HOJA PARROQUIAL
11 y 12 de Abril de 2026
Domingo II de Pascua. Domingo de la Divina Misericordia. Ciclo A
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REVISIÓN DE LA CUARESMA Y SEMANA SANTA
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“Lo reconocieron al partir el pan”
LECTURAS
Primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33
A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:
Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».
Salmo 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11 R/. Señor, me enseñarás el sendero de la vida
Segunda lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21
Queridos hermanos:
Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.
Evangelio según san Lucas 24, 13-35
Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.
Pero él desapareció de su vista.
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Los textos son cogidos de la página de
ver
En los últimos tiempos se está observando un creciente interés por la fe cristiana. Después de muchos años, vemos que cantantes, actores y actrices, películas… abordan el tema de la fe. No se trata de echar las campanas al vuelo ni caer en erróneos triunfalismos, sino de interpretar estos ‘signos de los tiempos’ y discernir a la luz del Espíritu el camino a seguir. Como vemos en el material ‘Dad el fruto que pide la conversión’, que se está reflexionando en la diócesis de Valencia para la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales diocesanas: «Nos encontramos ante un nuevo tipo de búsqueda espiritual, que se concreta en una serie de indicadores. Las personas se hacen preguntas profundas sobre el sentido de la vida, y muchos tienen interés por la meditación, el silencio, la interioridad, aunque muchas veces se busque fuera de los caminos cristianos habituales. No se trata de un regreso masivo a las parroquias, pero estos indicadores pueden interpretarse como oportunidades que, bien conducidas, pueden revitalizar la vida en nuestras parroquias». (Tema 2: «Necesidad de transformación en un ‘cambio de época’»)
juzgar
Para responder a estas oportunidades, hemos de tener en cuenta, como vimos el domingo pasado, que «durante siglos, la pastoral de la Iglesia se desarrolló en un contexto cultural “cristiano”. Hoy, en cambio, muchas personas han crecido sin referencias cristianas. A menudo no han escuchado nunca el Evangelio de forma viva y cercana».
Los signos actuales son por tanto una oportunidad para que todos pongamos en práctica y desarrollemos lo que denominamos ‘Primer Anuncio’: «es un mensaje que interpela y abre la puerta a la conversión, es la proclamación sencilla y directa del amor de Dios manifestado en Jesús» (Tema 5), lo nuclear de nuestra fe: «“Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte”. Cuando a este primer anuncio se le llama “primero”, eso no significa que está al comienzo y después se olvida o se reemplaza por otros contenidos que lo superan. Es el primero porque es el anuncio principal, ése que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ése que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra». (EG 164)
El Primer Anuncio tiene unas claves que vemos recogidas en el Evangelio de hoy:
“Dos discípulos iban caminando. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos”. El Primer Anuncio consiste en «llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata. Es la predicación informal que se puede realizar en medio de una conversación y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino» (EG 127). Por tanto, es necesario ‘estar’ y compartir la vida.
“Él les dijo: ¿Qué conversación es ésa que traéis mientras vais de camino?” En el Primer Anuncio se parte de la escucha: «es un diálogo personal, donde la otra persona se expresa y comparte sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón». (EG 128)
“Lo de Jesús el Nazareno… Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel… Es verdad que algunas mujeres vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo…” Desde esa escucha respetuosa y atenta podremos descubrir lo que la otra persona vive, siente, piensa… respecto a la fe, a Jesucristo, la Iglesia… sin juzgar, sin imponer.
“Entonces Él les dijo…” Después de la escucha es cuando compartimos la propia experiencia de fe. «El Primer anuncio no debe confundirse con una clase de catequesis, una explicación teológica compleja o un discurso moralista. Más bien ha de ser un testimonio personal, breve y claro, realizado mediane un lenguaje cercano» (Tema 5). Se trata de hablar de nuestro encuentro personal con el Señor y cómo Cristo está presente en nuestra vida.
actuar
El texto evangélico contiene otros elementos a tener en cuenta (la Escritura, la Eucaristía, la inserción en la comunidad eclesial…) pero, como veremos, esto se propondrá en otros momentos.
“Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída”. El Primer Anuncio es un proceso que lleva tiempo, hay que ‘quedarse’ y acompañar. Como Jesús, hay que tener paciencia y dejar que la persona vaya madurando, respetando los ritmos y la libertad de quien recibe el Primer Anuncio para acogerlo o rechazarlo. No queramos ‘meter a la fuerza’ a las personas en la Iglesia, llevándolas enseguida a Misa, a confesarse, a unos Ejercicios o charlas…
Como se indica en el Tema 2: «Todavía no sabemos bien hacia dónde nos llevará este giro religioso. No está claro si se traducirá en un mayor acercamiento a la Iglesia. Pero sí es un signo de que la sed de Dios no ha desaparecido. Para la Iglesia, esto es una oportunidad, es una llamada» a que todos pongamos en práctica el Primer Anuncio y siga sonando en nuestro mundo el mensaje central: “Era verdad, ha resucitado el Señor”.





