jueves, 30 de julio de 2026

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A

                                                                            

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana







“Comieron todos y se saciaron


LECTURAS

 



Primera lectura del libro de Isaías 55, 1-3


Esto dice el Señor:
«Oíd, sedientos todos, acudid por agua; venid, también los que no tenéis dinero:
comprad trigo y comed, venid y comprad, sin dinero y de balde, vino y leche.
¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura? Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad vuestro oído, venid a mí:
escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros una alianza perpetua, las misericordias firmes hechas a David».



Salmo 144, 8-9. 15-16. 17-18 R/. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.


El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente. R/.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/.


Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 35. 37-39


Hermanos:
¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?
Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.



Evangelio según san Mateo 14, 13-21


En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto.
Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.
Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».
Jesús les replicó:
«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
Ellos le replicaron:
«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Les dijo:
«Traédmelos».
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.




Los textos son cogidos de la página de 







ver





Una conocida canción de finales de los 60 se titula ‘Tres cosas hay en la vida’. Y la letra decía: «Tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor. Y el que tenga estas tres cosas, que le dé gracias a Dios». Todos estaríamos de acuerdo en esta afirmación, pero lo cierto es que estas tres cosas pocas veces se dan a la vez; y, aunque se den a la vez, no suele ser por un tiempo prolongado.





juzgar



Cuando esta canción era más popular, a veces en las tertulias que tenía la gente se preguntaban: ‘Si tuviéramos que elegir una, ¿cuál sería?’. Las respuestas dependían mucho de la edad de las personas. Los jóvenes solían decir que ‘dinero’, porque no solían tener problemas de salud y decían que con dinero puedes tener las otras dos; los mayores solían decir que ‘salud’, porque a determinadas edades la salud ya empieza a ser un problema y ‘si estás bien de salud, puedes soportar mejor la falta de las otras dos cosas’. Pocas veces salía en primer lugar el amor. 

Sin embargo, la experiencia de la vida nos muestra que, aunque sea necesario para vivir y en determinados aspectos solucione problemas, el dinero por sí solo no da ni la salud, ni el amor; y también sabemos que, por mucho dinero que tengas, la salud se va deteriorando y acaba perdiéndose más pronto o más tarde. Y también por experiencia sabemos que, cuando atravesamos situaciones difíciles, tener al lado a alguien que nos ama es lo que nos da fuerza y esperanza. 

En este sentido, la Palabra de Dios de este domingo nos llama a poner el amor en el primer lugar de las ‘cosas que hay en la vida’. La 2ª lectura nos invitaba a reflexionar: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?” Y enumera algunas de esas otras ‘cosas de la vida’ que pueden afectarnos negativamente: “¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?”. Recordemos experiencias que hemos pasado o estamos pasando de tribulación, de angustia… situaciones en la que nos hemos sentido ‘hambrientos’, ‘desnudos’, en peligro… Ante estas ‘cosas de la vida’, san Pablo afirma rotundamente: “En todo esto vencemos de sobra gracias a Aquél que nos ha amado… Pues ni muerte, ni vida… ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor”. 

Jesucristo es el amor de Dios encarnado, que se hace cercano a nosotros. Como recordó el Papa Benedicto XVI en ‘Dios es amor’, «en Jesucristo, el propio Dios va tras la humanidad doliente y extraviada» (12). Así lo hemos visto en el Evangelio de hoy: “Jesús vio una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos”. Un amor que llega a su máxima expresión en la Cruz: “Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”. (Jn 3, 16) 

Y Jesús realiza el signo de la multiplicación de los panes y los peces como un anticipo de la Eucaristía porque, como también escribió Benedicto XVI en ‘Sacramentum caritatis’: «La Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo revelándonos el amor infinito de Dios. En este admirable Sacramento se manifiesta el amor ‘más grande’. En el Sacramento eucarístico, Jesús sigue amándonos ‘hasta el extremo’, hasta el don de su cuerpo y de su sangre». (1) La Eucaristía es la actualización hoy del amor entregado de Jesús: «el Señor se queda entre nosotros, compañero fiel de nuestro camino. La Eucaristía nos hace descubrir que Cristo muerto y resucitado se hace contemporáneo nuestro» (97) y así, al recibirla, podemos tener la certeza de que nada ni nadie “podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús”.



actuar




Con sinceridad, si tuviera que elegir una de las ‘tres cosas que hay en la vida’, ¿cuál sería? ¿Por qué? ¿Qué siento al escuchar que nada “podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús?”. 

La 1ª lectura decía: “Oíd, sedientos todos, acudid por agua, venid también los que no tenéis dinero… ¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta…?”. Demasiadas veces ponemos nuestra prioridad y esfuerzo en ‘cosas de la vida’ que no nos alimentan, y nos siguen dejando sedientos. 

Hoy el Señor nos invita a que busquemos y elijamos ante todo su amor. Y lo tenemos a nuestro alcance, porque «mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía, en la liturgia de la Iglesia, en su oración, en la comunidad viva de los creyentes, experimentamos el amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo, aprendemos también a reconocerla en nuestra vida cotidiana. Él nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el amor». (DCE 17) Y nada ni nadie podrá separarnos de Él.

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