Parroquias del Realejo Bajo
La vida parroquial de las Parroquias de la Concepción, el Carmen y San Joaquín y Santa Ana
viernes, 31 de julio de 2026
jueves, 30 de julio de 2026
HOJA PARROQUIAL. DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A
HOJA PARROQUIAL
1 y 2 de Agosto de 2026
Domingo XVIII del Tiempo Ordinario. Ciclo A
ENLACE A TODOS LOS PORTALES DE LA PARROQUIA
“Comieron todos y se saciaron”
LECTURAS
Primera lectura del libro de Isaías 55, 1-3
Salmo 144, 8-9. 15-16. 17-18 R/. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.
Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 35. 37-39
Evangelio según san Mateo 14, 13-21
Los textos son cogidos de la página de
ver
Una conocida canción de finales de los 60 se titula ‘Tres cosas hay en la vida’. Y la letra decía: «Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor. Y el que tenga estas tres cosas, que le dé gracias a Dios». Todos estaríamos de acuerdo en esta afirmación, pero lo cierto es que estas tres cosas pocas veces se dan a la vez; y, aunque se den a la vez, no suele ser por un tiempo prolongado.
juzgar
Cuando esta canción era más popular, a veces en las tertulias que tenía la gente se preguntaban: ‘Si tuviéramos que elegir una, ¿cuál sería?’. Las respuestas dependían mucho de la edad de las personas. Los jóvenes solían decir que ‘dinero’, porque no solían tener problemas de salud y decían que con dinero puedes tener las otras dos; los mayores solían decir que ‘salud’, porque a determinadas edades la salud ya empieza a ser un problema y ‘si estás bien de salud, puedes soportar mejor la falta de las otras dos cosas’. Pocas veces salía en primer lugar el amor.
Sin embargo, la experiencia de la vida nos muestra que, aunque sea necesario para vivir y en determinados aspectos solucione problemas, el dinero por sí solo no da ni la salud, ni el amor; y también sabemos que, por mucho dinero que tengas, la salud se va deteriorando y acaba perdiéndose más pronto o más tarde. Y también por experiencia sabemos que, cuando atravesamos situaciones difíciles, tener al lado a alguien que nos ama es lo que nos da fuerza y esperanza.
En este sentido, la Palabra de Dios de este domingo nos llama a poner el amor en el primer lugar de las ‘cosas que hay en la vida’. La 2ª lectura nos invitaba a reflexionar: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?” Y enumera algunas de esas otras ‘cosas de la vida’ que pueden afectarnos negativamente: “¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?”. Recordemos experiencias que hemos pasado o estamos pasando de tribulación, de angustia… situaciones en la que nos hemos sentido ‘hambrientos’, ‘desnudos’, en peligro… Ante estas ‘cosas de la vida’, san Pablo afirma rotundamente: “En todo esto vencemos de sobra gracias a Aquél que nos ha amado… Pues ni muerte, ni vida… ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor”.
Jesucristo es el amor de Dios encarnado, que se hace cercano a nosotros. Como recordó el Papa Benedicto XVI en ‘Dios es amor’, «en Jesucristo, el propio Dios va tras la humanidad doliente y extraviada» (12). Así lo hemos visto en el Evangelio de hoy: “Jesús vio una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos”. Un amor que llega a su máxima expresión en la Cruz: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”. (Jn 3, 16)
Y Jesús realiza el signo de la multiplicación de los panes y los peces como un anticipo de la Eucaristía porque, como también escribió Benedicto XVI en ‘Sacramentum caritatis’: «La Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo revelándonos el amor infinito de Dios. En este admirable Sacramento se manifiesta el amor ‘más grande’. En el Sacramento eucarístico, Jesús sigue amándonos ‘hasta el extremo’, hasta el don de su cuerpo y de su sangre». (1) La Eucaristía es la actualización hoy del amor entregado de Jesús: «el Señor se queda entre nosotros, compañero fiel de nuestro camino. La Eucaristía nos hace descubrir que Cristo muerto y resucitado se hace contemporáneo nuestro» (97) y así, al recibirla, podemos tener la certeza de que nada ni nadie “podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús”.
actuar
Con sinceridad, si tuviera que elegir una de las ‘tres cosas que hay en la vida’, ¿cuál sería? ¿Por qué? ¿Qué siento al escuchar que nada “podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús?”.
La 1ª lectura decía: “Oíd, sedientos todos, acudid por agua, venid también los que no tenéis dinero… ¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta…?”. Demasiadas veces ponemos nuestra prioridad y esfuerzo en ‘cosas de la vida’ que no nos alimentan, y nos siguen dejando sedientos.
Hoy el Señor nos invita a que busquemos y elijamos ante todo su amor. Y lo tenemos a nuestro alcance, porque «mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía, en la liturgia de la Iglesia, en su oración, en la comunidad viva de los creyentes, experimentamos el amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo, aprendemos también a reconocerla en nuestra vida cotidiana. Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor». (DCE 17) Y nada ni nadie podrá separarnos de Él.
jueves, 23 de julio de 2026
HOJA PARROQUIAL. DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A
HOJA PARROQUIAL
25 y 26 de Julio de 2026
Domingo XVII del Tiempo Ordinario. Ciclo A
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“Vende todo lo que tiene y compra el campo”
LECTURAS
Primera lectura del primer libro de los Reyes 3, 5. 7-12
Salmo 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130 R/. ¡Cuánto amo tu ley, Señor!
Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30
Evangelio según san Mateo 13, 44-52
Los textos son cogidos de la página de
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Desde hace unos años, cuando vas a ver una exposición, o a un restaurante, o a ver un espectáculo, se han puesto de moda las ‘experiencias inmersivas’. Mediante olores, sonidos, imágenes… se procura que la persona no sea un simple espectador o consumidor, sino que se sienta formando parte de lo que se le ofrece, que pueda interactuar, y que le deje un recuerdo más profundo.
juzgar
Desde hace varios domingos estamos escuchando en el Evangelio diferentes parábolas. Una parábola es un recurso para transmitir una enseñanza, no a base de conceptos y definiciones teóricas, sino construyendo una narración en la cual los personajes y otros elementos se utilizan para transmitir esa enseñanza. Jesús utilizó mucho las parábolas en su predicación. Podemos decir que Jesús, como Maestro, no quiere simplemente transmitir ideas y pensamientos, sino que quiere ofrecer a sus oyentes una ‘experiencia inmersiva’, proponiéndoles ejemplos y situaciones que forman parte de su vida cotidiana, de su trabajo, de su vida familiar, de sus celebraciones, de lo que ellos conocen y experimentan.
Así, hemos escuchado la parábola del sembrador, la del trigo y la cizaña, la del grano de mostaza, la de la levadura… Y hoy hemos escuchado otras parábolas muy conocidas: la del tesoro escondido, la de la perla de gran valor, la de la red que recoge toda clase de peces y luego se van escogiendo, la del padre de familia que va sacando lo nuevo y lo antiguo… Estas imágenes y actividades permitían a quienes escuchaban a Jesús sentirse inmersos en la narración, que formaban parte de la misma y, por eso mismo, descubrían mejor la verdad de fe que Jesús les transmitía. Seguramente nosotros, que somos ‘urbanitas’, no vemos estos ejemplos como algo que forma parte de nuestra vida cotidiana, pero eso no significa que no podamos vivir también una ‘experiencia inmersiva’ y descubrir mejor la enseñanza que Jesús nos quiere transmitir, para llevarla a la práctica.
Con la parábola del sembrador, podemos identificarnos con él, pensando en las veces que hemos procurado educar y acompañar en la fe, y la escasez de frutos; o podemos identificarnos con alguno de los tipos de tierra, pensando en cómo acogemos la Palabra de Dios.
Con la del trigo y la cizaña, podemos tener presente las veces que, en nosotros mismos o en otras personas, situaciones… los mejores propósitos conviven con el pecado.
Con las del grano de mostaza y la levadura, podemos recordar las veces que una palabra, o una pequeña acción o gesto, ha hecho o nos ha hecho un gran bien.
Con las del tesoro escondido y la perla de gran valor, podemos pensar en la alegría que nos llevamos si nos ha tocado alguna vez un premio, o hemos recibido una buena noticia inesperada, o hemos encontrado un chollo, una ganga; y pensar si para nosotros conocer el Reino de los cielos, con todo lo que significa, es algo que vivimos como un premio, algo muy bueno que nos ha sido regalado… y qué estamos dispuestos a hacer para conservarlo, para que no nos lo quiten.
Con la de la red que recoge toda clase de peces, podemos pensar en nuestra Iglesia, en cómo está abierta a personas de toda cultura y condición; y, con la criba final de los peces, también podemos reflexionar sobre cómo nos estamos preparando para el juicio de Dios, al final de los tiempos.
Con la del padre de familia que va sacando lo nuevo y lo antiguo, podemos pensar si en nuestra vida de fe sabemos aprovechar tanto lo que hemos recibido de quienes nos han precedido (enseñanzas, estilos, costumbres, tradiciones…); y si estamos abiertos a la necesaria conversión pastoral, a adoptar nuevas formas, lenguaje, estilo… para que el anuncio del Reino continúe hoy.
actuar
¿He participado en alguna experiencia inmersiva? ¿Me ayudó a vivir mejor ese momento? Cuando escucho una parábola, ¿la veo como algo ajeno a mi vida y circunstancias, o me identifico con ella?
En la 1ª lectura, Salomón pedía “un corazón atento para discernir entre el bien y el mal”; y en la 2ª lectura, san Pablo decía: “A los que aman a Dios todo les sirve para el bien”. Pidamos a Dios también un corazón atento a sus parábolas para que las llevemos a la práctica y todo lo que hacemos y decimos en nuestra vida cotidiana vaya reflejando ese Reino de los cielos que Jesús vino a anunciarnos.
miércoles, 15 de julio de 2026
HOJA PARROQUIAL. DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A
HOJA PARROQUIAL
18 y 19 de Julio de 2026
Domingo XVI del Tiempo Ordinario. Ciclo A
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“Déjalos crecer juntos hasta la siega”
LECTURAS
Primera lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19
Salmo 85, 5-6. 9-10. 15-16a R/. Tú, Señor, eres bueno y clemente.
Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27
Evangelio según san Mateo 13, 24-30
Los textos son cogidos de la página de
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Desde hace tiempo estamos escuchando noticias sobre procesos judiciales abiertos a personas que ocupan lugares destacados en la sociedad, en la política, y en otros ámbitos. Otras veces, las noticias hacen referencia a delitos o crímenes que han causado un gran impacto. Deseamos que sobre estas personas caiga todo el peso de la ley y, cuando se dicta alguna sentencia, el sentimiento general es de satisfacción, y esperamos que quienes han sido juzgados cumplan su condena.
juzgar
Desde antiguo, las sociedades han visto la necesidad de impartir justicia para asegurar la convivencia, y por eso hoy la Palabra de Dios nos invita a que, como cristianos, no caigamos en una mentalidad estrictamente judicial, tal como la entendemos en la sociedad, sino que vayamos más allá, en el sentido de la justicia tal como Dios nos lo ha revelado.
En la 1ª lectura hemos escuchado: “Tu fuerza es el principio de la justicia. Despliegas tu fuerza ante el que no cree en tu poder perfecto…”. Desde nuestra mentalidad, entenderíamos, y desearíamos, que Dios hiciese justicia utilizando su fuerza todopoderosa, para acabar de una vez con los malvados.
Pero seguía diciendo: “Tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia”. Y así ya nos muestra algunas características de la justicia divina.
Moderación: En este aspecto hay relación con la justicia tal como nosotros la entendemos, es el principio de proporcionalidad de las penas: no se trata de hacer caer todo el peso de la ley, sino de que la sanción impuesta guarde estricta relación con la gravedad del delito cometido.
Indulgencia: Aquí ya empiezan las diferencias: nosotros podemos interpretar la indulgencia como ‘aquí no ha pasado nada’. Pero, como vimos durante el Jubileo, la indulgencia no niega ni oculta el pecado cometido: lo que hace es ofrecer una nueva oportunidad al pecador, como señaló el Papa Francisco en la Bula de convocación del Jubileo de la Esperanza: «La indulgencia permite descubrir cuán ilimitada es la misericordia de Dios. No sin razón en la antigüedad el término ‘misericordia’ era intercambiable con el de ‘indulgencia’, precisamente porque pretende expresar la plenitud del perdón de Dios que no conoce límites». (23)
Por eso continúa la lectura: “Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos una buena esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores”. Dios no está diciendo que no haya que hacer justicia, sino que forma parte de la justicia ofrecer la posibilidad de arrepentimiento.
Así lo ha expresado Jesús en el Evangelio, en la parábola del trigo y la cizaña: “Dejadlos crecer juntos hasta la siega”. Jesús no está pidiendo que no se haga nada, sino que, como cristianos, recordemos que en la vida de cada persona se entremezclan trigo y cizaña. Y que en cualquiera de nosotros, en cualquier momento, también puede triunfar la cizaña. Por eso hemos de ser indulgentes, en el sentido de Dios, con quienes han cometido algún pecado o delito.
Hoy es un día para que tengamos presente y valoremos la pastoral penitenciaria, que descubre en las personas encarceladas la realidad del trigo y la cizaña, y tratan de practicar la justicia divina, porque «las personas encarceladas son uno de los ámbitos privilegiados para toparnos con el Dios del Evangelio, ya que en su fragilidad se manifiesta y encarna más ampliamente la misericordia de Dios, posibilitando el perdón. La comunidad eclesial, alimentándose de la misericordia divina, ha de hacer suyas las miserias y carencias de estas personas para pasarlas por el corazón de Dios y llenarlas de libertad. Ojalá que cuantos nos sentimos Iglesia descabalguemos nuestra comodidad y prejuicios, implicándonos en el dolor de las víctimas y agresores, hasta llegar a transformar el lento tiempo de la cárcel en tiempo de Dios, en tiempo de gracia y misericordia». (Secretariado de Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de Valencia).
actuar
Recordando que todos tenemos trigo y cizaña, oremos hoy por las personas encarceladas y por sus víctimas, y por quienes desarrollan la pastoral penitenciaria, teniendo presentes las palabras que el Papa León ofreció en su visita al centro penitenciario en Barcelona: «No existe ninguna situación que haga al Señor apartar de nosotros su mirada. Su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho. Los errores de la vida no determinan la identidad de una persona. Si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones. ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar». (10 junio 2026)





