miércoles, 11 de marzo de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO IV DE CUARESMA. CICLO A

                                                          

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

14 y 15 de Marzo de 2026

Domingo IV de Cuaresma. Ciclo A












Cuaresma 2026



PROGRAMA DE CUARESMA



ENLACE A TODOS LOS PORTALES DE LA PARROQUIA


Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana














“El Señor mira el corazón


LECTURAS

 



Primera lectura del primer libro de Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13a


En aquellos días, el Señor dijo a Samuel:
«Llena tu cuerno de aceite y ponte en camino. Te envío a casa de Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mí».

Cuando llegó, vio a Eliab y se dijo:
«Seguro que está su ungido ante el Señor».

Pero el Señor dijo a Samuel:
«No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura, porque lo he descartado. No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, más el Señor mira el corazón».

Jesé presentó a sus siete hijos ante Samuel. Pero Samuel dijo a Jesé:
«El Señor no ha elegido a estos».

Entonces Samuel preguntó a Jesé:
«¿No hay más muchachos?».

Y le respondió:
«Todavía queda el menor, que está pastoreando el rebaño».

Samuel le dijo:
«Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa mientras no venga».

Jesé mandó a por él y lo hizo venir. Era rubio, de hermosos ojos y buena presencia. El Señor dijo a Samuel:
«Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este».

Samuel cogió el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y el espíritu del Señor vino sobre David desde aquel día en adelante.



Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 R/. El Señor es mi pastor, nada me falta


El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mi,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por los años sin término. R/.


Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 5, 8-14


Hermanos:
Antes erais tinieblas, pero ahora, sois luz por el Señor.

Vivid como hijos de la luz, pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas.

Pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a ocultas. Pero, al denunciarlas, la luz las pone al descubierto, descubierto es luz.

Por eso dice:
«Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará».


Evangelio según san Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38


En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.

Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:
«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
«¿No es ese el que se sentaba a pedir?».

Unos decían:
«El mismo».

Otros decían:
«No es él, pero se le parece».

El respondía:
«Soy yo».

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó:
«Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».

Algunos de Los fariseos comentaban:
«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».

Otros replicaban:
«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».

Él contestó:
«Que es un profeta».

Le replicaron:
«Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».

Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
«¿Crees tú en el Hijo del hombre?».

Él contestó:
«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».

Jesús le dijo:
«Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

Él dijo:
«Creo, Señor».

Y se postró ante él.









Los textos son cogidos de la página de 







ver



Hay un modelo de despertador que tiene ‘efecto amanecer’: lleva incorporada una luz que se va ganando intensidad progresivamente hasta lograr que despertemos, de un modo más ‘natural’, sin el sobresalto que provoca el timbre o la música, y así podemos empezar la jornada con buen ánimo.


juzgar


El Miércoles de Ceniza el Señor nos invitó a vivir la Cuaresma con verdadero deseo y pasión. El primer domingo de Cuaresma nos enseñó que debemos alimentarnos del Pan de la Palabra de Dios, para vencer la tentación y que mantenga bien encendidos nuestro deseo y pasión por convertirnos más al Señor. Y segundo domingo el Señor se transfiguró para reavivar el deseo y la pasión de los Discípulos, haciéndoles vivir una experiencia de lo que será la manifestación plena de su gloria, y dijimos que también a nosotros nos regala experiencias de transfiguración, momentos muy personales y especiales de encuentro con Dios, a veces muy sencillos, que nos dan fuerzas para afrontar los problemas, porque reavivan nuestro deseo y pasión por seguir a Jesús. 

El tercer domingo de Cuaresma vimos que a menudo sentimos ‘sed’ de algo que nos llene, y lo buscamos saciar por caminos equivocados, que nos siguen dejando sedientos porque, en el fondo, es sed de Dios, y sólo Él puede saciarnos. Y preguntábamos si sentimos verdadera sed de Dios, y si buscamos saciarla con deseo y pasión. 

Como dijimos el Miércoles de Ceniza, en nuestra vida a veces el deseo y la pasión se manifiestan de forma repentina y arrolladora, pero otras veces no surgen de golpe, sino que se van encendiendo poco a poco, como ese despertador con ‘efecto amanecer’. Y lo mismo ocurre con el deseo y la pasión por convertirnos, por volvernos más hacia Dios: va encendiéndose progresivamente. 

El Evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma nos ha ofrecido el ejemplo del ciego de nacimiento. El Señor ya nos dice que esa ceguera es “para que se manifiesten en él las obras de Dios”, es decir, para que los oyentes de entonces y de ahora no nos quedemos sólo en lo que es y significa la ceguera física y su curación, sino que aprendamos a ‘ver’ progresivamente los signos de la presencia de Dios. 

El ciego de nacimiento se encuentra en oscuridad, no sólo física, sino también espiritual. No siente deseo ni pasión por Jesús, apenas sabe nada de Él, y por eso, cuando le preguntan cómo se le han abierto los ojos, sólo sabe referirse a ese “hombre que se llama Jesús”, pero no sabe dónde está. Pero, junto con la luz para sus ojos, ya se ha encendido también la luz en su alma, y poco a poco, en los diálogos que va manteniendo, esa luz se irá haciendo más intensa y se enciende su deseo y pasión por Jesús. 

Cuando al rato “volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»”, él responde ahora: “Que es un profeta”, alguien enviado por Dios. Y, en contraste con las respuestas evasivas de sus padres, “porque tenían miedo a los judíos”, y la presión de los judíos: “nosotros sabemos que ese hombre es un pecador”, él se atreve a responder: “Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo”. Más aún, se atreve a cuestionarles: “¿También vosotros queréis haceros discípulos suyos?”. 

Y su deseo y pasión por Jesús siguen en aumento, como manifiesta la réplica que les ofrece con valentía: “Sabemos que Dios no escucha a los pecadores… Si éste no viniera de Dios, no tendrían ningún poder”. Pero aún no se ha encendido del todo su deseo y pasión, faltaba el encuentro directo con Jesús: “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” ‘El Hijo del hombre’ es el nombre que el profeta Daniel da al Mesías que vendría a instaurar el Reino de Dios, un título que Jesús se aplica a sí mismo como verdadero Dios y verdadero hombre. “¿Y quién es, Señor, para que crea en Él? Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es. Él dijo: Creo, Señor”. Jesús ya no es para él ‘un profeta’, sino que es ‘el Señor’, la palabra con la que se denomina a Dios. Por esta profesión de fe se ha encendido completamente en él el deseo y la pasión por Jesús.

actuar




La Cuaresma es el tiempo de gracia para ‘despertar’ nuestra fe, para abrirnos los ojos, y lo está haciendo de un modo progresivo, como ese ‘efecto amanecer’ del despertador. Como el ciego de nacimiento, dejémonos tocar por Jesús y hagamos lo que nos pide, para que se vaya encendiendo en nosotros el deseo y la pasión por Jesús, sin miedo a lo que otros puedan decirnos o cuestionarnos, y así se abran nuestros ojos y podamos afirmar con convencimiento, como el que era ciego: “Creo, Señor”.









3.1. Custodiar la visión de conjunto


Más que ofrecer una síntesis de los principales contenidos del DF, que incluso podría convertirse en un obstáculo para acceder al texto en su integridad, en esta sede parece preferible explicitar algunas líneas de fuerza que lo atraviesan, le confieren organicidad y constituyen criterios de orientación y evaluación para las decisiones que se pretendan tomar. En esta perspectiva deben enraizarse los pasos concretos que se emprendan para dar cumplimiento a las indicaciones del DF:Ç


a) Ante todo, el DF propone una perspectiva eclesiológica precisa a la cual referirse, enraizada en el Concilio Vaticano II: «El camino sinodal está, de hecho, poniendo en práctica lo que el Concilio enseñó sobre la Iglesia como Misterio y Pueblo de Dios, llamado a la santidad mediante una continua conversión que proviene de la escucha del Evangelio» (DF, n. 5), en la conciencia de que cada uno de sus miembros, hombre o mujer, ha recibido el don del Espíritu Santo.


b) La misión de anunciar el Reino de Dios, inaugurada por Jesús y a la cual están llamados todos los bautizados, cada uno con la especificidad de sus carismas, vocación y ministerio, constituye el eje central del texto y su objetivo final. Las reflexiones sobre los instrumentos a adoptar o las reformas a realizar deben situarse siempre en el horizonte de la misión, que es el criterio fundamental de todo discernimiento al respecto. En particular, el DF impulsa con decisión a una Iglesia cada vez más audaz en su apertura hacia fuera, al punto de pedir que las comunidades se conciban «principalmente al servicio de la misión que los fieles llevan adelante dentro de la sociedad, en la vida familiar y laboral, sin concentrarse exclusivamente en las actividades que se realizan en su interior y en sus necesidades organizativas» (DF, n. 59).


c) La perspectiva relacional y la lógica del intercambio de dones como expresión de catolicidad son otras dos líneas de fuerza que recorren todo el DF y que orientan, por tanto, su comprensión y aplicación. Esto se evidencia claramente en la presentación de las figuras de los ministros ordenados, en relación orgánica entre sí y con todo el Pueblo de Dios (cf. DF, nn. 69-74), o en la descripción de los vínculos entre las Iglesias locales a través de la comunión entre los Obispos.


d) El impulso ecuménico representa la extensión de la perspectiva relacional y de la lógica del intercambio de dones. No es, por tanto, un añadido opcional, sino una exigencia frente a la cual se debe verificar el dinamismo del propio caminar juntos.


e) Por último, el DF hace suya la visión conciliar de una Iglesia en el mundo, en diálogo con todos, con las demás tradiciones religiosas (cf. DF, n. 41) y con toda la sociedad (cf. DF, n. 42). Crecer como Iglesia sinodal capaz de diálogo tiene un valor de profecía social que comprende el compromiso por la justicia social y la ecología integral. Estas dimensiones no podrán ser descuidadas en la fase de implementación, llevando a crear oportunidades de diálogo a partir de las necesidades concretas de los territorios y de las sociedades en las que se vive.


Además de las líneas de fuerza recién mencionadas, el dinamismo que anima el DF, y que la fase de implementación está llamada a asumir, proviene de la articulación continua de algunas polaridades y tensiones que estructuran la vida de la Iglesia y el modo en que las categorías eclesiológicas la expresan. Enumeramos aquí algunas de estas polaridades: Iglesia toda e Iglesia local; Iglesia como Pueblo de Dios, como Cuerpo de Cristo y como Templo del Espíritu; participación de todos y autoridad de algunos; sinodalidad, colegialidad y primado; sacerdocio común y sacerdocio ministerial; ministerialidad (ministerios ordenados e instituidos) y participación en la misión en virtud de la vocación bautismal sin una forma ministerial. La implementación del DF requiere afrontar y discernir estas tensiones tal como se presentan en las circunstancias propias en las que vive cada Iglesia local. El camino no consiste en buscar un imposible equilibrio que elimine la tensión en favor de uno de los polos. Más bien, en el aquí y ahora de cada Iglesia local, será necesario discernir cuál de los posibles equilibrios permite un servicio más dinámico a la misión. Es verosímil que en diferentes lugares se lleguen a decisiones distintas. Por esta razón, en numerosos ámbitos, el DF abre algunos espacios para la experimentación local, por ejemplo, en materia de ministerios (cf. DF, nn. 66, 76 y 78), procesos decisionales (cf. DF, n. 94), rendición de cuentas y evaluación (cf. DF, n. 101), organismos de participación (cf. DF, n. 104). Las Iglesias individuales están invitadas a servirse de ellos. En las actuales circunstancias socioculturales, una de estas tensiones parece presentarse con formas particularmente nuevas y requiere un esfuerzo de conciencia. Por ello, el DF le dedica un párrafo entero, significativamente titulado «Arraigados y peregrinos» (cf. DF, nn. 110-119). Tradicionalmente, es el vínculo con un lugar, entendido en sentido espacial y geográfico, lo que define a las Iglesias locales como porciones del Pueblo de Dios y constituye la base del sentido de pertenencia de las personas. Fenómenos como la urbanización, la creciente movilidad y las migraciones, y la difusión de la cultura digital modifican profundamente el modo en que las personas experimentan la pertenencia: esta se refiere a redes de relaciones más que a ámbitos espaciales, aunque permanece firme la necesidad humana de vínculos comunitarios. De hecho, su debilitamiento hace aún más urgente un esfuerzo de creatividad misionera que permita a la Iglesia alcanzar a las personas y crear con ellas vínculos allí donde se encuentren (cf. ibid.). En la fase de evaluación, será importante recoger los frutos de las experiencias realizadas por las Iglesias locales en cuanto al habitar las polaridades y tensiones, así como los resultados de los esfuerzos de creatividad misionera, con vistas al intercambio de buenas prácticas.


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