miércoles, 17 de diciembre de 2025

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 18 DE DICIEMBRE DE 2025

   


Mt 1,18-24: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados. 

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:


- «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»


Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:


«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»


Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.


Reflexión


Contemplamos hoy la profecía de Isaías que Mateo nos remite para fundamentar el nacimiento virginal de Jesús. Se preocupa en todo su evangelio en demostrar que todo lo que estaba predicho se cumple en Jesús.


Luego está el tema del nombre en el que hay divergencias: mientras en la profecía sale el nombre de Emmanuel; en el evangelio es el nombre de Jesús.


Si bien, son dos nombres distintos, con significados distintos, pero cada uno menciona la misma realidad. En el texto de Isaías, Dios con nosotros, que así traducimos Emmanuel resalta la realidad de la cercanía de Dios ante tanta deportación y desgracias que le pasaban al pueblo.

Y luego en el evangelio, este Dios con nosotros, es el Salvador, por tanto, no un Dios menor, con menos categoría o con menos poder.


Ambos nombres alientan la esperanza de estos días finales del Adviento.


El día 18, la antífona identifica a Jesús que esperamos como el Dios eterno que libró a Israel de Egipto. “Oh Adonai, Pastor de la Casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la Zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ven a librarnos con el poder de tu brazo.”

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO IV DE ADVIENTO. CICLO A

                                               

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

20 y 21 de Diciembre de 2025

Domingo IV de Adviento. Ciclo A







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Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana
















“Con José, custodios de la luz que llega”


LECTURAS

 




Primera lectura del libro de Isaías 7, 10-14


En aquellos días, el Señor habló a Ajaz y le dijo:
«Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».

Respondió Ajaz:
«No lo pido, no quiero tentar al Señor».

Entonces dijo Isaías:
«Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel».



Salmo 23, 1b-2. 3-4ab. 5-6 R/. Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria


Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.

Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob. R/.


Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1, 1-7


Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para el Evangelio de Dios, que fue prometido por sus profetas en las Escrituras Santas y se refiere a su Hijo, nacido de la estirpe de David según la carne, constituido Hijo de Dios en poder según el Espíritu de santidad por la resurrección de entre los muertos: Jesucristo nuestro Señor.

Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre. Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados por Jesucristo.

A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados santos, gracia y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.


Evangelio según san Mateo 1, 18-24


La generación de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
«José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por medio del profeta:
«Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.



Los textos son cogidos de la página de 







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El verbo ‘obedecer’ deriva del latín y está compuesto del prefijo «ob» (hacia) y «audire» (oír). Su sentido original es ‘saber escuchar’, y más tarde fue derivando hacia ‘cumplir una orden’ o ‘hacer caso’. Normalmente se entiende como hacer caso a la fuerza, por imposición de una autoridad, pero esto es erróneo. El hecho de acatar una orden no significa que la persona que lo hace actúe por coacción: la decisión puede tomarse libremente, ya sea por respeto a quien nos lo pide, o porque, si se ha sabido escuchar y se ha analizado esa petición, le hemos encontrado sentido.


juzgar


En la 2ª lectura, san Pablo decía que “ha recibido la gracia del apostolado para suscitar la obediencia de la fe”. Demasiadas veces la vida de fe se ha entendido y se sigue entendiendo por muchas personas como una imposición de la autoridad eclesiástica, un conjunto de normas y preceptos que no se sabe muy bien por qué pero ‘hay que obedecerlas’ (todavía hay personas que siguen preguntando si en determinada fiesta ‘es obligación oír Misa’). Desde esta concepción de la vida de fe, no es de extrañar que en la mayoría de personas surja la ‘desobediencia’. 

Sin embargo, la obediencia de la fe es algo mucho más profundo, y este cuarto Domingo de Adviento nos invita a vivir esa obediencia desde su sentido original como ‘saber escuchar’, una obediencia que en todo momento respeta la libertad de la persona, y la Palabra de Dios que hemos escuchado nos ha ofrecido varios ejemplos de obediencia y desobediencia. 

En la 1ª lectura hemos escuchado que “el Señor habló a Ajaz y le dijo: «Pide un signo…»” Ajaz está en una situación política muy complicada y Dios le invita a confiar en Él. Pero Ajaz no quiere escuchar, prefiere quedarse en sus seguridades políticas y por eso responde negativamente, aunque disfrazando su respuesta de una falsa piedad: “No lo pido, no quiero tentar al Señor”. Ajaz decide libremente no obedecer la petición de Dios y seguir su propio criterio, pero no le servirá de nada, porque “el Señor, por su cuenta, os dará un signo…” El Plan de Dios acabará cumpliéndose. 

Y en el Evangelio hemos escuchado dos ejemplos de obediencia de la fe, no por obligación sino por saber escuchar. En primer lugar, María… esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. En el Evangelio según san Lucas (2, 26ss) se nos narra el momento de la Anunciación, y encontramos cómo María ‘obedece’, sabe escuchar el anuncio y lo reflexiona (“se preguntaba qué saludo era aquél… ¿Cómo será eso…?”) y después da libremente su respuesta: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. María podría haber dicho ‘no’, pero a diferencia de Ajaz, Ella acoge el Plan de Dios aunque no lo acabe de entender, y por eso su aceptación es una muestra de obediencia de la fe. 

Y también hemos contemplado a José. Él “era justo”, procuraba que toda su vida se ajustase a Dios y a la Ley, y por eso la situación de María le provoca un conflicto y “decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel” que le comunica que todo esto forma parte del Plan de Dios. Y José ‘obedece’, sabe escuchar el mensaje de Dios y “cuando se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor”. Igual que María, José acoge el Plan de  Dios aunque no lo acabe de entender, y por eso su aceptación es otra muestra de obediencia de la fe.


actuar




El Señor nos invita a celebrar la Navidad como lo que es: la actualización del nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre. Y ante esta invitación debemos responder libremente, no por obligación. 

Mirando a Ajaz, podemos preguntarnos si de verdad estamos dispuestos a acoger los ‘signos’ de la presencia de Dios, y a seguirlos, o preferimos ‘desobedecer’ como él y seguir con nuestros planes antes que abrirnos al Misterio del Dios hecho hombre y todo lo que esto significa para nuestra vida. 

Mirando a María y a José podemos preguntarnos si sabemos escuchar a Dios en su Palabra, en la oración, en la Eucaristía... sobre todo ante los imprevistos, contratiempos y dificultades que la vida nos presenta, y si estamos dispuestos a ‘obedecer’ por la fe, libremente, aunque no entendamos cómo se va a desarrollar el Plan de Dios y aunque eso suponga cambiar nuestros propios planes. 

Lo que es y significa la verdadera Navidad ocurrirá, lo acojamos o no. Ojalá vivamos la obediencia de la fe y sepamos escuchar el gran anuncio: “Hoy os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”.









DOCUMENTO FINAL

POR UNA IGLESIA SINODAL:

COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN







Parte V – “También yo los envío”

Formar un pueblo de discípulos misioneros


Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20,21-22)


140. En la tarde de Pascua, Cristo entrega a los discípulos el don mesiánico de su paz y los hace partícipes de su misión. Su paz es plenitud de ser, armonía con Dios, con los hermanos y las hermanas, y con la creación; la misión es anunciar el Reino de Dios, ofreciendo a toda persona, sin excluir a nadie, la misericordia y el amor del Padre. El gesto delicado que acompaña las palabras del Resucitado recuerda lo que Dios hizo al principio. Ahora, en el Cenáculo, con el soplo del Espíritu comienza la nueva creación: nace un pueblo de discípulos misioneros.


141. Para que el Pueblo santo de Dios pueda testimoniar a todos la alegría del Evangelio, creciendo en la práctica de la sinodalidad, necesita una formación adecuada: ante todo en la libertad de hijos e hijas de Dios en el seguimiento de Jesucristo, contemplado en la oración y reconocido en los pobres. La sinodalidad, en efecto, implica una profunda conciencia vocacional y misionera, fuente de un estilo renovado en las relaciones eclesiales, de nueva dinámicas participativas y de discernimiento eclesial, así como de una cultura de la evaluación, que no puede establecerse sin el acompañamiento de procesos formativos específicos. La formación en el estilo sinodal de la Iglesia promoverá la conciencia de que los dones recibidos en el Bautismo son talentos que hay que hacer fructificar para el bien de todos: no pueden ocultarse ni permanecer inoperantes.


142. La formación del discípulo misionero comienza con la iniciación cristiana y hunde sus raíces en ella. En la historia de cada uno está el encuentro con muchas personas y grupos o pequeñas comunidades que han contribuido a introducirnos en la relación con el Señor y en la comunión de la Iglesia: padres y familiares, padrinos y madrinas, catequistas y educadores, animadores de la liturgia y trabajadores en el campo de la caridad, diáconos, presbíteros y el mismo Obispo. A veces, una vez terminado el camino de la Iniciación, el vínculo con la comunidad se debilita y se descuida la formación. Sin embargo, ser discípulos misioneros del Señor no es una meta que se alcanza de una vez para siempre. Implica conversión continua, crecimiento en el amor “hasta alcanzar la medida de la plenitud de Cristo” (Ef 4,13) y apertura a los dones del Espíritu para un testimonio vivo y gozoso de la fe. Por eso es importante redescubrir como la celebración dominical de la Eucaristía forma a los cristianos: “la plenitud de nuestra formación es la conformación con Cristo [...]: no se trata de un proceso mental y abstracto, sino de llegar a ser Él” (DD 41). Para muchos fieles, la Eucaristía dominical es el único contacto con la Iglesia: cuidar su celebración de la mejor manera, con particular atención a la homilía y a la “participación activa” (SC 14) de todos, es decisivo para la sinodalidad. En la Misa, de hecho, acontece como una gracia concedida desde lo alto, antes de ser el resultado de nuestros propios esfuerzos: bajo la presidencia de uno y gracias al ministerio de algunos, todos pueden participar en la doble mesa de la Palabra y del Pan. El don de la comunión, de la misión y de la participación —las tres piedras angulares de la sinodalidad— se realiza y se renueva en cada Eucaristía.

lunes, 15 de diciembre de 2025

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 16 DICIEMBRE DE 2025

  


Mt 21,28-32: Vino Juan, y los pecadores le creyeron.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a ancianos del pueblo:

- «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." El le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor. " Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»

Contestaron:

- «El primero.»

Jesús les dijo:

- «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»


Reflexión


¿Qué nos parece?...El Señor nos invita a la conversión y a no posponerla. Es nuestra mayor inversión. Nosotros somos los que le hemos dado el SI al Señor al ser bautizados, al ir a misa, al confesarnos, al estar en un grupo de formación...pero muchas de nuestras actitudes hacia Dios y los hermanos son más de un NO que de un SI. 

Quizá nos hemos acomodado y no nos hemos dejado renovar por la perenne efusión del Espíritu Santo. Nos hemos acostumbrado a Dios, que siempre es novedad.

Sin embargo, hasta los publicanos y las prostitutas nos aventajan, porque están afianzados en la novedad del perdón de Dios.

Aprendamos de María y apoyémonos en ella, que es la mujer del SI. 

miércoles, 3 de diciembre de 2025

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL 4 DE DICIEMBRE DE 2025

 



Mt 7,21.24-27: El que hace la voluntad del Padre entrará en el reino de los cielos.


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».


Reflexión


Jesús, el que viene, viene precisamente a eso, a cumplir la voluntad del Padre. No viene a contentar a un bando o el otro, sino sólo a cumplirla y ello significa que Él está plenamente disponible al Padre.


Por eso no se derrumba su casa a pesar de encontrar oposición. Porque en el momento de la muerte, siguió siendo fiel y siguió encontrando la fuerza en el Padre. A Él le reza continuamente y en Él confía plenamente. 


¿Y nosotros confiamos plenamente, intentamos hacer la voluntad del Padre?

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO III DE ADVIENTO. CICLO A

                                              

                                           
            


HOJA PARROQUIAL

13 y 14 de Diciembre de 2025

Domingo III de Adviento. Ciclo A







ENLACE A TODOS LOS PORTALES DE LA PARROQUIA


Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana
















“¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”


LECTURAS

 



Primera lectura del libro de Isaías 35, 1-6a. 10


El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá, germinará y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo.

Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.

Contemplarán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios.

Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes; decid a los inquietos: «Sed fuertes, no temáis.

He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, la retribución de Dios.

Viene en persona y os salvará».

Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo.

Retornan los rescatados del Señor.

Llegarán a Sión con cantos de júbilo: alegría sin límite en sus rostros.

Los dominan el gozo y la alegría.

Quedan atrás la pena y la aflicción.


Salmo 145, 6c-7. 8-9a. 9bc-10 R/. Ven, Señor, a salvarnos


El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R/.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.


Segunda lectura de la carta del apóstol Santiago 5, 7-10


Hermanos: esperad con paciencia hasta la venida del Señor.

Mirad: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía.

Esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca.

Hermanos, no os quejéis los unos de los otros, para que no seáis condenados; mirad: el juez está ya a las puertas.

Hermanos, tomad como modelo de resistencia y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.


Evangelio según san Mateo 11, 2-11


En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle:
«¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».

Jesús les respondió:
«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:
«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta?

Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”.

En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».




Los textos son cogidos de la página de 







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A finales de octubre, ya empezaron a instalar en las calles la decoración navideña. Resultaba totalmente anacrónico, porque con una temperatura superior durante el día a los 25 grados, para nada había ‘ambiente navideño’. Lo mismo en bazares, grandes superficies y supermercados, en cuanto pasó la celebración de Todos los Santos se pusieron a la venta los adornos y dulces típicos de la Navidad. No sólo en lo referente a la Navidad, sino en muchos otros ámbitos, lo queremos todo ‘ya’, nos hemos vuelto muy impacientes, y hemos perdido el sentido de la espera, el gusto de vivir la anticipación, la preparación para disfrutar más lo esperado.


juzgar


El Papa Francisco, en la Bula de convocación del Jubileo ‘Peregrinos de esperanza’, nos invitaba a «desarrollar una virtud estrechamente relacionada con la esperanza: la paciencia. Estamos acostumbrados a quererlo todo y de inmediato, en un mundo donde la prisa se ha convertido en una constante. Ya no se tiene tiempo para encontrarse, y a menudo incluso en las familias se vuelve difícil reunirse y conversar con tranquilidad. La paciencia ha sido relegada por la prisa, ocasionando un daño grave a las personas. Asimismo, en la era del internet, donde el espacio y el tiempo son suplantados por el ‘aquí y ahora’, la paciencia resulta extraña». (4)


Este tercer domingo de Adviento, tiempo de preparación a la Navidad, tiempo de espera y esperanza, nos hace una llamada a la paciencia, como recomendaba san Pablo en la 2ª lectura: “Esperad con paciencia hasta la venida del Señor. Mirad: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía. Esperad con paciencia también vosotros… porque la venida del Señor está cerca”. Lo que es de verdad la Navidad, lo que nosotros esperamos, está cerca y llegará, no hace falta apresurarlo ni adelantarlo. El Adviento es la ocasión de sentirnos como ese labrador y aguardar con agradecimiento la llegada de ese ‘fruto precioso’ que es el Hijo de Dios hecho hombre, que se hace presente por nosotros y por nuestra salvación. Nos vemos envueltos en la prisa por adelantar la Navidad, por empezarla ‘ya’, aunque sólo en sus aspectos externos y menos importantes; por eso, nos corresponde a nosotros no dejarnos arrastrar por esa corriente.


Por eso, no sólo ‘aguardamos’ pasivamente, sino que nos preparamos. El Adviento es el tiempo para profundizar con paciencia en el contenido de nuestra esperanza.


Podemos refrescar en nosotros la promesa de Dios que hemos escuchado en la 1ª lectura: “El desierto y el yermo se regocijarán… se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán, saltará el cojo como un ciervo…” actualizando estas imágenes a nuestro ‘hoy’, a nuestra realidad personal, familiar, social… para ver en qué medida esa promesa de Dios influye o no en nuestra vida cotidiana. 


También, en nuestra oración, podemos hacer al Señor la pregunta de los discípulos de Juan: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”, pensando si de verdad estamos esperando a Jesús, o bien en estos días son otras personas, actividades o intereses lo que estamos esperando de verdad, lo que ocupa la mayor parte de nuestro pensamiento, atención y tiempo.


Y también podemos aplicarnos la respuesta que da el Señor: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!” De nuevo, traduzcamos estas imágenes a nuestra realidad: ¿Estoy ‘viendo y oyendo’ signos de la presencia de Dios entre nosotros, en mi vida, en la sociedad? ¿Sé descubrir la acción de Dios en medio de tantas situaciones difíciles propias o ajenas o ‘me escandalizo’ porque pienso que no está haciendo nada?


actuar




La 1ª lectura nos pedía: “Fortaleced las manos débiles, afianzad las rodillas vacilantes…” Y san Pablo también nos recomendaba: “Fortaleced vuestros corazones”. Aún queda tiempo de Adviento aprovechémoslo para ‘fortalecernos’, sin prisas, cuidando la oración, la participación en la Eucaristía, la formación…


Hagamos nuestra la llamada del Papa Francisco: «Redescubrir la paciencia hace mucho bien a uno mismo y a los demás. La paciencia, que también es fruto del Espíritu Santo, mantiene viva la esperanza y la consolida como virtud y estilo de vida. Por lo tanto, aprendamos a pedir con frecuencia la gracia de la paciencia, que es hija de la esperanza y al mismo tiempo la sostiene». (4) Ojalá que uno de los frutos del Jubileo sea éste: no seamos impacientes. “El Señor está cerca”, preparemos bien su venida como verdaderos ‘Peregrinos de esperanza’.









DOCUMENTO FINAL

POR UNA IGLESIA SINODAL:

COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN







137. Entre los frutos más significativos del Sínodo 2021-2024 está la intensidad del impulso ecuménico. La necesidad de encontrar “una forma de ejercicio del primado que [...] se abra a una situación nueva” (UUS 95) es un desafío fundamental tanto para una Iglesia sinodal misionera como para la unidad de los cristianos. El Sínodo acoge con satisfacción la reciente publicación del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos El Obispo de Roma. Primado y sinodalidad en los diálogos ecuménicos y en las respuestas a la encíclica Ut unum sint, que ofrece perspectivas para una ulterior profundización. El documento muestra que la promoción de la unidad de los cristianos es un aspecto esencial del ministerio del Obispo de Roma y que el camino ecuménico ha favorecido una comprensión más profunda del mismo. Las propuestas concretas que contiene sobre una relectura o un comentario oficial de las definiciones dogmáticas del Concilio Vaticano I sobre el primado, una distinción más clara entre las distintas responsabilidades del Papa, la promoción de la sinodalidad y la búsqueda de un modelo de unidad basado en una eclesiología de comunión, ofrecen perspectivas prometedoras para el camino ecuménico. La Asamblea sinodal espera que este documento sirva de base para ulteriores reflexiones con los otros cristianos, “por supuesto juntos”, sobre el ejercicio del ministerio de unidad del Obispo de Roma como “servicio de amor reconocido por unos y otros” (UUS 95).


138. La riqueza que representa la participación de Delegados fraternos de otras Iglesias y Comuniones cristianas en la Asamblea sinodal nos invita a prestar más atención a las prácticas sinodales de nuestros interlocutores ecuménicos, tanto de Oriente como de Occidente. El diálogo ecuménico es fundamental para desarrollar una comprensión de la sinodalidad y de la unidad de la Iglesia. Nos empuja a imaginar prácticas sinodales auténticamente ecuménicas, incluso hasta formas de consulta y discernimiento sobre cuestiones urgentes de interés común, como podría ser la celebración de un sínodo ecuménico sobre la evangelización. También nos invita a rendir cuentas recíprocamente de lo que somos, lo que hacemos y lo que enseñamos. En la raíz de esta posibilidad está el hecho de que estamos unidos en el único Bautismo, del que brota la identidad del Pueblo de Dios y el dinamismo de la comunión, la participación y la misión.


139. El 2025, Año del Jubileo, es también el aniversario del primer Concilio Ecuménico, en el que se formuló, de manera sinodal, el símbolo de la fe que une a todos los cristianos. La preparación y conmemoración conjunta del 1700 aniversario del Concilio de Nicea debería ser una ocasión para profundizar y confesar juntos la fe cristológica y poner en práctica formas de sinodalidad entre los cristianos de todas las tradiciones. Será también una ocasión para promover iniciativas audaces en favor de una fecha común de pascua, de modo que podamos celebrar la resurrección del Señor el mismo día, como providencialmente sucederá en 2025, y dar así mayor fuerza misionera al anuncio de Aquel que es la vida y la salvación del mundo entero.