HOJA PARROQUIAL
20 y 21 de Junio de 2026
Domingo XII del Tiempo Ordinario. Ciclo A
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“El que no carga con la cruz no es digno de mí. El que les recibe a ustedes, me recibe a Mí”
LECTURAS
Primera lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16a
Pasó Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba.
Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó.
Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada.
Salmo 88, 2-3. 16-17. 18-19 R/. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-4. 8-11
Hermanos:
Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.
Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios.
Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
Evangelio según san Mateo 10, 37-42
El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».
Los textos son cogidos de la página de
ver
A estas alturas del mes de junio, para muchos las vacaciones están ya cerca. Aunque todavía tengan que seguir trabajando durante unos días, parece que las cosas de cada día se viven de otra manera. El trabajo y los problemas continúan, pero ya vamos haciendo preparativos porque, por dentro, el pensamiento y el ánimo están ‘ya de vacaciones’ y así se lleva mejor todo lo presente.
juzgar
La segunda lectura de este domingo nos ha recordado algo en lo que no solemos pensar habitualmente: que tenemos pendientes unas ‘vacaciones’: la vida eterna tras nuestra muerte. Y, además, no sabemos cuándo empezarán: lo que sí sabemos con seguridad es que ese día llegará.
La certeza de la muerte la podemos vivir desde el miedo, como veíamos el domingo pasado, o podemos afrontarla preparándonos con antelación, como hacemos con nuestras vacaciones estivales. Y a esto es a lo que nos invita san Pablo en estas palabras que hemos escuchado y que debemos tener muy en cuenta: “Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte. Por el Bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre”. El Bautismo es lo que nos permite vivir la certeza de la muerte con esperanza.
Para san Pablo y para los primeros cristianos, el Bautismo tenía un gran simbolismo. El catecúmeno era sumergido en el agua como expresión de estar unido a Cristo en su muerte para ‘morir’ al hombre viejo, y ‘resucitar’ con Él, renaciendo como hombre nuevo.
“Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él”. En el Bautismo hemos recibido la reserva segura de las ‘vacaciones’ en la vida eterna, tras nuestra muerte y resurrección. Y por eso san Pablo añade: “así también nosotros andemos en una vida nueva”. Quien ha recibido el Bautismo puede sentirse ‘ya de vacaciones’, puede vivir ya desde ahora con la mirada puesta en la Resurrección.
La esperanza en esas ‘vacaciones’ requiere que vayamos haciendo los preparativos necesarios, y eso ha de reflejarse en nuestro estilo de vida, reorganizando nuestro orden de prioridades, como nos ha pedido Jesús en el Evangelio con unas palabras muy provocativas: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí”; Solemos interpretar estas palabras en sentido excluyente: ‘o el amor a Jesús o el amor a la familia’, pero no es así. Jesús lo que nos pide es que Él sea el primero en nuestro amor, que seamos cristocentricos; que, por mucho que amemos a padres, madres, hijos o hijas, nuestro amor por Jesús aún sea mayor, que siempre manifestemos Quién es la fuente de nuestro amor, porque por Él es por quien sabemos y podemos amar de verdad, como Él nos ama, a quienes más amamos en el mundo.
La preparación para las ‘vacaciones’ de la vida eterna conlleva también exigencias: “el que no carga con la cruz y me sigue, no es digno de mí”. La certeza de la resurrección y del amor a Jesús no eliminan las dificultades cotidianas. Lo que Jesús nos pide es que, precisamente la esperanza que sentimos, afrontemos las cosas buenas, y también las cruces, con un ánimo nuevo.
También decía san Pablo: “Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús”. El pecado es todo aquello que nos aparta de Dios y nos impide estar bien preparados para empezar las ‘vacaciones’ cuando nos llegue el momento, y hemos de rechazarlo; y estar “vivos para Dios” significa potenciar todo lo que nos une a Jesús: la oración, los Sacramentos, el amor como Él nos ha amado.
actuar
¿Voy a poder disfrutar de unos días de descanso? ¿Estoy haciendo preparativos, me siento ‘ya de vacaciones’? ¿Pienso en las ‘vacaciones’ de la vida eterna? ¿Cómo me estoy preparando? ¿Tengo presente lo que significa haber recibido el Bautismo? ¿Mi amor a Jesús es el primero?
Por el Bautismo, el Señor nos ha reservado unas vacaciones junto a Él en el Reino de los Cielos. No sabemos cuándo comenzarán, pero desde ahora podemos sentirnos ‘ya de vacaciones’. Vivamos la alegría de la anticipación, preparémonos del mejor modo poniendo el amor a Jesús en el centro de nuestra vida. Que su amor y el recuerdo de su propia muerte y resurrección nos den fuerza para vivir cada día, con sus alegrías y sus cruces, con la esperanza de poder gozar un día plenamente de esas ‘vacaciones’ en la vida eterna junto a Él.





