miércoles, 25 de febrero de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO II DE CUARESMA. CICLO A

                                                         

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

28 de Febrero y 1 de Marzo de 2026

Domingo II de Cuaresma. Ciclo A












Cuaresma 2026



PROGRAMA DE CUARESMA



ENLACE A TODOS LOS PORTALES DE LA PARROQUIA


Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana














“Su rostro resplandecía como el sol


LECTURAS

 



Primera lectura del libro del Génesis 12, 1-4a


En aquellos días, el Señor dijo a Abrán:
«Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré.
Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre y serás una bendición.
Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra».
Abrán marchó, como le había dicho el Señor.



Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22 R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti


La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.


Segunda lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 8b-10


Querido hermano:
Toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.
Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.


Evangelio según san Mateo 17, 1-9


En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».



Los textos son cogidos de la página de 







ver



El Miércoles de Ceniza dijimos que el deseo y la pasión son dos fuerzas, psicológicas y físicas, muy fuertes y constitutivas del ser humano pero que, lamentablemente, las hemos reducido sólo al aspecto sexual y por eso las rodeamos de connotaciones negativas y sospechosas de pecado. Pero el deseo y la pasión son dos fuerzas que deberían movernos, sobre todo, en los aspectos más importantes de nuestra vida: el deseo es el movimiento afectivo hacia algo que se apetece, y la pasión es una inclinación muy viva hacia alguien o hacia algo. Y cuando algo lo deseamos de verdad, o nos apasionamos por ello, no nos duele tiempo y esfuerzo para alcanzarlo y disfrutarlo. Pero sabemos por experiencia que, con el paso del tiempo, el deseo y la pasión por algo o alguien suelen ir apagándose y, en ocasiones, acaban desapareciendo.



juzgar


También dijimos que el Señor nos invita a vivir la Cuaresma con verdadero deseo y pasión, ante todo, porque Él, como verdadero hombre, experimentó también con fuerza el deseo y la pasión: el deseo intenso de cumplir la voluntad de su Padre por nuestra salvación; y este deseo lo vivió con pasión, en sus palabras y en sus obras, hasta culminar en su Pasión y muerte en la Cruz. Por eso, nosotros debíamos responder con deseo y pasión a la petición que nos hizo: “Convertíos a mí…” 

Pero, como vimos el domingo pasado, al igual que nos ocurre en nuestra vida con cosas y personas, también en la vida de fe tenemos la tentación de que se nos enfríe ese deseo y pasión por vivir la Cuaresma, por convertirnos. 

Es lo que ocurrió a los Discípulos. El pasaje que hemos escuchado hoy en el Evangelio es el comienzo del capítulo 17 de Mateo; inmediatamente antes, en el final del capítulo 16, Jesús había comenzado “a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo”. Y Jesús, después de reprender a Pedro, “dijo a los discípulos: «El que quiera venir en pos de mí que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga»”. Jesús se da cuenta de que la pasión y el deseo de los Discípulos corren el peligro de enfriarse, y por eso, “tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos”. Jesús se transfigura para reavivar el deseo y la pasión de los Discípulos, haciéndoles vivir una experiencia de lo que será la manifestación plena de su gloria, y consigue que Pedro exclame: “Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí!” Una experiencia que, tras la Resurrección de Jesús, les servirá para impulsar su deseo y pasión por anunciar el Evangelio. 

También a nosotros el Señor nos ofrece ‘experiencias de transfiguración’ para reavivar el deseo y la pasión por vivir la Cuaresma, por convertirnos; son momentos muy personales y especiales de encuentro con Dios, a veces muy sencillos: una celebración, un tiempo de oración, una lectura, una conversación con alguien… que nos hacen sentir, como a Pedro: “Señor, ¡qué bueno…!” 

Estos momentos de transfiguración no eliminan las dificultades de la vida guiada por la fe, ni los otros problemas de la vida, pero nos dan fuerzas para afrontarlos con nuevo ánimo, porque reavivan nuestro deseo y pasión por seguir a Jesús. 

Y, para que no se quede sólo en una experiencia puntual, los Discípulos también reciben un mandato, “una voz desde la nube decía: Éste es mi Hijo, en quien me complazco. Escuchadlo”. Para reavivar el deseo y la pasión por seguir a Jesús es necesario escucharlo, prestar atención a su Palabra, leyendo y reflexionando al menos las lecturas de la Eucaristía diaria y las dominicales, porque en ellas el Señor nos está hablando de Él y de su mensaje de salvación para cada uno de nosotros.


actuar




¿He experimentado que mi deseo y pasión por algo o alguien se ha ido apagando con el tiempo? ¿A qué se debió? ¿Mantengo el deseo y la pasión por vivir la Cuaresma, por convertirme al Señor? 

Para reavivar nuestro deseo y pasión por vivir la Cuaresma, por convertirnos, el Señor nos regala experiencias de transfiguración: aprovechémoslas, porque hacen que, como Abrán en la 1ª lectura, nos decidamos a ‘salir de nuestra tierra’, de lo conocido, de la rutina y la comodidad. Y, como decía san Pablo en la 2ª lectura, tomaremos parte con verdadero deseo y pasión en los duros trabajos del Evangelio, según las fuerzas que Dios nos dé, para seguir viviendo y anunciando su salvación.









Posteriormente, se incorpora una tercera tarea: el DF reconoce en las Conferencias Episcopales un instrumento para expresar y realizar la colegialidad episcopal, y para favorecer la comunión entre las Iglesias. Por ello, la sinodalidad también plantea preguntas sobre los modos concretos de funcionamiento de estas estructuras. El número 125 del DF ofrece algunas indicaciones específicas al respecto, que, evidentemente, no pueden ser asumidas por cada Iglesia local de manera aislada. Por lo tanto, será fundamental que las agrupaciones de Iglesias inicien una reflexión y una experimentación de modos de proceder sinodales a su propio nivel, cuyos resultados contribuirán a la fase de evaluación.


2.4. El servicio de la Secretaría General del Sínodo


La Secretaría General del Sínodo ha recibido del Papa Francisco, primero, y luego de León XIV, el encargo de desempeñar un papel de animación y coordinación a través de un camino de acompañamiento durante el cuatrienio 2025-2028.


En este marco, una primera tarea de la Secretaría General es alimentar la comunión en el espíritu del intercambio de dones y en la perspectiva de la “conversión de los vínculos” (DF, Parte IV) entre las Iglesias. Instrumentos importantes con este fin son la escucha de las experiencias desarrolladas en los diversos contextos eclesiales y la promoción de una reflexión conjunta sobre ellas, para que juntos podamos reconocer la voz del Espíritu y orientar nuestros pasos en la dirección que el Espíritu nos indique. La Secretaría está llamada a favorecer un diálogo continuo entre las Iglesias, facilitando la comunicación y el intercambio recíproco, principalmente a través de las agrupaciones de Iglesias, especialmente a nivel continental. Para ello, escuchará a las Iglesias locales y recogerá sus reacciones (feedback), a partir de las cuales preparará notas y subsidios, facilitará informaciones y sugerencias. Asimismo, propondrá momentos de encuentro para favorecer la escucha mutua, poner en común el camino y sus frutos, y la expresión compartida de gratitud al Señor.


La primera de estas citas será el Jubileo de los equipos sinodales y de los organismos de participación, previsto del 24 al 26 de octubre de 2025. A medida que el camino avance, se enviarán indicaciones más detalladas sobre la organización de otros eventos y sobre cómo recoger las reacciones (feedback) correspondientes. Por el momento, con el fin de garantizar un flujo de comunicación ordenado y una coordinación eficaz, es esencial que cada diócesis o eparquía registre su equipo sinodal en la base de datos de la Secretaría General del Sínodo. Se solicita a cada Obispo que verifique que este proceso se haya realizado de manera adecuada.


Una segunda tarea de la Secretaría General es el acompañamiento de los Obispos diocesanos y eparquiales, así como de los equipos sinodales, principalmente mediante el diálogo con las estructuras habilitadas por las agrupaciones de Iglesias, especialmente a nivel continental. Sin embargo, en la medida de lo posible, la Secretaría General también está disponible para acompañar a Iglesias locales individuales, así como a Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, Asociaciones, Movimientos y Nuevas Comunidades, u otras instituciones eclesiales que lo soliciten, con especial atención a las Iglesias con menos recursos. La Secretaría se compromete a mantener “la puerta abierta”, a escuchar necesidades, intuiciones y propuestas que puedan surgir desde las Iglesias, y a facilitar su labor respondiendo, en la medida de lo posible, a las solicitudes que llegarán sobre los contenidos y metodologías de la fase de implementación. Un punto de interés particular es animar a las Iglesias para que su camino se desarrolle con un estilo sinodal. La experiencia de quienes ya han iniciado la fase de aplicación confirma que los contenidos y las decisiones son importantes, pero también lo son las modalidades en que se abordan. Si bien es indispensable contar con estructuras y normas adecuadas, esto por sí solo no basta. La perspectiva y la belleza de ser Iglesia sinodal han sido plenamente reconocidas por aquellas comunidades que han hecho la experiencia directa de la escucha y la participación en procesos de discernimiento y toma de decisiones. Es precisamente a este tipo de experiencia concreta y compartida, bajo la guía de los pastores, con frecuencia marcada por la alegría del Evangelio, a la que la Secretaría se compromete a continuar ofreciendo su servicio atento y puntual.


Una tercera tarea consiste en seguir coordinando los Grupos de Estudio, en colaboración con los Dicasterios competentes de la Curia Romana, en los que participan también pastores y expertos provenientes de todos los continentes. El Papa León XIV confirmó esta tarea, así como la creación de dos nuevos Grupos de Estudio: uno sobre “La liturgia en perspectiva sinodal” y otro sobre “El estatuto de las Conferencias Episcopales, Asambleas Eclesiales y Concilios Particulares”. Además, corresponde a la Secretaría asegurar que las decisiones del Papa, maduradas también a partir de los resultados de estos grupos, sean integradas armónicamente en el camino sinodal en curso. Con el fin de profundizar en los temas surgidos durante el proceso sinodal, la Secretaría también promoverá la realización de congresos y seminarios de estudio, fomentando momentos de reflexión compartida y de elaboración teológica y pastoral.


jueves, 19 de febrero de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO I DE CUARESMA. CICLO A

                                                        

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

21 y 22 de Febrero de 2026

Domingo I de Cuaresma. Ciclo A












Cuaresma 2026



PROGRAMA DE CUARESMA



ENLACE A TODOS LOS PORTALES DE LA PARROQUIA


Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana














“Jesús ayuna cuarenta días y es tentado


LECTURAS

 




Primera lectura del libro del Génesis 2, 7-9; 3, 1-7


El Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo.
Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.
El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.
La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:
«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?».
La mujer contestó a la serpiente:
«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios:
“No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”».
La serpiente replicó a la mujer:
«No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».
Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió.
Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.



Salmo 50, 3-4. 5-6ab. 12-13. 14 y 17 R/. Misericordia, Señor: hemos pecado


Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.

Oh, Dios, crea en mi un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.


Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 12-19


Hermanos:
Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron...
Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.
Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.
Y tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno:
pues el juicio, a partir de uno, acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados, acabó en justicia.
Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.
En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.
Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.


Evangelisegún san Mateo 4, 1-11


En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los
reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.





Los textos son cogidos de la página de 







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El Miércoles de Ceniza, al comenzar la Cuaresma, decíamos que el deseo y la pasión son dos fuerzas, psicológicas y físicas, muy fuertes y que son constitutivas del ser humano pero que, lamentablemente, las hemos reducido sólo al aspecto sexual y por eso las rodeamos de connotaciones negativas y sospechosas de pecado. Pero en realidad, el deseo y la pasión son dos fuerzas que deberían movernos, sobre todo, en los aspectos más importantes de nuestra vida: el deseo es el movimiento afectivo hacia algo que se apetece, y la pasión es una inclinación muy viva hacia alguien o hacia algo. Y cuando algo lo deseamos de verdad, o nos apasionamos por ello, no nos duele tiempo y esfuerzo para alcanzarlo y disfrutarlo.



juzgar


También dijimos que, para la mayoría de la gente, la Cuaresma ya no significa nada, o tienen una idea muy superficial, como penitencias, ayunos, abstinencias, Via Crucis… Y que por eso el Señor nos invita a vivir la Cuaresma con verdadero deseo y pasión. Ante todo, porque Él, como verdadero hombre, experimentó también con fuerza el deseo y la pasión: el deseo intenso de cumplir la voluntad de su Padre por nuestra salvación; y este deseo lo vivió con pasión, en sus palabras y en sus obras, hasta culminar en su Pasión y muerte en la Cruz. 

Por eso, también nosotros debemos responder con deseo y pasión a la petición que nos hizo: “Convertíos a mí…” El deseo y pasión por convertirnos hemos de concretarlos en nuestra vida cotidiana y Jesús nos daba esas tres posibilidades: la limosna, la oración y el ayuno. 

La limosna, no tanto monetaria como personal: ‘dar-me’, ofrecerme, sin esperar a que me llamen. 

La oración, no tanto ‘rezos’ sino diálogo con Dios, sin prisas, de mi corazón a Su corazón. 

El ayuno, no tanto de alimentos sino de lo que llena mi vida y no deja sitio ni a Dios ni al prójimo. 

Con esta intención comenzábamos el miércoles la Cuaresma y la imposición de la ceniza fue signo de nuestro deseo y pasión por convertirnos. Pero hoy, primer domingo de Cuaresma, la Palabra de Dios nos recuerda una realidad: la tentación de que ese deseo y pasión por convertirnos se nos enfríe, o que lo orientemos hacia otros intereses en lugar de hacia Dios. 

Así, el relato de la 1ª lectura muestra la tentación de dudar de Dios, de no hacer caso a lo que nos dice, despertando en el ser humano el deseo de eliminar a Dios y la pasión por ‘endiosarnos’, por ser nosotros los ‘dioses’ que deciden sobre el bien y el mal, sobre la muerte y la vida. 

Y en el Evangelio, el tentador quiere desviar el deseo de Jesús por cumplir la voluntad del Padre y su pasión por el Reino hacia otros intereses. Y esas mismas tentaciones también nos afectan a nosotros, para desviar nuestro deseo y pasión por convertirnos: 

“Di que estas piedras se conviertan en panes”: es la tentación de desear con pasión nuestro interés, lo que nos hace sentir cómodos y seguros, utilizando nuestros recursos y capacidades para este fin. 

“Tírate abajo…”: es la tentación de desear apasionadamente ser totalmente libres, hacer lo que nos apetezca cuando y como nos apetezca, sin contar con Dios o queriendo que esté a nuestro servicio. 

“Todo esto te daré si te postras y me adoras”: Es la tentación de desear con pasión el poder, ser admirado, ya sea en la familia, entre los amigos, en el trabajo… dispuestos a lo que sea para conseguirlo. 

Cada día se nos van a presentar tentaciones que desvíen nuestro deseo y pasión en estas direcciones, apartándonos del camino de conversión hacia Dios. Por eso Jesús quiso padecer las tentaciones, para enseñarnos cómo vencerlas. A cada tentación, Él responde: “Está escrito…” 

La Palabra de Dios, especialmente en la Cuaresma, mantendrá nuestro deseo y pasión bien orientados hacia el Señor. Una Palabra que no ha de ser ‘sabida’ sino interiorizada, de modo que pueda iluminar nuestro caminar y nos dé fuerza para afrontar y superar las tentaciones.


actuar




¿He sentido ya la tentación de desviarme del camino de la Cuaresma? ¿La Palabra de Dios me ayuda a tomar decisiones? ¿La interiorizo, o me limito simplemente a leerla? 

Alimentémonos del Pan de la Palabra de Dios, para vencer las tentaciones y que mantenga bien encendidos nuestro deseo y pasión por convertirnos más al Señor y a Él solo le demos culto.









Los equipos sinodales se constituyen normalmente a nivel diocesano o eparquial, aunque, cuando sea posible, se recomienda también su presencia a nivel de decanato o parroquia. Actualmente se están desarrollando experiencias interesantes en diversos contextos eclesiales, que muestran cómo estos equipos, cuando están adecuadamente interconectados, pueden favorecer una mayor capilaridad y participación en el proceso sinodal. Además, forma parte de su misión de animación promover la disponibilidad y la formación de facilitadores, así como coordinar su labor.


El ámbito de competencia de los equipos sinodales no se superpone, sino que se articula con el de los organismos de participación, en clave de búsqueda de sinergias. Los equipos sinodales se constituyen con la finalidad de servir a la animación y formación sinodal de la diócesis o eparquía. Los organismos de participación están llamados a desempeñar la función propositiva y consultiva que les confiere el derecho canónico. Por tanto, les corresponde contribuir en la elaboración de las decisiones necesarias para la implementación del Sínodo, mediante el discernimiento de las prioridades pastorales, así como la renovación de estructuras y procesos decisionales. El establecimiento de un vínculo regular y la circulación oportuna de la información facilitarán el trabajo de todos los implicados.


Por último, los equipos sinodales tendrán la responsabilidad de ayudar a recoger los frutos de los procesos de implementación, también con vistas a la fase de evaluación y a las Asambleas previstas a partir de 2027. También en este caso, corresponderá al Obispo reconocer y confirmar la validez de la síntesis respecto del camino en común realizado por la comunidad diocesana.


2.3. El papel de las agrupaciones de Iglesias


El DF, también en esto arraigado en el Concilio, subraya que las Iglesias locales no son entidades aisladas, sino que se insertan en los vínculos de comunión que las unen entre sí, particularmente a través de la comunión de los Obispos entre ellos y con el Romano Pontífice.


En muchos casos, estos vínculos se establecen de forma informal, fruto de la historia, de la proximidad geográfica, de hermanamientos, de movimientos migratorios, de encuentros casuales entre personas y, cada vez más, también de interacciones a través de los medios digitales, etc. En nuestra sociedad altamente interconectada, ninguna diócesis o eparquía puede imaginarse viviendo aislada, sin afectarse, para bien o para mal, de los acontecimientos que suceden en las otras. Estos vínculos espontáneos e informales, independientes de una planificación deliberada, son una consecuencia de los tiempos en los que vivimos, pero sobre todo constituyen una riqueza y un recurso del que es necesario tomar conciencia, para favorecer una experiencia cada vez más articulada del nosotros eclesial.


En otros casos, estos vínculos adquieren una forma estructural, regulada por el derecho, dando lugar a instituciones como las metrópolis o provincias eclesiásticas y, sobre todo, a las Conferencias Episcopales (nacionales y regionales), a los Sínodos de las Iglesias sui iuris, así como a las Reuniones Continentales de las Conferencias Episcopales.


Estas estructuras también desempeñan un papel importante en la fase de implementación, que el DF resume de la siguiente manera: «Sugerimos que las Conferencias Episcopales y los Sínodos de Iglesias sui iuris dediquen personas y recursos para acompañar el camino de crecimiento como Iglesia sinodal en misión y para mantenerse en contacto con la Secretaría General del Sínodo» (DF, n. 9).


Por tanto, se trata de una doble función. En primer lugar, se pide: apoyar los procesos que se desarrollan a nivel local, especialmente allí donde aún se encuentran en una fase incipiente, estimulando a las Iglesias locales; favorecer la coordinación y el trabajo en red de los equipos sinodales diocesanos; ofrecer formación, teniendo en cuenta las propuestas de escuelas e iniciativas de formación en sinodalidad presentes en los diversos territorios (especialmente a los miembros de los equipos y a quienes estén directamente implicados en la animación del proceso de implementación); promover la reflexión teológica y pastoral, particularmente con vistas a una mejor inculturación local de los recursos preparados por la Secretaría General. Realizar estas tareas a nivel local sería más exigente y podría generar una duplicación de esfuerzos. Por eso, en espíritu de subsidiariedad, estas funciones pueden desempeñarse más eficazmente a nivel de agrupaciones de Iglesias, sin que ellos sustituya el protagonismo de las Iglesias locales.


La segunda línea de acción se refiere al vínculo de comunicación con la Secretaría General del Sínodo, que crecerá en importancia en algunos momentos específicos, por  ejemplo, por ejemplo, cuando sea necesario recoger las contribuciones de las Iglesias locales y organizarlas en síntesis nacionales. Se proporcionarán indicaciones prácticas adicionales a medida que se definan los detalles y plazos de esta fase. En cualquier caso, las Conferencias Episcopales pueden contar con la disponibilidad de la Secretaría General para apoyarlas en la resolución de las dificultades que puedan surgir a lo largo del camino.


Para llevar a cabo esta doble tarea, será importante proceder a la reactivación y renovación de los equipos sinodales nacionales y continentales, en línea con lo previsto para los equipos sinodales locales. A estos equipos corresponderá llevar adelante el trabajo concreto.