio, la interioridad, aunque muchas veces se busque fuera de los caminos cristianos habituales. No se trata de un regreso masivo a las parroquias, pero estos indicadores pueden interpretarse como oportunidades que, bien conducidas, pueden revitalizar la vida en nuestras parroquias». (Tema 2: «Necesidad de transformación en un ‘cambio de época’»)


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Para responder a estas oportunidades, hemos de tener en cuenta, como vimos el domingo pasado, que «durante siglos, la pastoral de la Iglesia se desarrolló en un contexto cultural “cristiano”. Hoy, en cambio, muchas personas han crecido sin referencias cristianas. A menudo no han escuchado nunca el Evangelio de forma viva y cercana». 


Los signos actuales son por tanto una oportunidad para que todos pongamos en práctica y desarrollemos lo que denominamos ‘Primer Anuncio’: «es un mensaje que interpela y abre la puerta a la conversión, es la proclamación sencilla y directa del amor de Dios manifestado en Jesús» (Tema 5), lo nuclear de nuestra fe: «“Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte”. Cuando a este primer anuncio se le llama “primero”, eso no significa que está al comienzo y después se olvida o se reemplaza por otros contenidos que lo superan. Es el primero porque es el anuncio principal, ése que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ése que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra». (EG 164) 


El Primer Anuncio tiene unas claves que vemos recogidas en el Evangelio de hoy: 


“Dos discípulos iban caminando. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos”. El Primer Anuncio consiste en «llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata. Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino» (EG 127). Por tanto, es necesario ‘estar’ y compartir la vida. 


“Él les dijo: ¿Qué conversación es ésa que traéis mientras vais de camino?” En el Primer Anuncio se parte de la escucha: «es un diálogo personal, donde la otra persona se expresa y comparte sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón». (EG 128) 


“Lo de Jesús el Nazareno… Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel… Es verdad que algunas mujeres vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo…” Desde esa escucha respetuosa y atenta podremos descubrir lo que la otra persona vive, siente, piensa… respecto a la fe, a Jesucristo, la Iglesia… sin juzgar, sin imponer. 


“Entonces Él les dijo…” Después de la escucha es cuando compartimos la propia experiencia de fe. «El Primer anuncio no debe confundirse con una clase de catequesis, una explicación teológica compleja o un discurso moralista. Más bien ha de ser un testimonio personal, breve y claro, realizado mediane un lenguaje cercano» (Tema 5). Se trata de hablar de nuestro encuentro personal con el Señor y cómo Cristo está presente en nuestra vida.



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El texto evangélico contiene otros elementos a tener en cuenta (la Escritura, la Eucaristía, la inserción en la comunidad eclesial…) pero, como veremos, esto se propondrá en otros momentos. 


“Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída”. El Primer Anuncio es un proceso que lleva tiempo, hay que ‘quedarse’ y acompañar. Como Jesús, hay que tener paciencia y dejar que la persona vaya madurando, respetando los ritmos y la libertad de quien recibe el Primer Anuncio para acogerlo o rechazarlo. No queramos ‘meter a la fuerza’ a las personas en la Iglesia, llevándolas enseguida a Misa, a confesarse, a unos Ejercicios o charlas… 


Como se indica en el Tema 2: «Todavía no sabemos bien hacia dónde nos llevará este giro religioso. No está claro si se traducirá en un mayor acercamiento a la Iglesia. Pero sí es un signo de que la sed de Dios no ha desaparecido. Para la Iglesia, esto es una oportunidad, es una llamada» a que todos pongamos en práctica el Primer Anuncio y siga sonando en nuestro mundo el mensaje central: “Era verdad, ha resucitado el Señor”.