jueves, 30 de abril de 2026

Entierro de Cipriano


 

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO V DE PASCUA. CICLO A

                                                                

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana






“Yo soy el camino, la verdad y la vida


LECTURAS

 



Primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6, 1-7


En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas. Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron:
«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.

La palabra de Dios iba creciendo y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.



Salmo 32, 1-2. 4-5. 18-19 R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti


Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.


Segunda lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 4-9


Queridos hermanos:
Acercándoos al Señor, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo.

Por eso se dice en la Escritura:
«Mira, pongo en Sion una piedra angular, elegida y preciosa; quien cree en ella no queda defraudado».

Para vosotros, pues, los creyentes, ella es el honor, pero para los incrédulos «la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular», y también «piedra de choque y roca de estrellarse»; y ellos chocan al despreciar la palabra. A eso precisamente estaban expuestos.

Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.



Evangelio según san Juan 14, 1-12


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».

Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre».





Los textos son cogidos de la página de 







ver




Seguimos profundizando en el proceso de reflexión y sensibilización que estamos llevando a cabo en la Diócesis de Valencia, de cara a la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales que nos permitan afrontar los retos del momento presente para desarrollar la misión evangelizadora en el contexto actual. El tema 4, ‘¿Qué es la sinodalidad?’, nos plantea esta situación: «Una experiencia muy corriente al echar un vistazo a la estructura diocesana es la gran diversidad de grupos, movimientos, asociaciones, Delegaciones, organismos… Todos forman la Iglesia pero lo que se percibe desde fuera es que, en la práctica, cada uno tiene su propia dinámica, su programación y calendario, funcionando en paralelo a los demás. Esto se repite muchas veces también a nivel parroquial: hay diferentes grupos, áreas pastorales… En parroquias grandes es frecuente que apenas se conozcan los integrantes de unos y otros grupos». Esto tiene unas consecuencias: «se hacen muchas cosas, pero de un modo disperso, sin un objetivo común que oriente las diferentes vocaciones y sensibilidades en la misma dirección. Resulta difícil coordinarse y no es raro que se produzcan solapamientos de actividades y celebraciones». Y que surjan tensiones.


juzgar


Es algo similar a lo que hemos escuchado en la 1ª lectura: “al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea”. Hasta ahora, se nos había presentado una imagen idílica de la primera comunidad cristiana, como vimos el Domingo II de Pascua. Pero, aunque todos eran judeocristianos, había dos grupos: los de lengua hebrea, que provenían de Jerusalén, y los de lengua griega, que provenían de las comunidades judías establecidas en ciudades griegas, con diferente mentalidad. Esto, unido al crecimiento en número, produjo tensiones y conflictos internos. 

Era necesario buscar una solución, y los Doce convocaron “a toda la asamblea de los discípulos”, es decir, a todos los integrantes de la comunidad. Podemos decir que convocaron un ‘sínodo’, palabra que significa ‘caminar juntos’ y que designa las reuniones en las que se tratan asuntos relacionados con la Iglesia. Los Apóstoles tenían presente lo que Jesús les había dicho y hemos escuchado en el Evangelio: “Yo soy el camino y la verdad y la vida”. Y que, por ese camino que es Jesús, todos deben avanzar juntos, en sinodalidad, porque, como también hemos escuchado en la 2ª lectura: “Acercándoos al Señor, piedra viva… también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual…” 

Y esto sigue siendo no sólo válido sino necesario para los que hoy somos y formamos la Iglesia, tanto a nivel universal como diocesano y parroquial: como hemos visto, a menudo resulta difícil coordinarnos, parece que cada uno sigue un rumbo, y hay distanciamientos y tensiones. Por eso hemos de aprender de los primeros cristianos a vivir la sinodalidad: «es el camino que Dios espera de la Iglesia en este tercer milenio. No es una moda ni un método organizativo. Significa caminar juntos como Pueblo de Dios, escuchando la voz del Espíritu, discerniendo en comunidad y participando todos en la misión evangelizadora. Es, en esencia, un modo de relación. Este estilo de ser Iglesia nos invita a pasar del ‘yo’ al ‘nosotros’. La sinodalidad se fundamenta en la corresponsabilidad de todos los bautizados, que son sujetos activos de la misión y deben discernir su vocación bautismal». 

La sinodalidad tiene un elemento básico que nos hace mucha falta: «la escucha de la Palabra y la escucha de la comunidad eclesial. La escucha de la palabra y de los otros es fundamental para el discernimiento personal y comunitario. Escuchar a todo el Pueblo de Dios nos ayudará, como Iglesia a tomar las decisiones pastorales que correspondan lo más posible a la voluntad de Dios». Necesitamos «aprender a escuchar, ser humildes y dejarnos transformar por el Espíritu». 

Y como «la sinodalidad se fundamenta en la corresponsabilidad de todos los bautizados, que son sujetos activos de la misión y deben discernir su vocación bautismal», también necesitamos profundizar en la razón que dan los Doce para convocar la asamblea: “No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Escoged a siete de vosotros…” Esto, para nosotros, si queremos vivir la sinodalidad y evitar tensiones, es una llamada a la corresponsabilidad de todos los miembros de la comunidad parroquial, fomentando «una distribución más articulada de tareas y una mayor corresponsabilidad entre los ministros ordenados y los otros miembros del Pueblo de Dios, de modo que se evite caer en la tentación del clericalismo».



actuar




Las diferencias en la Iglesia no tienen que ser motivo de tensión y distanciamiento; incluso podemos decir que ayudan a crecer. Así sucedió en la primitiva comunidad cristiana: las quejas de uno de los grupos dieron origen al ministerio de los diáconos y a una mejor comprensión de lo que es ser y vivir como Iglesia. Pidamos al Señor que aprendamos de ellos a vivir la sinodalidad, a ser «una comunidad que escucha, dialoga, discierne» y camina junta en Cristo, Camino, Verdad y Vida.  


miércoles, 22 de abril de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO IV DE PASCUA. CICLO A

                                                               

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana






“Yo soy la puerta de las ovejas


LECTURAS

 





Primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14a. 36-41


El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y declaró:
«Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».

Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:
«¿Qué tenemos que hacer, hermanos?»

Pedro les contestó:
«Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».

Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo:
«Salvaos de esta generación perversa».

Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.



Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5 R/. El Señor es mi pastor, nada me falta


El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R/.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mi,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.


Segunda lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 20-25


Queridos hermanos:

Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios.

Pues para esto habéis sido llamados, porque también Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.

Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca.

Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas; sino que se entregaba al que juzga rectamente.

Él llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muertos a los pecados, vivamos para la justicia.

Con sus heridas fuisteis curados.

Pues andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas.


Evangelio según san Juan 10, 1-10


En aquel tiempo, dijo Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».




Los textos son cogidos de la página de 







ver




“Como estamos teniendo presente durante este tiempo de Pascua, desde hace unos meses, en la Diócesis de Valencia estamos realizando un proceso de reflexión y sensibilización de cara a la elaboración de unas futuras orientaciones pastorales diocesanas que nos permitan afrontar los retos del momento presente para desarrollar la misión evangelizadora en el contexto actual. El tema 6, ‘Vocación, servicio, ministerio’, señala: «La cultura actual ofrece muchas alternativas, pero pocas orientaciones profundas. Se nos invita constantemente a elegir, pero sin un criterio sólido para ordenar los deseos. Muchas personas se sienten desorientadas. La velocidad de los cambios, la presión de lo inmediato y la dificultad para construir vínculos estables crean un clima interior que favorece la confusión sobre quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos». ”


juzgar


El cuarto domingo de Pascua es conocido como el ‘domingo del Buen Pastor’, porque en el Evangelio de todos los ciclos litúrgicos se lee un fragmento del discurso del Buen Pastor recogido en Jn 10. Y también la 2ª lectura nos decía: “Andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas”. Jesús, el Buen Pastor, nos advierte sobre los ladrones y bandidos que nos desorientan y confunden, que no entran “sino para robar y matar y hacer estragos”, y se presenta como la Puerta que nos abre a la salvación: “Yo he venido para que tengan vida y la tenga abundante”. 

El Buen Pastor llama a entrar por la Puerta que da a la vida, y que es Él mismo, “y él va llamando por el nombre a sus ovejas… y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz”. Esto es la vocación, y hoy hemos de preguntarnos si conocemos la voz de nuestro Buen Pastor, si somos conscientes de nuestra propia vocación. Erróneamente solemos restringir la vocación a ‘curas y monjas’, pero como decía la 1ª lectura, “la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro”. La vocación es para todos los que somos y formamos la Iglesia, porque «la variedad de vocaciones, carismas y ministerios tiene una raíz: ‘todos fuimos bautizados por un solo Espíritu en un solo cuerpo’ (1Cor 12, 13). El bautismo es el fundamento de la vida cristiana. De esta común y primera vocación recibida en el Bautismo surgen las demás vocaciones: al orden sacerdotal, a la vida consagrada, al matrimonio, a la vida laical comprometida». 

Para esquivar a tantos ‘ladrones y bandidos’ que nos desorientan y confunden, «es necesario promover una auténtica espiritualidad vocacional que impulse a los miembros de las comunidades cristianas a buscar el sentido de su vida y de su misión, como respuesta al amor recibido». Y descubrir que somos vocacionados es: 

«Un camino de escucha», porque “las ovejas atienden a su voz”. ¿Estoy atento a la Palabra del Buen Pastor? 

«Un camino de acogida. No se trata de alcanzar un ideal perfecto, sino de dejar que Dios entre en la vida y la transforme desde dentro. La vocación cristiana no pesa ni complica la vida; ofrece una luz que permite comprender la existencia con mayor hondura. Cuando alguien descubre que es llamado y que su vida tiene un sentido querido por el Señor, todo se ilumina de manera distinta. Cambia la forma de afrontar el sufrimiento, las decisiones, las relaciones, los límites, y también los deseos más profundos. La vocación ayuda a caminar con serenidad, esperanza y disponibilidad. 

Y es un camino de acompañamiento y testimonio, porque nuestras comunidades parroquiales se ven cada vez más necesitadas de testimonios de vida que lo pongan todo en común, vivan en un mismo corazón y un mismo sentir. De ese acompañamiento surge la vocación concreta. 

La vocación introduce una claridad nueva: no todo vale igual, no todo conduce a la plenitud. Hay caminos que nos acercan a Dios y caminos que nos desdibujan. Vivir la vocación implica aprender a distinguir. Es escuchar una palabra que da dirección, una palabra que no domina ni oprime, sino que ayuda a integrar la vida». La Palabra del Buen Pastor.



actuar




Ante el desconcierto y la confusión que nos afectan, nos preguntamos, como a Pedro en la 1ª lectura: “¿Qué tenemos que hacer?” Y la respuesta de Pedro sigue siendo válida para nosotros: “Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros…” Necesitamos ser conscientes de nuestra vocación bautismal, «preparar el oído y el corazón para escuchar y recibir, con agradecimiento, la llamada que Dios tiene para cada uno de nosotros. Solemos pensar que la llamada vocacional se da sólo en la juventud. Es verdad que esta cuestión, de forma existencial y vital, se da en los primeros años de nuestra vida de manera privilegiada, pero no exclusiva. La vocación es algo que acompaña toda nuestra vida». Siempre podemos descubrir y vivir la vocación. 

Ojalá «que cada miembro de nuestras comunidades parroquiales descubra que es amado incondicionalmente por Dios, que su vida tiene sentido, que la verdadera libertad es la respuesta generosa a la llamada de Dios, y que todas las vocaciones en la Iglesia (al orden sacerdotal, a la vida consagrada, al matrimonio, a la vida laical comprometida) conducen a la plenitud del amor cristiano», a esa “vida en abundancia” que el Buen Pastor ofrece a quienes lo escuchan y siguen.