jueves, 9 de julio de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

                                                                         

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana







“Salió el sembrador a sembrar


LECTURAS

 




Primera lectura del libro de Isaías 55, 10-11


Esto dice el Señor:
«Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo,
y no vuelven allá sino después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar,
para que dé semilla al sembrador
y pan al que come,
así será mi palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí vacía,
sino que cumplirá mi deseo
y llevará a cabo mi encargo».



Salmo 64, 10. 11. 12-13. 14 R/. La semilla cayó en tierra buena y dio fruto.


Tú cuidas de la tierra, la riegas
y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales. R/.

Así preparas la tierra.
Riegas los surcos,
igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes. R/.

Coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría. R/.

Las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan. R/.


Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 18-23


Hermanos:
Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto.
Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.


Evangelio según san Mateo 13, 1-23


Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas:
«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.
El que tenga oídos, que oiga».
Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
«Por qué les hablas en parábolas?».
Él les contestó:
«A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.
Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías:
“Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver;
porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos;
para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón,
ni convertirse para que yo los cure”.
Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador:
si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril.
Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».



Los textos son cogidos de la página de 







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Hace unas semanas, fue noticia que los agricultores aseguraban que la siembra de cereales para este año iba a ser la más cara de la historia debido, entre otros factores, al incremento de costes de carburantes y fertilizantes por la guerra en Irán, unido a la creciente influencia del cambio climático. Además, los precios de venta están por debajo de los de producción y, como algunos dijeron, ‘estamos trabajando a pérdidas’. Respecto a las consecuencias de la guerra, poco se puede hacer, pero en cuanto al cambio climático, los agricultores apoyaban la elección de semillas de buena calidad, con mayor resistencia y que con menos dosis producen bastante más cosecha.





juzgar



Hoy hemos escuchado en el Evangelio una de las parábolas más conocidas: la del sembrador, y su correspondiente explicación. Son muchas las posibilidades de reflexión y oración que esta parábola nos ofrece: que todos somos sembradores, cómo y dónde sembramos, qué tipo de terreno somos… Y, teniendo presente la noticia de los agricultores, podemos pensar no sólo en que, «por el Bautismo, todos los bautizados son corresponsables de la misión de la Iglesia» (Tema 6 Vocación, servicio, ministerio), todos somos sembradores, sino en cómo nos sentimos al desarrollar esta misión que el Señor nos confía. 

Los agricultores decían que este año la siembra iba a ser la más cara de la historia. ¿Me cuesta mucho ser sembrador, asumir un compromiso evangelizador en la comunidad parroquial? Si ya lo estoy realizando, ¿noto que cada vez me resulta más costoso realizarlo? ¿Por qué me cuesta tanto? 

Una de las causas era el incremento de costes de carburantes y fertilizantes. Lo que nos mueve y alimenta como sembradores es la oración, la Eucaristía, el perdón, la formación… ¿Me cuesta dedicar un tiempo a la oración sincera? ¿La Eucaristía dominical es el centro de mi vida cristiana, o me cuesta integrarla en ‘mis horarios’? ¿Me cuesta recibir el sacramento del perdón? ¿Participo en los Equipos de Vida, grupos de reflexión, etc., para ‘fertilizar’ mi fe, o se me hace cuesta arriba? 

Otra de las causas es la creciente influencia del cambio climático. Pero vivimos un ‘cambio’ no sólo meteorológico, sino global: «Vivimos un cambio de época. Han cambiado las convicciones profundas desde las que las personas miran la vida, buscan la felicidad. Han cambiado las personas por dentro, su manera de entender el mundo. Muchos adultos viven ‘sin trascendencia’: no sienten necesidad de Dios, y el lenguaje de la fe resulta extraño o incomprensible. Y, si cambia el mundo, también tiene que cambiar la manera en que la Iglesia anuncia el Evangelio y acompaña a las personas». (Tema 2) Como sembrador, ¿he asumido el cambio de época? ¿O sigo haciendo lo de siempre y como siempre, y no estoy dispuesto a cambiar? 

Los agricultores también decían que están ‘trabajando a pérdidas’. Como sembradores, también podemos pensar que los esfuerzos invertidos en la misión evangelizadora son mucho mayores que los frutos que surgen, si es que surgen, y que estamos perdiendo el tiempo. Por eso san Pablo nos ha dicho: “Considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará”. Es una llamada a la esperanza, a mirar más allá de nosotros mismos y nuestras fuerzas. 

Los agricultores apoyan la elección de semillas de buena calidad, con mayor resistencia y que con menos dosis producen más cosecha. Como sembradores, ya disponemos de esa semilla de buena calidad, lo hemos escuchado en la 1ª lectura: “Así será mi Palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo ni encargo”. Una semilla que, como ha dicho Jesús, sólo con una cuarta parte que cae “en tierra buena da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno”. ¿Soy consciente del valor de la Palabra de Dios? ¿Cómo la cuido? ¿Confío en su poder para dar fruto?


actuar




«El mundo actual presenta oportunidades únicas para la evangelización». Hoy agradecemos al Señor que nos haya llamado, por el bautismo, a ser sus sembradores. Aunque cada vez nos cueste más y sintamos que estamos ‘trabajando a pérdidas’, hemos de corresponder a su confianza, confiando en el poder de su ‘semilla’, de su Palabra. Por eso, «no basta con mantener las mismas estructuras y actividades de siempre. La conversión pastoral se vive buscando una fidelidad creativa a la Tradición viva de la Iglesia, atreviéndonos a nuevas formas de estar presentes y de servir en la vida de los hombres y mujeres de hoy, para que, a través de nosotros, su Evangelio siga llegando limpio, vivo y esperanzador a este nuevo tiempo de la Historia, confiando en que también en las generaciones que vienen, el Señor sigue sembrando y haciendo crecer algo nuevo». (Tema 2)

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