jueves, 2 de mayo de 2024

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO VI DE PASCUA. CICLO B

                            



HOJA PARROQUIAL

4 y 5 de Mayo de 2024

Domingo VI de Pascua. Ciclo B


Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana



Los textos son cogidos de la página de 










“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos



LECTURAS



Primera lectura de los Hechos de los Apóstoles 10, 25-26. 34-35. 44-48


Cuando iba a entrar Pedro, Cornelio le salió al encuentro y, postrándose, le quiso rendir homenaje. Pero Pedro lo levantó, diciéndole:
«Levántate, que soy un hombre como tú».
Pedro tomó la palabra y dijo:
«Ahora comprendo con toda la verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea».
Todavía estaba hablando Pedro, cuando bajó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban la palabra, y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles, porque los oían hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios.
Entonces Pedro añadió:
«¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?»
Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo.
Entonces le rogaron que se quedara unos días con ellos.


Salmo 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. R. El Señor revela a las naciones su salvación.


Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.


Segunda lectura de la primera carta del Apóstol San Juan 4, 7-10


Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.


Evangelio según San Juan 15, 9-17


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.
Esto os mando: que os améis unos a otros».



Los textos son cogidos de la página de 






ver


La vida humana no se entiende sin amor. Es como el ‘idioma universal’ que entiende cualquier persona de cualquier raza y cultura. El amor está presente en la mayoría de los ámbitos en los que se desenvuelve nuestra vida, es el gran tema de obras

de arte, libros, películas, programas y series de televisión… Las alegrías y los sufrimientos que acarrea el amor generan en nosotros los mayores sentimientos. Según la edad y circunstancias, el amor adopta diferentes características y formas de expresión, pero lo cierto es que no podemos tener una vida humana si nos falta el amor.


juzgar




Decía Jesús en el Evangelio: “soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca”. Por eso, «hay una pregunta que cada uno debe hacerse a sí mismo: ¿Qué hago por Dios (no sólo lo que pienso o lo que digo), y qué hago por los demás? El primer criterio es amar con las obras, no con las palabras. Las palabras, por lo demás, se las lleva el viento: hoy están, mañana ya no están» (Homilía 9 enero 2014).


«Amar es bello, es el camino para ser felices. Amar quiere decir dar, no sólo algo material, sino algo de uno mismo: el tiempo

personal, la propia amistad, las capacidades personales» (Homilía 24 abril 2016).


El amor es el lenguaje universal, como decía san Juan: “todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios, porque Dios es

amor”. El Señor nos manda vivir el amor concreto, como Él nos ha amado, para «difundir por todos lados la semilla del amor que renueva las relaciones entre las personas y abre horizontes de esperanza. Jesús siempre abre horizontes de esperanza, su

amor abre horizontes de esperanza. Este amor nos hace convertirnos en hombres nuevos, hermanos y hermanas en el Señor.


El amor que Él nos llama a vivir es la única fuerza que transforma nuestro corazón de piedra en corazón de carne; la única fuerza capaz de transformar nuestro corazón es el amor de Jesús, si nosotros también amamos con este amor» (Regina Coeli 19 mayo 2019)


actuar





El amor es el tema que especialmente se destaca en la Palabra de Dios de este domingo: “Dios no hace acepción de personas” (1ª lectura); “Dios es amor” (2ª lectura); “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. (Evangelio).


Para ayudarnos en la reflexión orante, destacamos algunas palabras del Papa Francisco: «El Evangelio de hoy nos conduce al Cenáculo. Después de haber lavado los pies a los Doce, Él les dijo: Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado» (Regina Coeli del 19 de mayo de 2019). Para vivir una vida verdaderamente humana, no sirve cualquier tipo de amor; ha de ser «el amor de Jesucristo, ese con el que Él ha dado la vida por nosotros». Por eso decía la 2ª lectura: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo”. «Jesús nos ha amado primero, nos ha amado a pesar de nuestras fragilidades, nuestros límites y nuestras debilidades humanas. Se trata del amor de Dios, universal, sin condiciones y sin límites, que encuentra el ápice sobre la cruz. En ese momento de extremo abajamiento, en ese momento de abandono al Padre, el Hijo de Dios ha mostrado y donado al mundo la plenitud del amor». Este amor ‘como Él nos ha amado’ «necesita concreción, el amor necesita presencia, encuentro, necesita tiempo y espacio

donados: no puede reducirse a hermosas palabras, a imágenes en una pantalla, a selfies de un momento o a mensajes apresurados» (Ángelus 11 febrero 2024).


«El amor cristiano es concreto. Jesús mismo, cuando habla del amor, nos habla de cosas concretas: dar de comer a los hambrientos, visitar a los enfermos. Son todas cosas concretas. Cuando no existe lo concreto se acaba por vivir un cristianismo de ilusiones, porque no se comprende bien dónde está el centro del mensaje de Jesús» (9 enero 2014).


Desde aquí hemos de entender las palabras de Jesús: “A vosotros os llamo amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando”. «El amigo verdadero de Jesús se distingue principalmente por el amor concreto; no el amor ‘en las nubes’, sino el amor concreto que resplandece en su vida» (Homilía 24 abril 2016).


«El amor es servicio. Es servir a los demás. Cuando Jesús, después del lavatorio de los pies, explicó el gesto a los Apóstoles, enseñó que hemos sido creados para servirnos unos a otros, y si digo que amo pero no sirvo al otro, no ayudo al otro, no le permito ir adelante, no me sacrifico por el otro, esto no es amor. Amar es hacerse próximo a las necesidades, los llamamientos, las soledades de las personas que nos rodean» (Discurso 21 junio 2015).






4. Próximos pasos


109. El proceso que va desde la publicación de este DEC hasta la redacción del Instrumentum laboris estará conformado por los siguientes pasos:


1)  El DEC se enviará a todos los obispos diocesanos; cada uno de ellos, junto con el equipo sinodal diocesano que coordinó la primera fase, organizará un proceso eclesial de discernimiento sobre el DEC, a partir de las tres preguntas indicadas en el n. 106. Cada Iglesia local tendrá así la oportunidad de escuchar las voces de las demás Iglesias, reunidas en el DEC, y de responder a ella a partir de su propia experiencia.


2)  Con la participación de su equipo sinodal, cada Conferencia Episcopal tiene la tarea de recoger y sintetizar las reflexiones sobre las tres cuestiones señaladas anteriormente que provengan de cada diócesis. Cada Conferencia Episcopal lo hará de acuerdo a la forma que considere más adecuada según su propio contexto.


3)  La reflexión y el discernimiento de cada Conferencia Episcopal serán luego compartidos en el seno de la Asamblea Continental, según las modalidades establecidas por el Grupo de Trabajo Continental.


4)  Al planificar el desarrollo de cada Asamblea Continental específica, puede ser útil reflexionar sobre cómo utilizar el método, ya difundido y ampliamente apreciado, de la conversación espiritual (cf. Vademécum, Apéndice B, n. 8), que puede facilitar la participación de todos y todas en el discernimiento. En particular, hay que destacar las tres fases de este método: la toma de la palabra por parte de cada participante, la resonancia de la escucha de los demás y el discernimiento de los frutos por parte del grupo.


5) Cada Asamblea Continental redactará su propio Documento Final de aproximadamente veinte páginas, afrontando las tres cuestiones señaladas anteriormente desde su propio contexto específico. Los Documentos Finales serán presentados por cada Grupo de Trabajo Continental a la Secretaría del Sínodo antes del 31 de marzo de 2023. Sobre la base de los Documentos Finales de las Asambleas Continentales, se redactará el Instrumentum laboris para junio de 2023.


miércoles, 1 de mayo de 2024

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 2 DE MAYO DE 2024

 Jn 15,9-11: Permaneced en mi amor para que vuestra alegría llegue a plenitud.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 

«Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. 

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud».


Reflexión


Es una constante en el Nuevo Testamento, el encuentro con el Señor produce alegría. Lejos de ese Dios que nos está juzgando y está esperando para castigarnos, su presencia nos da alegría.


Sería bueno enterrar esa idea, o esa “certeza”. Dios produce alegría siempre. No produce nunca miedo. Si acaso, si voy por un camino alejado a Él, me puede producir en el momento del encuentro, una desazón: “dolor de los pecados”, pero luego “se convertirá esa tristeza en alegría”.


Esa alegría no es una alegría pasajera, alegría que vaya al bai ben de los acontecimientos, de las situaciones y de los estados anímicos, sino como una certeza que hay en mi vida: Dios me quiere siempre, me perdona todo y siempre.


Ya tenemos un motivo muy grande para buscar ese encuentro y prolongarlo a lo largo de la vida. Para encontrar la alegría. Para que mi alegría llegue a la plenitud. 


REVISIÓN DE LA SEMANA SANTA 

Entierro de Rosalba Amador


 

martes, 30 de abril de 2024

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 1 DE MAYO DE 2024

 Mt 13,54-58: ¿No es el hijo del carpintero? (evangelio de San José obrero)

En aquel tiempo, Jesús fue a su ciudad y se puso a enseñar en su sinagoga. 

La gente decía admirada: 

«¿De dónde saca este esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso?». 

Y se escandalizaban a causa de él. 

Jesús les dijo: 

«Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta». 

Y no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe.


Reflexión


La gente decía admirada: ¿No es el hijo del carpintero? ¿de dónde saca todo esto?. Aunque Jesús desprecia luego estas expresiones, sin embargo, me permito el lujo de darle la vuelta y quedarme con la palabra que dice el texto: “admirada”. Normalmente esta palabra hace referencia a un contenido positivo. Y aquí es donde quiero ir. Jesús estuvo 30 años viviendo en la normalidad de la vida, en su cotidianidad y sencillez. Ahora se maravillan porque el compañero de juegos, tertulias, etc es ahora el que opera milagros, y habla palabras que llegan al alma. 


Es momento de profundizar, meditar sobre estos 30 años. A nivel cuantitativo es mucho más largo este periodo que la etapa pública de Jesús. La balanza va en contra de vida pública de Jesús. Por tanto, no es desdeñable ni despreciable esta época. Y esto nos revela algo fundamental de Dios. Nuestro Dios es el de la cotidianeidad, de la sencillez, del trabajo callado, el que nunca descansa: “mi Padre siempre trabaja”. Es el Dios del grano de mostaza, de la levadura en la masa, etc. Hay tanto trabajo que hacemos callado, en la sombra, sin reconocimiento, sin recompensa. Sin embargo, valioso para nosotros mismos, para los demás y también para Dios. Dios es el que sabe recompensar: “que no deja sin recompensa ni un vaso de agua”.


Por otro lado, todo lo que Jesús manifiesta en la etapa pública lo aprendió en esos 30 años a la sombra. El texto dice que crecía en sabiduría, estatura y gracia. Crecía en sabiduría, la sabiduría del pueblo, de las personas sencillas, de su madre y padre. Y también crecía en la gracia, en la relación personal con su Padre, también enseñada por sus padres. Aprender de la sabiduría de los pueblos, que está más allá de los comentarios fáciles que se transmiten en las conversaciones. Es la sabiduría que sabe penetrar las situaciones y quedarse con lo esencial. En todos los pueblos, épocas, tiene esta sabiduría. Hay que saber buscarla, acogerla, seguir transmitiéndola. 



Hoy, como día del trabajador y del trabajo, permítanme compartir este texto que lo propone la Liturgia en el Oficio de lecturas 


Sobre la actividad humana en todo el mundo

Concilio Vaticano II


Gaudium et spes 33-34


Con su trabajo y su ingenio el hombre se ha esforzado siempre por mejorar su vida; pero hoy, gracias a la ayuda de la ciencia y de la técnica, ha desarrollado y sigue desarrollando su dominio sobre casi toda la naturaleza y, gracias sobre todo a las múltiples relaciones de todo tipo establecidas entre las naciones, la familia humana se va reconociendo y constituyendo progresivamente como una única comunidad en todo el mundo. De donde resulta que muchos bienes que el hombre esperaba alcanzar de las fuerzas superiores, hoy se los procura con su propio trabajo.

Ante este inmenso esfuerzo, que abarca ya a todo el género humano, el hombre no deja de plantearse numerosas preguntas: ¿Cuál es el sentido y el valor de esa actividad? ¿Cómo deben ser utilizados todos estos bienes? Los esfuerzos individuales y colectivos ¿qué fin intentan conseguir?

La Iglesia, que guarda el depósito de la palabra de Dios, de la que se deducen los principios en el orden moral y religioso, aunque no tenga una respuesta preparada para cada pregunta, intenta unir la luz de la revelación con el saber humano para iluminar el nuevo camino emprendido por la humanidad.

Para los creyentes es cierto que la actividad humana individual o colectiva o el ingente esfuerzo realizado por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios.

Pues el hombre, creado a imagen de Dios, recibió el mandato de que, sometiendo a su dominio la tierra y todo cuanto ella contiene, gobernase el mundo con justicia y santidad, y de que, reconociendo a Dios como creador de todas las cosas, dirija su persona y todas las cosas a Dios, para que, sometidas todas las cosas al hombre, el nombre de Dios sea admirable en todo el mundo.

Esta verdad tiene su vigencia también en los trabajos más ordinarios. Porque los hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para sí y sus familias, disponen su trabajo de tal forma que resulte beneficioso para la sociedad, con toda razón pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen con su trabajo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia.

Los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están por el contrario convencidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio.

Cuanto más aumenta el poder del hombre, tanto más grande es su responsabilidad, tanto individual como colectiva.

De donde se sigue que el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo, ni los lleva a despreocuparse del bien de sus semejantes, sino que más bien les impone esta colaboración como un deber.


REVISIÓN DE LA SEMANA SANTA 

lunes, 29 de abril de 2024

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 30 DE ABRIL DE 2024

  Jn 14,27-31a: Mi paz os doy.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 

«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. 

Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo».


Reflexión


Seguimos con el discurso de despedida de Jesús. Jesús se va y nos da la paz. Mientras estuvo, esa paz era su presencia. A los discípulos les daba seguridad, tranquilidad y sobre todo esperanza. Sin embargo, al irse, ya no está asegurada, salvo que Él la envíe.


Es tan necesaria hoy como antes, yo diría, hoy más. Y si añadimos la situación que estamos viviendo, vemos que es muy necesaria

Necesitamos la paz de Jesús para seguir trabajando.

Necesitamos la paz de Jesús para seguir esperando.

Necesitamos la paz de Jesús para seguir amando.

Necesitamos la paz de Jesús para seguir perdonando.

Necesitamos la paz de Jesús para seguir sirviendo.

Necesitamos la paz de Jesús para seguir alentando a otras personas.

Necesitamos la paz de Jesús para seguir testimoniando.

Necesitamos la paz de Jesús para seguir entregándonos.

Necesitamos la paz de Jesús para seguir solidarizándonos con nuestros hermanos los hombres.

Necesitamos la paz de Jesús para seguir mirando al cielo.

Necesitamos la paz de Jesús. Pidámosle este don.


REVISIÓN DE LA SEMANA SANTA