martes, 23 de abril de 2024

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 24 DE ABRIL DE 2024. FIESTA DEL HERMANO PEDRO

  Mt 25,31-46: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. 

Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. 

Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. 

Entonces dirá el rey a los de su derecha: 

"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. 

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme". 

Entonces los justos le contestarán: 

"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?". 

Y el rey les dirá: 

"En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis". 

Entonces dirá a los de su izquierda: 

"Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis". 

Entonces también estos contestarán: 

"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?". 

Él les replicará: 

"En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo". 

Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna».


Reflexión


Cada vez que lo hicisteis con mis hermanos los más pequeños. Por todos los lados, esquinas, comas y párrafos del evangelio nos queda claro que los preferidos, los primeros son los pequeños, pobres, indefensos y necesitados.


En la sociedad los primeros son los que han conseguido algo, o tienen, o aparentan. Ahora con las redes sociales, todavía mucho más, con los seguidores. Y hay personas que viven de ello, de los “me gusta” y número de visualizaciones.


Sin embargo, ahí no está la verdadera opción cristiana. Que está precisamente donde está la opción de Cristo.


Son sus preferidos, a los que durante sus años por Palestina, se dedicó en cuerpo y alma, sino que ahora se identifica con ellos.


Por ello, no hay camino de seguimiento de Jesús en el cual, no busquemos primordialmente estar con ellos.


Deben ser los primeros en mi corazón, mi tiempo, mis recursos, mis energías, etc. Es un morir al mundo, para un resucitar a la humanidad nueva del Reino de Dios.


REVISIÓN DE LA SEMANA SANTA

lunes, 22 de abril de 2024

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 23 DE ABRIL DE 2024

  Jn 10,22-30: Yo y el Padre somos uno.


Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:

- «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente.»

Jesús les respondió:

- «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mi. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno.»



Reflexión


En medio de esas diatribas con los judíos, Jesús lanza una de sus perlas: Yo y el Padre somos uno. Está revelando la intimidad trinitaria de su unicidad. El Padre y Él son uno en la identidad, pero también en la acción.


Está revelando su identidad, pero también la nuestra. Estamos llamados a participar de su unicidad, a irnos uniéndonos cada vez más a Jesús y gracias a Él, al Padre tanto en nuestra identidad, a través de la oración, como en la actividad, para que podamos decir como San Pablo: no soy yo, es Cristo que obra en mí. 


Vayamos dando pasos de confianza, abriendo nuestro corazón, dejándole la autoridad, la decisión, la iluminación y el empuje y no frenemos la acción de Dios.


Para poder lograrlo, Jesús nos envía el Espíritu Santo, el artífice de la unidad. 


REVISIÓN DE LA SEMANA SANTA

domingo, 21 de abril de 2024

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 22 DE ABRIL DE 2024

  Jn 10,1-10: Yo soy la puerta de las ovejas.


En aquel tiempo, dijo Jesús: 

-«Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.» 

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: 

-«Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mi son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»




Reflexión


Yo soy el Buen Pastor.

Pero también la Puerta. 

También el Alimento.

También el Camino.

También la Verdad.

También la Vida.

También la Roca.

También el Alfa, es decir, el principio.

También la Omega, es decir, el final. 

También el Origen, Guía y Meta del Universo.


Es decir, Jesús lo es todo en nuestra fe. No nos queda otra que entrar por Él, no por nosotros. La puerta es Él, hay que entrar por Él. 


REVISIÓN DE LA SEMANA SANTA   

jueves, 18 de abril de 2024

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 19 DE ABRIL DE 2024

  Jn 6,52-59: Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: 

«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». 

Entonces Jesús les dijo: 

«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 

Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. 

Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.


Reflexión


Seguimos con el discurso del pan de vida. Aquí Jesús establece una relación entre “comer la carne” y “beber la sangre” con el resultado o efecto que esto produce, que es “tener vida eterna”. Vida eterna no es la vida de los resucitados, sino que es vida en este mundo.


Por tanto, lo que distingue a un creyente, que se une a Jesús, “en la comunión plena con él”, no es que tiene una “vida celestial”, sino que lleva una “existencia humana”, que se realiza en una vida plena, sin conexión alguna con lo que sea muerte o amenaza para la vida.


La comunión eucarística no es solamente recibir al Señor, sino algo indeciblemente más fuerte: comulgar la “carne” (sarx) de Jesús es integrar, en la propia vida, la vida humana que asumió Dios en Jesús. Y muchas veces nos quedamos en las ramas.


REVISIÓN DE LA SEMANA SANTA      

miércoles, 17 de abril de 2024

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 18 DE ABRIL DE 2024

 Jn 6,44-51: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.


En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

- «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado.

Y yo lo resucitaré el último día.

Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios."

Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí.

No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre.

Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.

Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre.

Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»



Reflexión


Después de varios días celebrando fiestas con lecturas propias, empatamos hoy con el discurso del pan de vida, que ya habría empezado días atrás. Jesús hace mención al otro alimento venido del cielo. Alimento que Dios enviaba al pueblo de Israel mientras estaban de travesía por el desierto. Alimento insípido, que incluso les hizo añorar los alimentos que comían en Israel.


Ahora, Dios nos sigue alimentando de muchas maneras, pero la Eucaristía, la más excelsa. Creo que deberíamos plantearnos nuestras Eucaristías y nuestras comuniones. Con qué certeza, reverencia me acerco. Con qué agradecimiento lo vivo. Es nuestro principal alimento. Muchas veces, podemos venir a la misa como un cumplimiento. Sin embargo, menos veces somos conscientes del alimento que es Jesús. Muchas veces no somos conscientes que lo necesitamos. “Sin mí no podéis hacer nada”.


Y a diferencia del resto de los alimentos, que no están vivos. Jesús es un alimento vivo “pan vivo”. Y esto puede tener mucho de significación. Es un alimento que me interroga, que me transforma, que me purifica, que me impulsa, que me mueve, que me espolea, que me anima. Es un organismo vivo en nosotros. Tratémoslo como tal, dejando que actúe. 


REVISIÓN DE LA SEMANA SANTA      

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO IV DE PASCUA. CICLO B

                          



HOJA PARROQUIAL

20 y 21 de Abril de 2024

Domingo IV de Pascua. Ciclo B


Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana



Los textos son cogidos de la página de 













“Bienaventurados los que crean sin haber visto



LECTURAS



Primera lectura de los Hechos de los Apóstoles 4, 8-12


En aquellos días, lleno de Espíritu Santo, Pedro dijo:
«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros.

Él es la “piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular”; no hay salvación en ningún otro; pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos».


Salmo 117, 1 y 8-9. 21-23. 26 y 28-29 R. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular


Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor que fiarse de los jefes. R/.

Te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente. R/.

Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor.
Tu eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia. R/.


Segunda lectura de la primera carta del Apóstol San Juan 3, 1-2


Queridos hermanos:

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él.

Queridos, ahora somos hijos de Dios y aun no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.


Evangelio según San Juan 10, 11-18


En aquel tiempo, dijo Jesús:

«Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».


Los textos son cogidos de la página de 






ver


Todo y todos tenemos un nombre. Hay nombres comunes, que se aplican a un grupo o colectividad (árbol, casa, médico…) y hay nombres propios, que nos identifican (José, María, Juan…). A veces los utilizamos juntos para poder distinguir a una persona de otra (Vicente, el taxista; Carmen, la peluquera…) También decimos que alguien o algo “tiene un nombre” para referirnos a su fama, a su reputación o su prestigio (una marca comercial, una determinada familia…) Y en ocasiones hablamos o actuamos “en nombre de” alguien, es decir, representamos a otra persona y decimos o hacemos lo que esa persona haría o diría si estuviera presente.


juzgar




Las religiones utilizan el nombre común “dios” para referirse a una divinidad o ser supremo. En la antigüedad, los dioses también tenían nombres propios: Zeus, Apolo, Neptuno, Ra, Osiris… Nosotros creemos en un solo Dios, que se nos ha ido revelando a lo largo de la historia. Y en esa revelación, al principio, sólo se le llamaba “Dios”. En la cultura judía, el nombre tiene un significado mucho más profundo que simplemente identificar alguien o algo: el nombre indica la naturaleza, el ser, lo característico de ese algo o alguien. Por eso, Dios poco a poco fue dando a conocer su nombre. Moisés se lo preguntó: «Mira, yo iré a los hijos de Israel y les diré: “El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros”. Si ellos me preguntan: “¿Cuál es su nombre?”, ¿qué les respondo?». Dios dijo a Moisés: «“Yo soy el que soy”; esto dirás a los hijos de Israel: “Yo soy” me envía a vosotros». (Ex 3, 13-14)


En la Biblia encontramos diferentes nombres que se han utilizado para referirse a Dios: Yahvé (Yo soy), Adonai (Señor), Enmanuel (Dios con nosotros)… que, de acuerdo con la cultura judía, más que nombres son descripciones de su ser. Hasta que en esa revelación que Dios hace de sí mismo a lo largo de la historia, cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer (Gal 4, 4), y a partir de ese momento Dios adquiere un nombre propio: Jesús, como el Ángel dijo a la Virgen María: Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. (Lc 1, 33)


Jesús, como Hijo de Dios y para que podamos conocerle mejor, también se denomina a sí mismo con diferentes nombres, a partir del Nombre que Dios reveló a Moisés. En el Evangelio según san Juan, Jesús dice: Yo soy el Pan de Vida; Yo soy la Luz del mundo; Yo soy la Puerta de las ovejas; Yo soy la Resurrección y la Vida; Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; Yo soy la verdadera Vid. Cada uno de estos nombres tiene un significado profundo para sus discípulos, de entonces y de ahora.

Y, en este cuarto domingo de Pascua, Jesús nos ha dicho: Yo soy el Buen Pastor. En aquella sociedad la figura del pastor estaba muy presente y era muy familiar, pero Jesús añade unas características propias para distinguirse de los “asalariados”: Conozco a mis ovejas… Yo doy mi vida por las ovejas.

 

Hoy se nos invita a profundizar en lo que significa para nosotros que Jesús lleve el nombre de Buen Pastor: nos conoce en profundidad, nos ama y, como hemos celebrado en Semana Santa, da su vida por nosotros para que encontremos y sigamos el camino de la verdadera Vida.


actuar





Pero hagámoslo en primera persona del singular: Jesús es “mi” Buen Pastor, que “me” conoce completamente; a Jesús “le” importo, Él “me” ama y dio su vida por “mí”, para que yo encuentre el camino de la verdadera Vida. ¿Qué significa para mí que Jesús sea mi Buen Pastor? ¿Cómo repercute eso en mi vida cotidiana? ¿Qué tipo de “oveja” soy? ¿Le conozco y quiero conocerle cada vez mejor? ¿Me siento unido al resto de su rebaño, a la Iglesia, a la comunidad parroquial?


Necesitamos conocer y “vivir” lo que significa que Jesús sea el Buen Pastor, no sólo por nosotros, sino por los demás, por la misión evangelizadora, por el Primer Anuncio que debemos llevar a cabo. En la 1ª lectura hemos escuchado que Pedro, tras curar a un paralítico, afirma claramente: Quede bien claro a todos vosotros que ha sido el nombre de Jesucristo… No se ha dado otro nombre por el que debamos salvarnos. Jesús cuenta con nosotros para que, en medio de tantos “nombres comunes” y de tantos “asalariados” que proponen estilos de vida o ideologías que no tienen en cuenta el verdadero bien de las personas, nosotros demos a conocer claramente, de palabra y de obra, el Nombre de Jesús, el Buen Pastor que murió y resucitó para que todos podamos tener su misma Vida.






4. Próximos pasos


102. En el camino de conversión y reforma, nos apoyamos en los dones que hemos recibido durante el primer año del proceso sinodal, a partir de la contemplación de lo que Jesús nos muestra continuamente en los Evangelios: la atención libre y gratuita al otro, que está en la base de la escucha, no es un recurso limitado que hay que guardar celosamente, sino una fuente desbordante que no se agota, sino que crece cuanto más se recurre a ella. La escucha y el diálogo son el camino para acceder a los dones que el Espíritu nos ofrece a través de la variedad multiforme de la única Iglesia: carismas, vocaciones, talentos, habilidades, lenguas y culturas, tradiciones espirituales y teológicas, diferentes formas de celebrar y dar gracias. Las síntesis no piden uniformidad, sino que aprendamos a crecer en una sincera armonía que ayude a los creyentes a cumplir su misión en el mundo, creando los vínculos necesarios para caminar juntos con alegría.


103. El mensaje del Sínodo es sencillo: estamos aprendiendo a caminar juntos y a sentarnos juntos para partir el único pan, para que cada uno y cada una encuentre su lugar. Todos están llamados a participar en este viaje, nadie está excluido. Nos sentimos llamados a ello para poder anunciar de forma creíble el Evangelio de Jesús a todos los pueblos. Este es el camino que pretendemos seguir en la Etapa Continental.


4.2 Metodología de la Etapa Continental


104. Este Documento para la Etapa Continental (DEC) nos invita a dar un paso más en este camino espiritual “para una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión” y constituye su punto de referencia. «Así como la experiencia de los discípulos de Emaús fue solo el comienzo de su nueva misión, nuestro proceso sinodal es solo un primer paso» (CE Federación Rusa). El contexto continental constituye una oportunidad para vivir la sinodalidad, que aún estamos aprendiendo a captar y que ahora se nos invita a practicar concretamente.


105. El DEC, que recoge y restituye a las Iglesias locales lo que el Pueblo de Dios de todo el mundo dijo en el primer año del Sínodo, tiene la finalidad de guiarnos y de permitirnos profundizar en nuestro discernimiento, teniendo en cuenta la pregunta básica que anima todo el proceso: «¿cómo se realiza hoy, a diversos niveles (desde el local al universal) ese “caminar juntos” que permite a la Iglesia anunciar el Evangelio, de acuerdo a la misión que le fue confiada; y qué pasos el Espíritu nos invita a dar para crecer como Iglesia sinodal?» (DP n. 2).


106. El DEC es, pues, el instrumento privilegiado a través del cual se puede realizar el diálogo de las Iglesias locales entre sí y con la Iglesia universal en la Etapa Continental. Para proseguir este proceso de escucha, diálogo y discernimiento, la reflexión se centrará en tres cuestiones: