HOJA PARROQUIAL
27 y 28 de Diciembre de 2025
Domingo de la Sagrada Familia. Ciclo A
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“Con José, custodios de la luz que llega”
LECTURAS
Primera lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14
Salmo 127, 1bc-2. 3. 4-5 R/. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos
Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.
El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.
Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo.
Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.
Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.
Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.
Evangelio según san Mateo 2, 13-15. 19-23
José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».
Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel.
Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.
Los textos son cogidos de la página de
ver
En la Nochebuena/Navidad decíamos que, cuando nace un niño en una familia, un comentario común de los padres es: ‘Ahora todo gira en torno a él’. Los horarios, el ritmo de vida, las tareas, diversiones… se organizan en función de las necesidades del recién nacido. Y, aunque eso les suponga esfuerzo, muchos cambios y trastorno, lo hacen con gusto porque tienen muy claro que ese niño es ahora lo prioritario. Pero lógicamente, con el paso del tiempo, a medida que ese niño crece, ya va dejando de ser el centro, ya no gira todo en torno a Él.
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Desde la Nochebuena/Navidad seguimos celebrando que a nosotros “un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, que nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor”. Y por eso ahora, como cristianos, todo debería girar en torno a Él. Pero lo cierto es que, pasada la Nochebuena, para la mayoría de personas todo gira en torno a los festejos de Nochevieja y los regalos de Reyes. Y, una vez pasen estos días, este Niño dejará de ser el centro, ya no girará todo en torno Él.
Para que el Dios hecho hombre siga siendo el centro de nuestra vida y de nuestro amor, hoy contemplamos a la Sagrada Familia: Jesús, María y José. Desde el momento de su concepción y ya para siempre, todo en las vidas de María y de José ha girado en torno a Él, porque es el que fundamenta y da sentido a esta Familia, en los momentos buenos y también en los malos, como hemos escuchado en el Evangelio. Ante la amenaza de Herodes, José recibió este aviso: “Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto…” Tras unos años en Egipto, otra vez hay cambio de planes: “Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel…” pero como la amenaza a Jesús continúa, “avisado en sueños se retiró a Galilea, y se estableció en una ciudad llamada Nazaret…” Porque todo en su familia gira en torno a Él, José y María hacen lo que sea necesario aunque les suponga muchos cambios, esfuerzo y trastorno. Pero esa centralidad de Jesús es lo que les une más, y les da fuerza y esperanza.
Sabemos que hoy en día en algunos sectores se cuestiona a la familia, o bien nos encontramos con diferentes modelos o propuestas de organización familiar. No se trata de contraponer la mal llamada ‘familia tradicional’ a otros tipos de familia, sino de proponer, de mostrar lo que es y distingue a la familia cristiana: que en ella todo gira en torno a este Niño que nos ha nacido.
Contemplar hoy a la Sagrada Familia, en la que todo gira en torno a Jesús, es una llamada para que en nuestras propias familias todo gire en torno a Él, no sólo estos días, sino ya para siempre, aunque esto suponga cambios y esfuerzo, porque eso es lo que hace que una familia sea ‘familia cristiana’. Y en la 2ª lectura tenemos varias pistas para que todo gire en torno a Jesús:
“Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados”. La familia cristiana es una familia que ora. Y la acción de gracias por excelencia es la Eucaristía, sobre todo la dominical. Es presencia sacramental de Jesús y por eso debe ser el centro de la vida de fe de la familia cristiana.
“La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría”. La familia cristiana no se limita a ‘celebrar’, sino que procura conocer cada vez más a Jesús, con la meditación de su Palabra y siguiendo una formación continua desde la infancia hasta la edad adulta, de ahí los Equipos de Vida.
Y esta celebración y formación en la fe se hace vida en el día a día de la familia cristiana. Como todo gira en torno a Jesús, sus miembros se revisten de “compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia…” y con el perdón, porque “el Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo”. Y estas actitudes y comportamientos se concretan en las situaciones cotidianas de la vida, en la relación entre sus miembros como hemos escuchado al final de la 2ª lectura en un lenguaje propio de la época de san Pablo, y también en la 1ª lectura: delicadeza, obediencia, cuidado, compasión…
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Este estilo de vida es el que distingue a la familia cristiana de otras familias, porque se nota que todo gira en torno a Jesús, aunque esto suponga cambios y esfuerzo, porque están reflejando a la Sagrada Familia. Y esa centralidad de Jesús es lo que une más a la familia, y les da fuerza y esperanza, porque han puesto “por encima de todo el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta”, y por eso, por encima de cualquier circunstancia buena o mala, “la paz de Cristo reina” en sus corazones.
DOCUMENTO FINAL
POR UNA IGLESIA SINODAL:
COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN
Parte V – “También yo los envío”
143. Una de las peticiones que ha surgido con más fuerza de todas las partes a lo largo del proceso sinodal es que la formación sea integral, continua y compartida. Su finalidad no es sólo la adquisición de conocimientos teóricos, sino la promoción de la capacidad de apertura y encuentro, de compartir y colaborar, de reflexión y discernimiento en común, de lectura teológica de las experiencias concretas. Por tanto, debe cuestionar todas las dimensiones de la persona (intelectual, afectiva, relacional y espiritual) e incluir experiencias concretas debidamente acompañadas. Igualmente fue manifestada la insistencia en la necesidad de una formación en la que participen juntos hombres y mujeres, laicos, consagrados, ministros ordenados y candidatos para el ministerio ordenado, que les permita crecer en el conocimiento y estima mutuos y en la capacidad de colaborar. Esto requiere la presencia de formadores idóneos y competentes, capaces de confirmar con la vida lo que transmiten con la palabra: sólo así la formación será verdaderamente generadora y transformadora. Tampoco debemos pasar por alto la contribución que las disciplinas pedagógicas pueden aportar a la preparación de cursos de formación bien orientados, atentos a los procesos de aprendizaje en la edad adulta y al acompañamiento de las personas y las comunidades. Por tanto, debemos invertir en la formación de formadores.
144. La Iglesia dispone ya de muchos lugares y recursos para la formación de discípulos misioneros: familias, pequeñas comunidades, parroquias, agregaciones eclesiales (institutos, movimientos y nuevas comunidades), seminarios, comunidades religiosas, instituciones académicas, pero también lugares de servicio y de trabajo con los marginados, experiencias misioneras y de voluntariado. En todos estos ámbitos la comunidad expresa su capacidad de educar en el discipulado y de acompañar en el testimonio, en un encuentro que a menudo reúne a personas de distintas generaciones, desde los más jóvenes hasta los ancianos. En la Iglesia nadie es mero destinatario de la formación: todos somos sujetos activos y tenemos algo que donar a los demás. La piedad popular es también un tesoro precioso de la Iglesia, que enseña el camino a todo el Pueblo de Dios.
145. Entre las prácticas formativas que pueden recibir un nuevo impulso de la sinodalidad, se debe prestar particular atención a la catequesis para que, además de declinarse en los itinerarios de la Iniciación, sea cada vez más “en salida” y hacia afuera. Las comunidades de discípulos misioneros sabrán practicarla en el signo de la misericordia y acercarla a la experiencia de cada uno, llevándola a las periferias existenciales, sin perder en esto la referencia al Catecismo de la Iglesia Católica. Puede convertirse así en un “laboratorio de diálogo” con los hombres y mujeres de nuestro tiempo (cf. Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Directorio general para la catequesis, 54) e iluminar su búsqueda de sentido. En muchas Iglesias, los catequistas son el recurso fundamental para el acompañamiento y la formación; en otras, su servicio debe ser más valorado y sostenido por la comunidad, alejándose de una lógica de delegación, que contradice la sinodalidad. Teniendo en cuenta la amplitud de los fenómenos migratorios, es importante que la catequesis promueva el conocimiento mutuo entre las Iglesias de los países de origen y de acogida.









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