HOJA PARROQUIAL
30 y 31 de Mayo de 2026
Domingo de la Santísima Trinidad. Ciclo A
ENLACE A TODOS LOS PORTALES DE LA PARROQUIA
“Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por Él”
LECTURAS
Primera lectura del libro del Éxodo 34, 4b-6. 8-9
Salmo
Dn 3, 52-56 R/. A ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en la bóveda del cielo. R/.
Segunda lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 13, 11-13
Evangelio según san Juan 3, 16-18
Los textos son cogidos de la página de
ver
Una tarde, al cruzar una avenida que está orientada hacia poniente, un peatón aprovechó para sacar una fotografía de la puesta de sol, que era muy bonita: el sol estaba bajo y se veía grande, no deslumbraba, había algunas nubes y el cielo ofrecía distintos tonos de colores rojos y anaranjados. Cuando contemplamos algo así, no nos detenemos a pensar que eso se debe a la dispersión de la luz solar al atravesar con mayor inclinación la atmósfera, que deja pasar sólo los tonos cálidos porque son de onda larga… Simplemente, como ese peatón, disfrutamos el momento, porque tiene efectos beneficiosos en nuestro cuerpo, mente y espíritu, nos alegra, nos relaja y nos da paz.
juzgar
Hoy estamos celebrando la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Como indica el Catecismo: «es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina». (234) «La Trinidad es un misterio de fe en sentido estricto, uno de los misterios escondidos en Dios, que no pueden ser conocidos si no son revelados desde lo alto. Dios, ciertamente, ha dejado huellas de su ser trinitario en su obra de Creación y en su Revelación a lo largo del Antiguo Testamento. Pero la intimidad de su Ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón». (237)
Pero, aunque no sea accesible por la sola razón, eso no significa que afirmar la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo sea ‘irracional’; la razón puede ayudar a acercarnos al Misterio, y ahí tenemos toda la reflexión teológica y filosófica que desde los comienzos del cristianismo se ha llevado a cabo, profundizando en el conceptos como naturaleza, esencia, propiedades y misiones de las Personas divinas, las relaciones entre Ellas… todo con el fin de mostrar la razonabilidad de este Misterio central de la fe y de la vida cristiana. Y es necesario hacer esta reflexión.
Pero quedarnos en esto sería como contemplar una puesta de sol pensando sólo en las razones físicas que la provocan. Por eso, la Solemnidad de hoy nos invita a contemplar a Dios, a ‘disfrutar el momento’, como ese peatón que disfrutó contemplando la puesta de sol y sacó una foto para tenerla como recuerdo y así, al verla, sentir de nuevo su belleza. Hoy contemplamos a Dios tal como Él se nos manifiesta, porque esto tiene también efectos beneficiosos para nuestro cuerpo, mente y alma. Y la Palabra de Dios nos ofrece algunas orientaciones para esa contemplación.
En la 1ª lectura hemos escuchado que “Moisés madrugó y subió a la montaña del Sinaí… el Señor bajó en la nube y se quedó con él allí”. Para poder contemplar a Dios y disfrutar el momento, necesitamos dedicarle un tiempo y lugar que sean ‘para Él’. Y esto nos lo ofrece la parroquia, sobre todo cuando nos reunimos el domingo para celebrar la Eucaristía. El Señor ‘baja’ a nuestro encuentro y se queda con nosotros, haciéndose especialmente cercano en su Palabra y en su Cuerpo y Sangre.
“El Señor pasó ante Él proclamando: Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad”. Contemplamos a Dios y lo disfrutamos cuando ‘recordamos’, cuando traemos a la memoria y al corazón las veces que Él se ha mostrado compasivo y misericordioso con nosotros, las veces que nos ha ofrecido su perdón, la fidelidad con que siempre nos trata…
En el Evangelio, Jesús ha dicho: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”. Jesús nos está revelando el Misterio de Dios, las tres Personas que forman una única divinidad: un Padre que nos ama tanto que, por obra del Espíritu Santo, envía a su Hijo único, que también por amor carga con la Cruz, para que nosotros podamos encontrar la salvación y compartir la vida eterna de Dios. Contemplamos a Dios y lo disfrutamos cuando recordamos que es un Misterio de Amor, cuando pensamos en las palabras y obras de Jesús, y cómo el Espíritu Santo nos va enseñando y recordando todo esto para guiarnos cada día.
actuar
También decía Jesús: “Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él”. El Misterio de la Santísima Trinidad no se nos ha manifestado para crearnos quebraderos de cabeza, o para sentirnos mal o rechazarlo porque no lo podemos entender.
Hagamos nuestras las palabras de san Pablo: que “la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos nosotros”, para contemplar y disfrutar este Misterio de Amor, porque sólo ese Amor infinito puede salvarnos del sinsentido y la desesperanza.





