HOJA PARROQUIAL
10 y 11 de Enero de 2026
Domingo del Bautismo del Señor. Ciclo A
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“Se bautizó Jesús y vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre Él”
LECTURAS
Primera lectura del libro de Isaías 42, 1-4. 6-7
He puesto mi espíritu sobre él, manifestará la justicia a las naciones.
No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará.
Manifestará la justicia con verdad.
No vacilará ni se quebrará, hasta implantar la justicia en el país.
En su ley esperan las islas.
Yo, el Señor, te he llamado en mi justicia, te cogí de la mano, te formé e hice de ti alianza de un pueblo y luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la cárcel, de la prisión a los que habitan en tinieblas».
Salmo 28, 1b y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10 R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz
Segunda lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34-38
Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».
Evangelio según san Mateo 3, 13-17
En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Los textos son cogidos de la página de
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Hay personas a las que, sin que lo especifiquen, ‘se les nota’ en qué ambientes han crecido o qué trabajo han realizado o realizan, porque hay circunstancias del entorno familiar, educativo, laboral… que nos ‘marcan’. Quizá no seamos muy conscientes de esas circunstancias, pero lo cierto es que influyen poderosamente en la formación de la personalidad, y determinan el modo en que nos desenvolvemos en nuestra vida y, por tanto, se manifiestan en nuestras obras.
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Hay una circunstancia de la que no solemos ser muy conscientes, y que debería habernos ‘marcado’ y determinar completamente el modo en que nos desenvolvemos en nuestra vida: el Bautismo. La mayoría lo hemos recibido de pequeños y no hemos caído en la cuenta (ni nos lo han recordado lo suficiente) de la importancia que tiene este Sacramento, el primero de los siete.
Hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Señor y, contemplando a Jesús recibiendo el Bautismo, debemos recordar algo que a menudo pasamos por alto: «El Bautismo imprime en el cristiano un sello espiritual indeleble (“carácter”) de su pertenencia a Cristo». El Bautismo nos ‘marca’ para siempre, y esto no es sólo un concepto teológico: es algo que afecta, o debería afectar, a toda nuestra vida, porque si el Bautismo nos ‘marca’ o imprime carácter, eso significa que nuestras palabras, pensamientos, decisiones, acciones… deben manifestar este ‘carácter’, siendo fieles al Bautismo recibido.
Hemos escuchado que “apenas se bautizó Jesús, se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre Él. Y vino una voz de los cielos”: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco»”. Contemplando a Jesús en su Bautismo, vamos a recordar lo que nos ofrece este Sacramento:
Es el fundamento de toda la vida cristiana.
Nos da una vida nueva como hijos de Dios, capaces de creer en Él, de esperar en Él y de amarlo.
Nos une a la muerte y resurrección de Cristo.
Nos concede poder vivir y obrar guiados por el Espíritu Santo.
También nos incorpora a la Iglesia, y nos hace partícipes de su misión evangelizadora.
Todo esto debería ‘marcarnos’ y ser determinante para desenvolvernos en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, no solemos tener presente todo lo que hemos recibido en el Bautismo; suele quedar como ‘algo del pasado’, y son multitud los que lo recibieron en su día pero ahora no influye para nada en su vida. Y demasiadas veces lo que participamos asiduamente en la vida de la Iglesia pero vivimos una fe superficial, cómoda, rutinaria, de mero cumplimiento.
Sin embargo, como indica el Catecismo, «en todos los bautizados, niños o adultos, la fe debe crecer después del Bautismo» (1254). El Bautismo nos compromete a seguir creciendo y madurando como cristianos para seguir el ejemplo de Jesús, “ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien… porque Dios estaba con Él”. Nosotros hemos recibido el mismo Espíritu que bajó sobre Jesús, Él nos ha ‘marcado’ y ese carácter debemos manifestarlo en nuestras palabras y obras y en el estilo con que las realizamos, porque uno de los indicios por los que se debería notar que una persona es cristiana es el modo en que se desenvuelve en su vida cotidiana y en su relación con los demás: “No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará…” Apliquemos esto a hechos concretos de nuestro día a día, y descubriremos cuántas ocasiones tenemos para que se nos note el Bautismo y la ‘marca’, el carácter que nos confiere.
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¿Se me nota el ambiente en que he crecido, la educación recibida, el trabajo que realizo…? ¿Me siento ‘marcado’ por el Bautismo, tengo presente todo lo que he recibido, se me nota en mi vida cotidiana, en mis palabras, pensamientos, decisiones y acciones? ¿Vivo la fe de forma cómoda y rutinaria, o participo en lo que me permite crecer y madurar en la fe?
Con la fiesta del Bautismo del Señor termina el tiempo de Navidad. Mañana iniciamos el Tiempo Ordinario, lo cual no significa que sea de menor importancia. Precisamente es en el día a día donde debemos manifestar nuestro Bautismo para continuar, como hijos amados del Padre y ‘marcados’ con la fuerza del Espíritu Santo, la misión evangelizadora que Cristo nos ha encomendado.
DOCUMENTO FINAL
POR UNA IGLESIA SINODAL:
COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN
Parte V – “También yo los envío”
149. En la formación del Pueblo de Dios a la sinodalidad, es necesario considerar también algunos ámbitos específicos, a los que el proceso sinodal ha llamado insistentemente la atención. El primero se refiere al impacto del ambiente digital en los procesos de aprendizaje, en la capacidad de concentración, en la percepción de sí mismo y del mundo, y en la construcción de las relaciones interpersonales. La cultura digital constituye una dimensión crucial del testimonio de la Iglesia en la cultura contemporánea, así como un campo misionero emergente. Por eso es necesario cuidar que el mensaje cristiano esté presente en la red de formas fiables que no distorsionen su contenido de forma ideológica. Aunque lo digital tiene un gran potencial para mejorar nuestras vidas, también puede causar daños y perjuicios, a través del acoso, la desinformación, la explotación sexual y la adicción. Es importante que las instituciones educativas de la Iglesia ayuden a niños y adultos a desarrollar habilidades críticas para navegar con seguridad por la red.
150. Otro ámbito de gran importancia es la promoción en todos los ambientes eclesiales de una cultura de tutela y protección (safeguarding), para hacer de las comunidades lugares cada vez más seguros para los menores y las personas vulnerables. Ya se ha comenzado a trabajar para dotar a las estructuras eclesiales de normas y procedimientos legales que permitan prevenir los abusos y responder a tiempo ante comportamientos inadecuados. Es necesario continuar con este compromiso, ofreciendo una formación específica y continua, adecuada a quienes trabajan en contacto con menores y adultos vulnerables, para que puedan actuar con competencia y sepan captar las señales, a menudo silenciosas, de quienes están viviendo un drama y necesitan ayuda. La acogida y el apoyo a las víctimas es una tarea delicada e indispensable que requiere una gran humanidad y debe llevarse a cabo con la ayuda de personas cualificadas. Todos debemos dejarnos estremecer por su sufrimiento y practicar esa proximidad que, mediante opciones concretas, les alivia, les ayuda y prepara un futuro diferente para todos. Los procesos de safeguarding deben ser objeto de seguimiento y evaluación constantes. Las víctimas y los sobrevivientes deben ser acogidos y apoyados con gran sensibilidad.
151. Los temas de la doctrina social de la Iglesia, el compromiso por la paz y la justicia, el cuidado de la casa común y el diálogo intercultural e interreligioso también deben ser más difundidos en el Pueblo de Dios, para que la acción de los discípulos misioneros incida en la construcción de un mundo más justo y fraterno. El compromiso por la defensa de la vida y los derechos de la persona, por el orden justo de la sociedad, por la dignidad del trabajo, por una economía justa y solidaria, por una ecología integral, forman parte de la misión evangelizadora que la Iglesia está llamada a vivir y encarnar en la historia.









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