sábado, 19 de abril de 2025

HOMILÍA DE LA VIGILIA PASCUAL. 2025

 Celebramos la noche, la noche tan esperada en el que el cielo se abre de nuevo. Se abrió para derramar al Justo y ahora se abre de nuevo para recibirlo. Pero el cielo no se cerrará más.

Esta es la noche en la que por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo, son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos. Esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. Esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los potentes.
Es tan grande la alegría que demuestra el pregón, que llega a afirmar: “necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo”

Comenzamos la noche con el fuego. En medio de la oscuridad se ha hecho la luz. Y ésta luz sólo viene del amor. El amor de Dios, que es el fundante de todos nuestros amores.
Es el amor que ilumina
Es el amor que calienta
Es el amor que envuelve
Es el amor que te da seguridad
Es el amor que te levanta
Es el amor que construye
Es el amor que…

Ya no habrá noche tan oscura que no nos permita caminar. Es como si siempre tuviéramos la luna a nuestros pies que nos permita avanzar.

Jesús es la Luz. Nosotros somos la Luz del mundo para los demás.

Miremos la Luz, dejémonos envolver por ella. Y seamos luz para los demás.

Para que no nos olvidemos, esa luz queda encendida y representada en este tiempo de Pascua en el cirio pascual. 

Posteriormente pasamos a las lecturas. La liturgia de la palabra en este caso es exuberante. Nos ofrecen poder leer 7 lecturas con sus salmos. Es que esta noche no es para tomarla con prisa. No tengamos prisa del Señor y de su amor. 
La lectura de la creación con su respectiva oración, que las enuncio porque nos puedan ayudar. Dice así: …que comprendan como la creación del mundo…no fue obra de mayor grandeza que el sacrificio de Cristo.
Luego la lectura del Éxodo, paso del Mar Rojo y dice así la oración: igual que vemos brillar tus antiguas maravillas…hoy aseguras la salvación de todas las naciones haciéndolas renacer por las aguas del bautismo.
Luego hemos leído una lectura profética de Isaías. Y la oración nos mete en la historia de la salvación en la cual los profetas anunciaron los misterios que celebramos y que necesitamos de la gracia para progresar en la virtud.
Terminamos este periplo por las lecturas con la carta a los Romanos y luego el evangelio.

Todo este cuadro debe ir esponjando nuestro corazón para el encuentro que hacemos con Jesús. 

Pero antes, la liturgia bautismal donde renovamos nuestro bautismo. Aquí reconocemos que esta es una labor de toda la vida, que podemos apartarnos de la luz. 
En definitiva, renunciamos al Príncipe de las Tinieblas, sus obras y sus seducciones como pueden ser:
el creeros los mejores;
el veros superiores;
el estar muy seguros de vosotros mismos;
el creer que ya estáis convertidos del todo;
el quedarnos en las cosas, medios, instituciones, métodos, reglamentos, y no ir a Dios? 

Y por último la Liturgia de la Eucaristía. Todo lo anterior nos prepara para el encuentro con Jesús. Todo lo que hemos celebrado se hace presente y patente a través de la Hostia Consagrada que luego llevaremos en procesión. Todo queda concentra do en ella, en su presencia permanente entre nosotros. Permítanme que repita algunas palabras del Jueves Santo: que descubramos que NO PODREMOS VIVIR SIN ÉL Y TODA MI VIDA ES BUSCARLO A ÉL. YA NADA ME CONTENTA, ME AGRADA, ME SATISFACE COMPARADO CON EL MOMENTO DE ESTAR CON JESÚS.

La Pascua es Él.

La vida es Él.

La esperanza es Él.

La verdad es Él.

El camino es Él.

La puerta es Él.

El amor es Él.

La presencia es Él.

Y como diría la plegaria eucarístía IV: "y porque no vivamos ya para nosotros mismos, sino para él, que por nosotros murió y resucitó."
Y ahora viene a nuestra vida la afirmación de los hombres de blanco: ¡Por qué buscamos entre los muertos al que vive!

Busquémoslo donde está:

Donde dos o más estén reunidos en su nombre
En la Eucaristia (misa y sagrario)
En los sacramentos (Reconciliación)
En los pobres.
EG 1 “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. 
¿Qué documento es éste?
EG 3 «Nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor»
Que así lo hagamos
Que así lo vivamos

HOJA PARROQUIAL. DOMINGO DE RESURRECCIÓN. CICLO C

                  

                                           
            

HOJA PARROQUIAL

20 de Abril de 2025

Domingo de Resurrección. Ciclo C


ENLACE A TODOS LOS PORTALES DE LA PARROQUIA


Parroquias de Ntra. Sra. de la Concepción,
de Ntra. Sra. del Carmen
y de San Joaquín y Santa Ana









ENLACE DEL DIBUJO DE FANO


“Él había de resucitar de entre los muertos”


LECTURAS


Primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43


En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

«Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.

Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».


Salmo 117, 1-2. 16-17. 22-23 R/. Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo


Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R/.

«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R/.


Segunda lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4


Hermanos:

Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.


Evangelio según san Juan 20, 1-9


El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: 
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.








Los textos son cogidos de la página de 







ver




El Viernes Santo decíamos que Jesús en la Cruz nos invita a permanecer ante las cruces y los crucificados, no sintiéndonos defraudados en nuestras esperanzas sino con paciencia, confiando en que Dios cumple en Jesucristo su promesa: la salvación para cada uno, para la Iglesia, para toda la humanidad. Ésa es la esperanza cristiana que brota de Jesús en la Cruz. Y hoy estamos celebrando que, como indica el título de la Bula de convocatoria del Jubileo 2025, esa esperanza no defrauda.




juzgar


Siguiendo el material de reflexión que la Diócesis de Valencia ha publicado sobre la Bula, y que hemos utilizado durante toda la Semana Santa, vemos en Jesús que la esperanza cristiana es inseparable de la Cruz pero la Cruz tampoco se puede separar de la Resurrección del Señor. Así lo hemos visto en el Evangelio: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado”. 

La esperanza en una vida que vence a la muerte es consecuencia de la fe en Dios. El ser humano tiene en sí mismo un deseo de inmortalidad y vida eterna que por sí mismo no puede satisfacer. El cumplimiento de ese anhelo sólo puede venir de Quien es la fuente de la vida, que nos hace capaces de vivir en Cristo superando el pecado, el miedo y la muerte. Su amor es para nosotros la garantía de que existe aquello que sólo llegamos a intuir vagamente y que, sin embargo, todos esperamos en lo más íntimo de nuestro ser, de un modo u otro: la vida que es «realmente» Vida. 

La Resurrección de Jesús es la esperanza que no defrauda porque es el cumplimiento de la promesa de salvación de Dios. Y la liturgia de la Vigilia Pascual desarrolla el mensaje de la Resurrección de Jesús como el cumplimiento de la esperanza de Israel, recogida en el Antiguo Testamento, y que en definitiva es la esperanza de toda la humanidad y de la creación entera. 

En la primera lectura se recuerda la creación primera: así como entonces Dios llamó a la existencia a lo que no era, del mismo modo al resucitar a Jesús llama a los muertos a la nueva vida. 

En la segunda lectura, se anuncia la resurrección como el cumplimiento de la historia de la salvación, que comenzó con la vocación de Abrahán. 

En la tercera lectura, la resurrección se presenta con la liberación de Israel, esclavizado en Egipto: el paso del Mar Rojo es prefiguración del paso de Jesús de la muerte a la vida. 

Las otras lecturas del Antiguo Testamento interpretan la Pascua como cumplimiento de la promesa profética que asegura la renovación del pueblo elegido de Israel mediante un nuevo corazón y un nuevo espíritu. 

Y las lecturas del Nuevo Testamento no sólo vuelven la mirada hacia atrás, sino que se proyectan sobre todo hacia adelante. En la Resurrección de Jesucristo se abre el futuro y se instaura definitivamente, para todos, la esperanza que no defrauda. Su Resurrección es la garantía de que al final la vida vencerá a la muerte, la verdad a la mentira, la justicia a la injusticia y el amor al odio e incluso a la muerte. Por eso, la Resurrección de Jesucristo es el punto de partida y el fundamento de nuestra esperanza. La esperanza cristiana no es una ilusión o una proyección de nuestros deseos, ni es una confianza simplista en un final feliz. El fundamento de nuestra esperanza es la Resurrección de Jesucristo, y nosotros esperamos participar de esa misma Resurrección. Esta esperanza no sólo afecta a nuestra alma; es también esperanza en una transformación de nuestro cuerpo y del cosmos entero. Por eso no defrauda porque nada, excepto el mal, queda excluido de esta esperanza.






actuar




Hoy, al celebrar y actualizar la Resurrección del Señor, acogemos la llamada de la Epístola de la Vigilia: “Andemos en una vida nueva”, y de la 2ª lectura del día: “Aspirad a los bienes de arriba”. Tanto en los momentos alegres como en los de cruz, seamos “Peregrinos de esperanza” porque, como dice el Papa en la Bula citando la Carta a los Romanos: «La esperanza cristiana no engaña ni defrauda, porque está fundada en la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos nunca del amor divino: “¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? En todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó. Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor”».









DOCUMENTO FINAL

POR UNA IGLESIA SINODAL:

COMUNIÓN, PARTICIPACIÓN Y MISIÓN


23. Por el Bautismo todos los cristianos participan del sensus fidei. Por tanto, además de ser el principio de la sinodalidad, es también el fundamento del ecumenismo. “El camino de la sinodalidad, que la Iglesia católica está siguiendo, es y debe ser ecuménico, así como el camino ecuménico es sinodal” (Papa Francisco, Discurso a Su Santidad Mar Awa III, 19 de noviembre de 2022). El ecumenismo es ante todo una cuestión de renovación espiritual. Exige procesos de arrepentimiento y de sanación de la memoria, de las heridas del pasado, hasta la valentía de la corrección fraterna en un espíritu de caridad evangélica. En la Asamblea resonaron testimonios esclarecedores de cristianos de distintas tradiciones eclesiales que comparten la amistad, la oración, la vida y el compromiso al servicio de los pobres, y el cuidado de la casa común. En no pocas regiones del mundo existe, sobre todo, el ecumenismo de la sangre: cristianos de distintas tradiciones que juntos dan su vida por la fe en Jesucristo. El testimonio de su martirio es más elocuente que cualquier palabra: la unidad viene de la Cruz del Señor.


24. No es posible comprender plenamente el Bautismo sino dentro de la Iniciación cristiana, es decir, el itinerario a través del cual el Señor, por el ministerio de la Iglesia y el don del Espíritu, nos introduce en la fe pascual y en la comunión trinitaria y eclesial. Este itinerario conoce una importante variedad de formas, según la edad en la que se emprende, los diferentes acentos propios de las tradiciones orientales y occidentales, y las especificidades de cada Iglesia local. La iniciación nos pone en contacto con una gran variedad de vocaciones y ministerios eclesiales. En ellos se expresa el rostro misericordioso de una Iglesia que enseña a sus hijos a caminar, caminando con ellos. Los escucha y, al mismo tiempo que responde a sus dudas e interrogantes, se enriquece con la novedad que cada uno aporta, con su historia y su cultura. En la práctica de esta acción pastoral, la comunidad cristiana experimenta, a menudo sin ser plenamente consciente de ello, la primera forma de sinodalidad.


25. Dentro del itinerario de la iniciación cristiana, el sacramento de la Confirmación enriquece la vida de los creyentes con una particular efusión del Espíritu con miras al testimonio. El Espíritu que llenó a Jesús (cf. Lc 4,1), que lo ungió y lo envió a anunciar el Evangelio (cf. Lc 4,18), es el mismo Espíritu que se derrama sobre los creyentes como sello de pertenencia a Dios y como unción que santifica. Por eso la Confirmación, que hace presente la gracia de Pentecostés en la vida del bautizado y de la comunidad, es un don de gran valor para renovar el prodigio de una Iglesia movida por el fuego de la misión, que tiene el valor de salir a los caminos del mundo y la capacidad de hacerse comprender por todos los pueblos y culturas. Todos los creyentes están llamados a contribuir a este impulso, acogiendo los carismas que el Espíritu distribuye abundantemente a cada uno y comprometiéndose a ponerlos al servicio del Reino con humildad e ingenio creativo.


26. La celebración de la Eucaristía, especialmente el domingo, es la primera y fundamental forma en la que el Pueblo santo de Dios se encuentra y reúne. Por medio de la celebración eucarística, “se significa y se realiza la unidad de la Iglesia” (UR 2). En la “participación plena, consciente y activa” (SC 14) de todos los fieles, en la presencia de los diversos ministerios y en la presidencia del Obispo o Presbítero, se hace visible la comunidad cristiana, en la que se realiza una corresponsabilidad diferenciada de todos para la misión. Por eso la Iglesia, Cuerpo de Cristo, aprende de la Eucaristía a articular unidad y pluralidad: unidad de la Iglesia y multiplicidad de asambleas eucarísticas; unidad del misterio sacramental y variedad de tradiciones litúrgicas; unidad de la celebración y diversidad de vocaciones, carismas y ministerios. Nada muestra mejor que la Eucaristía que la armonía creada por el Espíritu no es uniformidad y que todo don eclesial está destinado a la edificación común. Cada celebración de la Eucaristía es también expresión del deseo y de la llamada a la unidad de todos los bautizados, que todavía no es plena y visible. Donde no es posible la celebración dominical de la Eucaristía, la comunidad, deseándola, se reúne en torno a la celebración de la Palabra, donde Cristo sigue estando presente.

jueves, 17 de abril de 2025

HOMILÍA DEL VIERNES SANTO 2025

 La tarde se ha vuelto gris, desapacible, aquí y también aquel año en Palestina. A la hora de nona muere Jesús, muere nuestro Señor.

No hay motivos para la esperanza. Y eso que la habíamos puesto toda. Ya no podemos caminar juntos en esperanza. “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”. 
No hay motivos para vivir.
No hay motivos para amar.
No hay motivos para hacer bien.
Ha muerto nuestro Señor.
Las lecturas nos ponen en situación:
1ª lectura: el cántico del siervo, isaías 52. desfigurado no parecía hombre, 
ni tenía aspecto humano […] Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado de los hombres, 
como un hombre de dolores, 
acostumbrado a sufrimientos,
O en el Salmo: Soy la burla de todos mis enemigos, 
la irrisión de mis vecinos, 
el espanto de mis conocidos: 
me ven por la calle y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto, 
me han desechado como a un cacharro inútil.
En el evangelio la muerte de Jesús.
Tenemos ante nosotros un panorama desolador. Todo nos habla de destrucción y de muerte. 
Y sin embargo, cuando todo parece terminar, cuando casi queremos tirar la toalla, nos iluminan las lecturas. Me ceñiré al poema del Siervo de la primera lectura. La tarde negra se tiñe de verde esperanza. 
El cuarto poema habla del sufrimiento del Siervo, pero no es un cántico triunfal: el dolor ha servido, ha transformado a los hombres, que ahora comprenden.
Por eso el poema comienza con un grito de triunfo: «Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho.» El futuro no es nunca incertidumbre, sino fundamentalmente promesa, y puesto que quien promete es Dios, promesa firme y que no fallará.
Posteriormente su sujeto cambia: de un singular a un plural. 
Ese plural se ha vuelto del todo concreto: somos los que rodeamos al Siervo, que reconocemos no sólo que él ha adquirido la sabiduría en el sufrimiento, sino que en él la hemos adquirido todos. Su "éxito" es el éxito de todos, su "prosperidad", la prosperidad de todos. Somos seres humanos nuevos, en el sufrimiento de este Siervo. El valor salvador del sufrimiento, y eso sólo lo puede saber sufriendo. 
Y puesto que él mismo ofreció la espalda a los que lo golpeaban, la mejilla a los que tiraban de su barba, entonces el Señor puede asegurar que el Siervo consigue su objetivo: realizar en él la revelación del sufrimiento, el sentido total del sufrimiento.
El poema no nos presenta una teoría del sufrimiento vicario y redentor: más bien pone a hablar al Salvador y a los salvados, nos pone en diálogo con Dios, y ese diálogo, ese poder hablar con Dios ("como un amigo con su amigo") es ya la salvación.
Y también el evangelio nos llena de esperanza. “Está cumplido” de manera que alude a que su vida se realiza según un plan. La aparente impotencia de Dios es al contrario, una maravillosa estrategia del cielo para redimirnos. Todo estaba preparado. Todo pasó según el plan. Dios sigue llevando el control.
Por ello, la esperanza no decae, no ha sido destruida, la esperanza no defrauda. Jesús ha cumplido todo lo que el Padre ha dispuesto. Por ello, podemos SEGUIR CAMINANDO JUNTOS EN ESPERANZA.

HOMILÍA DEL JUEVES SANTO 2025

 Nos reunimos esta tarde para la Cena Pascual con Jesús. Llevamos un tiempo caminando juntos en la Cuaresma y a lo largo de todo el año, a través de las Eucaristía de los domingos y las actividades que proponemos en la Parroquia. Este caminar desemboca en la celebración de hoy. En este celebración donde se instaura la Eucaristía, es donde renovamos nuestras fuerzas, nuestras entregas, nuestros sinsabores y donde el Señor nos guía de nuevo hacia su voluntad. 

Todos los años me vienen a mi mente estas palabras de Jesús “Ardientemente he deseado celebrar esta Pascua con ustedes”, con nosotros.

El ambiente está cargado de alegría y dramatismo.
En primer lugar, situemos la escena. Celebramos una fiesta. La fiesta más importante de los judíos. Quizá nunca hemos destacado este aspecto, sólo la dramaticidad. Según San Juan, Jesús celebró 3 Pascuas. Pero ésta era especial. No volverá a beber del fruto de la vid hasta el reino del Padre.

Pero nuestro Dios es un Dios de la alegría. La Cena Pascual anticipa la Misa. Es por ello, que la misa es una fiesta, es celebrar la vida, celebrar la Resurrección, celebrar que Dios está con nosotros. Ellos celebran la liberación de Israel. Es que si nos ponemos a mirar, por lo general, los motivos de celebración que tenemos nosotros son motivados por nuestra fe en Dios.

En medio de las varias copas que se van ofreciendo y se van bebiendo transcurre la última noche de Jesús. Primero lava los pies a los discípulos. Luego pronuncia las palabras de la consagración. 

Lava los pies. Un gesto todavía no entendido del todo. Sabemos que es un signo de servicio y servidumbre. 

Pero lo que hizo Jesús no fue un ritual litúrgico. Si Pedro no estaba dispuesto a aceptar el lavatorio, es que se dio cuenta de que aquello era algo muy serio y con lo que él no estaba de acuerdo. Porque lavar los pies era trabajo de esclavos. Por eso, ¿cómo se podía tolerar que el Maestro y Señor se convirtiera en “esclavo”? Eso equivalía a trastornar todo el orden establecido, el sistema económico, la organización de la sociedad.

Dice san Pablo que Dios, en Jesús, “se vació de sí mismo”, lo que significa que cambió la “condición divina” por la “condición de esclavo”

Jesús se hizo esclavo de todos, sobre todo de aquellos que no son servidos por nadie, sino que tienen que ser servidores de todo el mundo.

Que este mundo tiene arreglo en la medida en que hay gente que se niega a hacer de “señor” de los demás; y acepta ir por la vida como “esclavo” de todos.

No propone algo más, que resulta asombroso: en el mandamiento “nuevo”, desaparece y ni se menciona a Dios. Solo queda el “ser humano”. El que ama “lo humano”, por eso mismo y por eso solo, ama “lo divino”. Es lo que se nos dirá en el “juicio ateo” (Karl Rahner), que describe (Mt 25, 31-46): “Lo que hicisteis con uno de estos, a mí me lo hicisteis”. Dios se ha humanizado en Jesús. Amando lo humano, es a Dios a quien amamos. El cristianismo es el más radical humanismo.

Lo que propone Jesús es que libremente elijamos en la vida, siempre y con todos, vivir al servicio de los otros. Nunca para dominar a nadie, para imponernos a nadie, para ser más importantes que los demás. Quien va como esclavo por la vida, contagia felicidad, bienestar, esperanza. Así –dijo Jesús– trascendemos las limitaciones de este mundo. Porque “lo inhumano” se transfigura en “lo humano”. Eso es lo que hizo Dios al “encarnarse” en Jesús.

Dar es una forma de celebrar. Y darse uno mismo es quizás –y ya que hablamos de la Última Cena– la forma más generosa de hacerlo.

Lo que da miedo pensar es que esto, que no le cabía a Pedro en su cabeza, no nos cabe tampoco a nosotros en la nuestra.

Por ello, tenemos que vivir una vida eucarística, es decir, que la vivencia de la Eucaristía irradie mi vida. VIVIR LA EUCARISTÍA ES MUCHO MÁS que un respeto a la liturgia, a la letra, la devoción, la unción. Es vivir la entrega en el mundo.

Me da mucha pena que muchas veces se entienda la Eucaristía sólo como la celebración en el templo, y esto va más allá. Y las personas que lo viven con más unción, muchas veces en sus rigideces tratan mal al otro, aunque sea en la misma Eucaristía: SE OLVIDARON QUE EL OTRO ES PRESENCIA VIVA DE DIOS.

Vivir una vida eucarística pasa necesariamente por llevar una intensa vida de oración en la que busquemos siempre la voluntad de Dios. PORQUE JESÚS ORÓ CONTINUAMENTE

Vivir una vida eucarística es vivir con unción la Eucaristía, memorial del Señor y encuentro con Jesús. No me contento con la misa del fin de semana, sino que lo busco y la vivo a diario. PORQUE NO PODREMOS VIVIR SIN ÉL Y TODA MI VIDA ES BUSCARLO A ÉL. YA NADA ME CONTENTA, ME AGRADA, ME SATISFACE COMPARADO CON EL MOMENTO DE ESTAR CON JESÚS.

Vivir una vida eucarística es vivir la vida con agradecimiento porque el Señor se derrama continuamente con nosotros. PORQUE LA EUCARISTÍA ES ACCIÓN DE GRACIAS A DIOS. 

Vivir una vida eucarística es vivir mi ser en el mundo como una entrega generosa a Dios y a los hermanos al servicio del Reino de Dios, PORQUE LA EUCARISTÍA ES LA ENTREGA DE JESÚS POR NOSOTROS Y POR EL MUNDO.

Vivir una vida eucarística es participar de la vida del pueblo, como uno más, compartiendo la vida con los hermanos. PORQUE JESÚS ESTUVO 30 AÑOS PASANDO DESAPERCIBIDO, APRENDIENDO DE LA GENTE, COMPARTIENDO LA VIDA CON ELLOS, VIVIENDO LA VIDA ESTANDO EN ELLA.

Vivir una vida eucarística es caminar juntos, trabajar juntos, pensar juntos, no buscando protagonismos, porque en la Eucaristía celebramos juntos PORQUE SOMOS EL CUERPO DE CRISTO.

Vivir una vida eucarística es respetar al otro en su vida, sus acciones, sus pensamientos, PORQUE ES HIJO DE DIOS Y PORTA TAMBIÉN A JESÚS.

El Papa y el Señor nos lleva lanzando misivas durante ya bastante tiempo, no sólo porque seamos menos, sino porque nos vamos desviando de nuestro ser Iglesia: convocación, asamblea.
Hagamos de nuestras comunidades, unas comunidades vivas, donde todos se respeten, se amen, trabajemos juntos pensando únicamente en el Reino de Dios y su justicia y no nuestro provecho. 

HOMILÍA DEL DOMINGO DE RAMOS 2025

 Comenzamos la Semana Santa con esta celebración, que decimos muchas veces que es el pórtico. Hemos caminado y acompañado a Jesús y le hemos aclamado con nuestros ramos y olivos. Igual que hicieron los discípulos que vimos en el evangelio.

La Cuaresma evoca el largo viaje del pueblo de Israel hacia la tierra prometida, narrado en el libro del Éxodo; el difícil camino desde la esclavitud a la libertad, querido y guiado por el Señor, que ama a su pueblo y siempre le permanece fiel. 
Utilizaré para este día y el Triduo Pascual el título del mensaje del Papa de la Cuaresma que es “Caminemos juntos en la esperanza”
La vida es un camino, un proceso, la vida cristiana también.
¿Estoy realmente en camino o un poco paralizado, estático, con miedo y falta de esperanza; o satisfecho en mi zona de confort?
Un autor relataba las personas que iban a un parque de su ciudad a caminar:
  1. Las hippies. Visten pantalones Bali, musculosas muy escotadas y ojotas, algo incómodas para caminar. Probablemente terminan llenas de ampollas. CRISTIANOS SINCRETISTAS. COGEN LO QUE MÁS APETECIBLE DE AQUÍ Y ALLÁ.
  2. Están los excedidos de peso:  caminan rápido y frunciendo el seño. Se nota que sufren con la actividad física, pero saben que si no lo hacen, no van a bajar esos kilos acumulados en tantos años. SON LOS MUNDANIZADOS. ESTÁN MUY APEGADOS AL EGO. SI NO SE LIBERAN NO RESISTEN LA CAMINATA.
  3. Están los que van apurados con el celular en la mano. Esos… me ponen un poco nerviosa porque caminan rápido, casi al trote, tratando de terminar lo antes posible con “ese trámite”. CRISTIANOS DE NOMBRE. VIENEN A MISA PERO NO LES PIDAS MÁS. DIOS ES UNA IDEA PARA ELLOS. ESTÁN MUY OCUPADOS.
  4. Los muy cool. Ah! esos van con sus conjuntos llamativos de marcas carísimas. Llevan auriculares ochentosos ( último grito de la  moda). Caminan como si lo hicieran por una pasarela.  Me da la impresión que esperan que los aplauda, pero nunca les di el gusto. CRISTIANOS DE POSTUREO, BUSCANDO EL APLAUSO Y LA APROBACIÓN. PERO DENTRO NO HAY NADA. ESTÁN VACÍOS.
  5. Las señoras coquetas van en grupo, lucen siempre un conjunto deportivo nuevo y a la moda. Van cotorreando todo el camino, el tiempo se les pasa volando,  Al final ni se enteran del resultado de la actividad física, pero “se enteran de otras cosas”. CRISTIANOS DE MEDALLAS, TÍTULOS, ACONTECIMIENTOS, CELEBRACIONES, PROCESIONES. 
  6. Las señoras mayores un poco achacadas caminan cargando sus dolores de artrosis que lo expresan con las muecas repentinas al dar un mal paso. CRISTIANOS DESGASTADOS, AMARGADOS. SIN ESPERANZA, SIN HORIZONTE. DE COSTUMBRES. VIVIENDO DE LAS RENTAS Y GESTAS PASADAS "yo hice" "Gracias a mi". PERO SE OLVIDARON DE DIOS POR EL CAMINO. 
  7. Por último están los deportistas, que caminan con estilo y llevan  atuendo acorde a su porte. Ellos son “los dueños de la caminata”. Caminan conscientemente calculando la energía que gastan en cada vuelta.  Saben lo que hacen, se les nota en el semblante. CRISTIANOS AUTÉNTICOS. INTENTAN SEGUIR A JESÚS E INTENTAN PONERLO TODO EN ÉL. ENCUENTRAN RAZONES Y MOTIVOS PARA SEGUIRLE Y LLAMADAS DE ÉL EN CADA MOMENTO DE SUS VIDAS. SUS VIDAS NO SON EXTRAORDINARIAS SINO ORDINARIAS TEÑIDAS POR EL AMOR DE DIOS.
 Los cristianos estamos llamados a hacer camino juntos, nunca como viajeros solitarios 
Caminar juntos significa ser artesanos de unidad, partiendo de la dignidad común de hijos de Dios (cf. Ga 3,26-28); significa caminar codo a codo, sin pisotear o dominar al otro, sin albergar envidia o hipocresía, sin dejar que nadie se quede atrás o se sienta excluido. Vamos en la misma dirección, hacia la misma meta, escuchándonos los unos a los otros con amor y paciencia.
Dios nos pide que comprobemos si en nuestra vida, en nuestras familias, en los lugares donde trabajamos, en las comunidades parroquiales o religiosas, somos capaces de caminar con los demás, de escuchar, de vencer la tentación de encerrarnos en nuestra autorreferencialidad, ocupándonos solamente de nuestras necesidades.
Encíclica Spe salvi, «el ser humano necesita un amor incondicionado. Necesita esa certeza que le hace decir: “Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna podrá apartarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” ( Rm 8,38-39