HOJA PARROQUIAL
13 y 14 de Diciembre de 2025
Domingo III de Adviento. Ciclo A
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“¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”
LECTURAS
Primera lectura del libro de Isaías 35, 1-6a. 10
El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá, germinará y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo.
Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.
Contemplarán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes; decid a los inquietos: «Sed fuertes, no temáis.
He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios.
Viene en persona y os salvará».
Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo.
Retornan los rescatados del Señor.
Llegarán a Sión con cantos de júbilo: alegría sin límite en sus rostros.
Los dominan el gozo y la alegría.
Quedan atrás la pena y la aflicción.
Salmo 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10 R/. Ven, Señor, a salvarnos
Segunda lectura de la carta del apóstol Santiago 5, 7-10
Hermanos: esperad con paciencia hasta la venida del Señor.
Mirad: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía.
Esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca.
Hermanos, no os quejéis los unos de los otros, para que no seáis condenados; mirad: el juez está ya a las puertas.
Hermanos, tomad como modelo de resistencia y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.
Evangelio según san Mateo 11, 2-11
Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”.
En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».
Los textos son cogidos de la página de
ver
A finales de octubre, ya empezaron a instalar en las calles la decoración navideña. Resultaba totalmente anacrónico, porque con una temperatura superior durante el día a los 25 grados, para nada había ‘ambiente navideño’. Lo mismo en bazares, grandes superficies y supermercados, en cuanto pasó la celebración de Todos los Santos se pusieron a la venta los adornos y dulces típicos de la Navidad. No sólo en lo referente a la Navidad, sino en muchos otros ámbitos, lo queremos todo ‘ya’, nos hemos vuelto muy impacientes, y hemos perdido el sentido de la espera, el gusto de vivir la anticipación, la preparación para disfrutar más lo esperado.
juzgar
El Papa Francisco, en la Bula de convocación del Jubileo ‘Peregrinos de esperanza’, nos invitaba a «desarrollar una virtud estrechamente relacionada con la esperanza: la paciencia. Estamos acostumbrados a quererlo todo y de inmediato, en un mundo donde la prisa se ha convertido en una constante. Ya no se tiene tiempo para encontrarse, y a menudo incluso en las familias se vuelve difícil reunirse y conversar con tranquilidad. La paciencia ha sido relegada por la prisa, ocasionando un daño grave a las personas. Asimismo, en la era del internet, donde el espacio y el tiempo son suplantados por el ‘aquí y ahora’, la paciencia resulta extraña». (4)
Este tercer domingo de Adviento, tiempo de preparación a la Navidad, tiempo de espera y esperanza, nos hace una llamada a la paciencia, como recomendaba san Pablo en la 2ª lectura: “Esperad con paciencia hasta la venida del Señor. Mirad: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía. Esperad con paciencia también vosotros… porque la venida del Señor está cerca”. Lo que es de verdad la Navidad, lo que nosotros esperamos, está cerca y llegará, no hace falta apresurarlo ni adelantarlo. El Adviento es la ocasión de sentirnos como ese labrador y aguardar con agradecimiento la llegada de ese ‘fruto precioso’ que es el Hijo de Dios hecho hombre, que se hace presente por nosotros y por nuestra salvación. Nos vemos envueltos en la prisa por adelantar la Navidad, por empezarla ‘ya’, aunque sólo en sus aspectos externos y menos importantes; por eso, nos corresponde a nosotros no dejarnos arrastrar por esa corriente.
Por eso, no sólo ‘aguardamos’ pasivamente, sino que nos preparamos. El Adviento es el tiempo para profundizar con paciencia en el contenido de nuestra esperanza.
Podemos refrescar en nosotros la promesa de Dios que hemos escuchado en la 1ª lectura: “El desierto y el yermo se regocijarán… se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán, saltará el cojo como un ciervo…” actualizando estas imágenes a nuestro ‘hoy’, a nuestra realidad personal, familiar, social… para ver en qué medida esa promesa de Dios influye o no en nuestra vida cotidiana.
También, en nuestra oración, podemos hacer al Señor la pregunta de los discípulos de Juan: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”, pensando si de verdad estamos esperando a Jesús, o bien en estos días son otras personas, actividades o intereses lo que estamos esperando de verdad, lo que ocupa la mayor parte de nuestro pensamiento, atención y tiempo.
Y también podemos aplicarnos la respuesta que da el Señor: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!” De nuevo, traduzcamos estas imágenes a nuestra realidad: ¿Estoy ‘viendo y oyendo’ signos de la presencia de Dios entre nosotros, en mi vida, en la sociedad? ¿Sé descubrir la acción de Dios en medio de tantas situaciones difíciles propias o ajenas o ‘me escandalizo’ porque pienso que no está haciendo nada?
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La 1ª lectura nos pedía: “Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes…” Y san Pablo también nos recomendaba: “Fortaleced vuestros corazones”. Aún queda tiempo de Adviento aprovechémoslo para ‘fortalecernos’, sin prisas, cuidando la oración, la participación en la Eucaristía, la formación…
Hagamos nuestra la llamada del Papa Francisco: «Redescubrir la paciencia hace mucho bien a uno mismo y a los demás. La paciencia, que también es fruto del Espíritu Santo, mantiene viva la esperanza y la consolida como virtud y estilo de vida. Por lo tanto, aprendamos a pedir con frecuencia la gracia de la paciencia, que es hija de la esperanza y al mismo tiempo la sostiene». (4) Ojalá que uno de los frutos del Jubileo sea éste: no seamos impacientes. “El Señor está cerca”, preparemos bien su venida como verdaderos ‘Peregrinos de esperanza’.
DOCUMENTO FINAL
POR UNA IGLESIA SINODAL:
COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN
137. Entre los frutos más significativos del Sínodo 2021-2024 está la intensidad del impulso ecuménico. La necesidad de encontrar “una forma de ejercicio del primado que [...] se abra a una situación nueva” (UUS 95) es un desafío fundamental tanto para una Iglesia sinodal misionera como para la unidad de los cristianos. El Sínodo acoge con satisfacción la reciente publicación del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos El Obispo de Roma. Primado y sinodalidad en los diálogos ecuménicos y en las respuestas a la encíclica Ut unum sint, que ofrece perspectivas para una ulterior profundización. El documento muestra que la promoción de la unidad de los cristianos es un aspecto esencial del ministerio del Obispo de Roma y que el camino ecuménico ha favorecido una comprensión más profunda del mismo. Las propuestas concretas que contiene sobre una relectura o un comentario oficial de las definiciones dogmáticas del Concilio Vaticano I sobre el primado, una distinción más clara entre las distintas responsabilidades del Papa, la promoción de la sinodalidad y la búsqueda de un modelo de unidad basado en una eclesiología de comunión, ofrecen perspectivas prometedoras para el camino ecuménico. La Asamblea sinodal espera que este documento sirva de base para ulteriores reflexiones con los otros cristianos, “por supuesto juntos”, sobre el ejercicio del ministerio de unidad del Obispo de Roma como “servicio de amor reconocido por unos y otros” (UUS 95).
138. La riqueza que representa la participación de Delegados fraternos de otras Iglesias y Comuniones cristianas en la Asamblea sinodal nos invita a prestar más atención a las prácticas sinodales de nuestros interlocutores ecuménicos, tanto de Oriente como de Occidente. El diálogo ecuménico es fundamental para desarrollar una comprensión de la sinodalidad y de la unidad de la Iglesia. Nos empuja a imaginar prácticas sinodales auténticamente ecuménicas, incluso hasta formas de consulta y discernimiento sobre cuestiones urgentes de interés común, como podría ser la celebración de un sínodo ecuménico sobre la evangelización. También nos invita a rendir cuentas recíprocamente de lo que somos, lo que hacemos y lo que enseñamos. En la raíz de esta posibilidad está el hecho de que estamos unidos en el único Bautismo, del que brota la identidad del Pueblo de Dios y el dinamismo de la comunión, la participación y la misión.
139. El 2025, Año del Jubileo, es también el aniversario del primer Concilio Ecuménico, en el que se formuló, de manera sinodal, el símbolo de la fe que une a todos los cristianos. La preparación y conmemoración conjunta del 1700 aniversario del Concilio de Nicea debería ser una ocasión para profundizar y confesar juntos la fe cristológica y poner en práctica formas de sinodalidad entre los cristianos de todas las tradiciones. Será también una ocasión para promover iniciativas audaces en favor de una fecha común de pascua, de modo que podamos celebrar la resurrección del Señor el mismo día, como providencialmente sucederá en 2025, y dar así mayor fuerza misionera al anuncio de Aquel que es la vida y la salvación del mundo entero.









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